Qué se come (y qué evita) la dieta MIND que cuida la memoria y la toma de decisiones

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Actualizado: miércoles, 18 marzo 2026 9:00

    MADRID, 18 Mar. (EUROPA PRESS) -

La dieta MIND está ganando terreno entre los neurólogos y cardiólogos como una forma sencilla de proteger el cerebro a medida que cumplimos años. Inspirada en la mediterránea, pero afinada para el sistema nervioso, pide poner freno a los dulces, la comida rápida frita, la carne roja y ciertos ultraprocesados que se han relacionado con más atrofia cerebral y peor salud vascular.

VERDURAS, BAYAS Y ACEITE DE OLIVA: LOS ALIADOS DE UN CEREBRO QUE ENVEJECE

   Una investigación de la Escuela de Salud Pública TH Chan de Harvard (Estados Unidos) publicada en línea en la revista 'Journal of Neurology Neurosurgery & Psychiatry' revela que la combinación de la dieta mediterránea y la dieta para reducir la presión arterial (conocida como MIND, por sus siglas en inglés) podría ralentizar los cambios estructurales relacionados con el envejecimiento cerebral.

    Esta dieta se asocia con una menor pérdida de tejido con el tiempo, especialmente de materia gris, el centro de procesamiento de información del cerebro, que desempeña un papel clave en la memoria, el aprendizaje y la toma de decisiones, y con una menor dilatación ventricular, que refleja la atrofia cerebral, donde la pérdida de tejido va acompañada del agrandamiento de los espacios llenos de líquido cefalorraquídeo.

   La dieta para retrasar la neurodegeneración, o MIND por sus siglas en inglés, se ha relacionado previamente con una mejor salud cognitiva. La dieta recomienda el consumo regular de determinados grupos de alimentos: verduras de hoja verde; otras verduras; bayas; frutos secos; cereales integrales; pescado; legumbres; aceite de oliva; y aves de corral, además de un consumo moderado de vino. Asimismo, recomienda limitar el consumo de mantequilla/margarina, queso, carne roja, pasteles/dulces y comida rápida frita.

   Sin embargo, no está claro qué efecto puede tener esta dieta sobre los cambios estructurales del cerebro relacionados con la edad, que están asociados con enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y el Parkinson, explican los investigadores.

MENOS PÉRDIDA DE MATERIA GRIS Y MENOS ATROFIA

   Para profundizar en este tema, los investigadores se centraron en 1.647 adultos de mediana edad y mayores (con una edad promedio de 60 años al inicio del estudio) de la cohorte de descendientes del Estudio del Corazón de Framingham (FOS). Todos ellos se sometieron a revisiones médicas periódicas cada 4 a 8 años, con evaluaciones mediante resonancia magnética cerebral cada 2 a 6 años a partir de 1999.

   También completaron al menos un cuestionario de frecuencia de consumo de alimentos (FFQ) en sus revisiones médicas entre 1991-1995, 1995-1998 y/o 1998-2001 para evaluar la ingesta dietética. Además, se sometieron a al menos dos resonancias magnéticas cerebrales entre 1999 y 2019, sin evidencia de accidente cerebrovascular o demencia al momento de la primera resonancia magnética.

   Su puntuación media en la dieta MIND fue ligeramente inferior a 7 sobre un máximo de 15, donde 15 indica el nivel más alto de adherencia. Quienes se encontraban en el tercio superior de adherencia tenían más probabilidades de ser mujeres y tener estudios universitarios, y menos probabilidades de ser fumadores o padecer obesidad. Además, un menor número de ellos presentaba problemas de salud que pudieran afectar a la salud cerebral, como diabetes tipo 2, hipertensión arterial y enfermedades cardiovasculares.

    Durante un período de seguimiento promedio de 12 años, en las resonancias magnéticas de todos los participantes se observaron reducciones en el volumen total del cerebro, la materia gris, la materia blanca y el hipocampo, junto con un aumento del líquido cefalorraquídeo, los volúmenes ventriculares e hiperintensidades de la materia blanca (puntos brillantes indicativos de daño tisular).

   Sin embargo, puntuaciones más altas en la escala MIND sobre la dieta se asociaron con una menor disminución/pérdida de materia gris. Cada aumento de 3 puntos se asoció con una pérdida más lenta (0,279 cm*/año), lo que equivale a un 20% menos de deterioro relacionado con la edad y 2,5 años de retraso en el envejecimiento cerebral.

   De manera similar, cada aumento de 3 puntos en la puntuación de la dieta MIND se asoció con una expansión más lenta del volumen ventricular total de -0,071 cm/año, lo que equivale a un 8% menos de pérdida de tejido y 1 año de retraso en el envejecimiento cerebral.

   Los principales factores dietéticos que contribuyeron a las asociaciones beneficiosas observadas incluyeron las bayas, que se asociaron con aumentos más lentos en los volúmenes ventriculares, y las aves de corral, que también se asociaron con aumentos más lentos en los volúmenes ventriculares y una disminución más lenta de la materia gris.

    Por otro lado, un mayor consumo de dulces se asoció con una expansión ventricular más rápida y atrofia del hipocampo, mientras que los alimentos fritos de comida rápida también se vincularon con una mayor disminución del volumen del hipocampo.

    "Las fuentes de proteínas como las aves de corral pueden reducir el estrés oxidativo y mitigar el daño neuronal", sugieren los investigadores. "Por el contrario, los alimentos fritos y la comida rápida, a menudo ricos en grasas poco saludables, grasas trans y productos finales de glicación avanzada, pueden contribuir a la inflamación y al daño vascular", añaden.

   Inesperadamente, una mayor ingesta de cereales integrales se asoció con cambios estructurales desfavorables, incluyendo una disminución más rápida de la materia gris y del volumen del hipocampo, y una expansión ventricular más rápida, mientras que una mayor ingesta de queso se asoció con reducciones más lentas de la materia gris y del volumen del hipocampo, menor agrandamiento ventricular y menos puntos brillantes.

   Las asociaciones encontradas fueron consistentes en una serie de análisis posteriores y más fuertes en los participantes de mayor edad, lo que sugiere que esta dieta puede ser más beneficiosa para aquellos con mayor riesgo de envejecimiento cerebral acelerado o que presentan una mayor variación en la tasa de atrofia cerebral, según los investigadores.

   También se observaron asociaciones más fuertes en aquellos que eran más activos físicamente y que no tenían sobrepeso ni obesidad, lo que sugiere que las estrategias combinadas de estilo de vida podrían ayudar a reducir el riesgo de enfermedades neurodegenerativas, añaden.

CÓMO RETRASAR LOS EFECTOS DE LA EDAD EN TU CEREBRO CON LO QUE COMES

   Este es un estudio observacional y, por lo tanto, no se pueden extraer conclusiones definitivas sobre causa y efecto. Los investigadores reconocen que los cuestionarios de frecuencia de consumo de alimentos están sujetos a sesgos de memoria. Además, no pudieron descartar un deterioro cognitivo leve en el momento de la primera resonancia magnética, cambios en los hábitos alimentarios a lo largo del tiempo ni factores de riesgo genéticos.

   Dado que los participantes eran predominantemente blancos, los hallazgos podrían no ser aplicables a otras etnias. No obstante, los investigadores concluyen: "Estos hallazgos refuerzan el potencial de la dieta MIND como un patrón alimentario saludable para el cerebro y respaldan su papel en las estrategias destinadas a ralentizar la neurodegeneración en las poblaciones que envejecen".

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