Archivo - Imagen de recurso de una mujer con incontinencia urinaria. - THARAKORN/ISTOCK - Archivo
MADRID 9 Oct. (EUROPA PRESS) -
El responsable de la Unidad de Suelo Pélvico del Servicio de Ginecología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja, Carlos Calle, ha señalado que, aunque la incontinencia urinaria de esfuerzo es relativamente frecuente tras el embarazo, no debe asumirse como una consecuencia inevitable de la maternidad.
"El embarazo mantiene durante meses una presión adicional sobre el suelo pélvico y el parto incrementa la distensión de estos tejidos. Cuando después no recuperan suficientemente su función de soporte, los aumentos bruscos de presión que se producen al toser, saltar o correr pueden superar el mecanismo que mantiene cerrada la uretra y provocar una pérdida involuntaria de orina", ha explicado Calle.
Asimismo, el experto ha señalado que la incontinencia también puede aparecer tras una cesárea, porque el embarazo por sí mismo provoca cambios hormonales y una sobrecarga prolongada del suelo pélvico. No obstante, el parto vaginal, especialmente si es instrumental, prolongado o se asocia a lesiones perineales, incrementa el riesgo.
También influyen otros factores, como el número de embarazos y partos, la edad materna, el índice de masa corporal y la situación previa del suelo pélvico, por lo que la recuperación varía de una mujer a otra.
Tampoco todas las pérdidas de orina tienen el mismo origen. Cuando se producen ante un esfuerzo físico se habla de incontinencia de esfuerzo, mientras que una necesidad repentina y difícil de controlar de acudir al baño puede estar relacionada con un síndrome de vejiga hiperactiva con incontinencia de urgencia. "Diferenciar ambas situaciones resulta importante porque su valoración y abordaje son distintos", añade el especialista.
ENTRENAMIENTO DEL SUELO PÉLVICO
Ante esta situación, los expertos de Sanitas recomiendan consultar a un médico si las pérdidas persisten, empeoran o afectan al bienestar. Asimismo, sostienen que puede tener beneficios seguir un programa individualizado y supervisado de entrenamiento del suelo pélvico.
Después del parto, aconsejan recuperar progresivamente la actividad física con ejercicio adaptado cuando la situación clínica lo permita. También recomiendan evitar que las protecciones sustituyan a la valoración profesional. En este punto, indican que los productos absorbentes resultan útiles para manejar situaciones puntuales, pero cuando el problema persiste es recomendable estudiar su causa y valorar las opciones disponibles para tratarlo.
Al hilo, han apuntado que la salud del suelo pélvico sigue siendo relevante mucho después de la etapa posparto. Con el envejecimiento se producen cambios en la musculatura y en la elasticidad de los tejidos, mientras que las modificaciones hormonales asociadas a la menopausia también pueden influir en la continencia. Por este motivo, los expertos subrayan que la aparición de pérdidas en mujeres mayores merece una valoración específica y no debería atribuirse únicamente a la edad.
"En las mujeres mayores, la incontinencia puede terminar modificando actividades tan habituales como salir de casa, hacer ejercicio o participar en determinados planes. Detectarla y abordarla ayuda a preservar la autonomía y evita que el temor a una pérdida vaya reduciendo progresivamente la vida cotidiana de la persona", señala por su parte Miriam Piqueras, directora Médica de Sanitas Mayores.
PUEDE CONDICIONAR LA SEGURIDAD
Cuando los síntomas persisten, el abordaje comienza habitualmente con medidas conservadoras adaptadas al tipo de incontinencia y a las circunstancias de cada mujer. En la incontinencia de esfuerzo, el tratamiento de primera línea es un programa supervisado de entrenamiento de la musculatura del suelo pélvico de al menos tres meses; en la incontinencia mixta puede combinarse con entrenamiento vesical si predomina la urgencia. Si no se obtiene una mejoría suficiente, el especialista valorará otras opciones tras confirmar el diagnóstico y las preferencias de la paciente.
Según los expertos, el impacto, además, no se limita al ámbito físico. La preocupación ante la posibilidad de sufrir una pérdida puede generar inseguridad y hacer que determinadas situaciones se vivan con una vigilancia constante.
"Cuando una mujer empieza a anticipar continuamente que puede tener un escape, pierde parte de la espontaneidad con la que afrontaba su día a día. Esa preocupación sostenida puede afectar a su seguridad personal y hacer que termine evitando situaciones que antes formaban parte de su rutina. Abordar el problema contribuye también a recuperar tranquilidad y confianza", concluye Diana Camín, psicóloga de Blua de Sanitas.