Publicado 14/06/2021 18:51CET

Los beneficios para la salud de las dietas bajas en proteínas y altas en carbohidratos dependen del tipo de carbohidrato

Archivo - Hombre comiendo, comer. Comida. Disfrutar.
Archivo - Hombre comiendo, comer. Comida. Disfrutar. - PIXELCATCHERS/ISTOCK - Archivo

MADRID, 14 Jun. (EUROPA PRESS) -

Investigadores del Centro Charles Perkins de la Universidad de Sídney (Australia) han realizado el mayor estudio jamás realizado sobre las interacciones de los nutrientes, examinando la salud de ratones con 33 dietas diferentes que contenían diversas combinaciones de proteínas y carbohidratos, y diferentes fuentes de carbohidratos.

En su trabajo, publicado en la revista 'Nature Metabolism', han descubierto que una dieta baja en proteínas (10% de la energía dietética) y alta en carbohidratos (70%) producía los resultados metabólicos más saludables o menos saludables de las 33 dietas, dependiendo del tipo de carbohidratos.

Cuando los carbohidratos estaban compuestos principalmente por almidón resistente, una forma de almidón que es resistente a la digestión y es fermentado por las bacterias del intestino, la dieta baja en proteínas era la más saludable de todas las dietas.

Cuando los carbohidratos eran una mezcla 50:50 de fructosa y glucosa, la misma composición que el jarabe de maíz de alta fructosa (el principal edulcorante utilizado en las industrias de alimentos y bebidas envasadas de Estados Unidos) la dieta baja en proteínas produjo los peores resultados.

"Aunque el estudio se llevó a cabo en ratones, los resultados parecen explicar la disparidad entre las dietas sanas, bajas en proteínas y altas en carbohidratos, y los crecientes niveles de obesidad y comorbilidades asociadas a las dietas modernas altamente procesadas, que también están diluidas en proteínas y tienen un alto contenido de carbohidratos refinados. Descubrimos que la composición molecular de un hidrato de carbono y su digestión determinan la respuesta conductual y fisiológica a niveles reducidos de proteínas en la dieta, influyen en el modo en que el hígado procesa los nutrientes y alteran las bacterias intestinales", explica el profesor Stephen Simpson, autor principal del trabajo.

El trabajo se basa en el innovador estudio de 2014 de este mismo equipo que demostró que las dietas bajas en proteínas y altas en hidratos de carbono en ratones daban lugar a la mayor longevidad y a la mejor salud cardiometabólica durante la mitad y el principio de la última etapa de la vida.

En el estudio de 2014, los investigadores utilizaron almidón de fácil digestión como principal fuente de carbohidratos, por lo que el siguiente paso lógico era examinar qué ocurre si se modifica la fuente de carbohidratos. El nuevo estudio confirma los hallazgos anteriores y los amplía para mostrar la importancia del tipo de carbohidrato en la dieta, ayudando a explicar por qué las poblaciones humanas más longevas del planeta, como los japoneses tradicionales de Okinawa, tienen una dieta baja en proteínas y alta en carbohidratos, pero cuando las proteínas se diluyen en el suministro de alimentos humanos por los carbohidratos refinados procesados, los resultados de salud no son tan favorables.

LAS DIETAS BAJAS EN PROTEÍNAS NO SON TODAS IGUALES

No todas las dietas bajas en proteínas son iguales. Una dieta baja en proteínas y alta en hidratos de carbono es un ajuste para obtener los máximos beneficios para la salud de los hidratos de carbono accesibles a las bacterias del colon (por ejemplo, el almidón resistente), pero también puede ser un medio para maximizar los efectos adversos de los hidratos de carbono altamente procesados.

"Descubrimos que la mezcla 50:50 de glucosa y fructosa creaba los niveles más altos de obesidad en los ratones, incluso cuando el consumo de calorías era comparable al de otros carbohidratos. Esto sugiere que una caloría no es una caloría cuando se trata de carbohidratos, o incluso de diferentes azúcares, y que el consumo de glucosa y fructosa en combinación promueve la obesidad y la mala salud metabólica", apuntan los científicos.

Los investigadores afirman que este hallazgo puede resultar sorprendente para muchos, ya que, si bien hay consenso en que el exceso de calorías procedentes del azúcar provoca aumento de peso y enfermedades metabólicas, existe un debate activo sobre qué forma de azúcar (sacarosa, jarabe de maíz de alta fructosa, glucosa, fructosa) es la más perjudicial.