El ejercicio físico supervisado frena el estrés oxidativo en personas mayores hospitalizadas, según un estudio

La catedrática de Fisiología de la Universitat de València Consuelo Borrás.
La catedrática de Fisiología de la Universitat de València Consuelo Borrás. - UV
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Publicado: jueves, 5 marzo 2026 12:36

VALÈNCIA 5 Mar. (EUROPA PRESS) -

El estrés oxidativo --un proceso relacionado con el envejecimiento y con numerosas enfermedades crónicas-- puede mitigarse mediante programas de ejercicio físico supervisado en personas mayores hospitalizadas.

Así lo indica el análisis secundario de un ensayo clínico aleatorizado que ha evaluado los efectos de una intervención de ejercicio multicomponente utilizando el malondialdehído (MDA), un biomarcador de daño oxidativo.

En este trabajo, con participación de universidades, hospitales y centros de investigación españoles, ha intervenido la catedrática de Fisiología de la Universitat de València Consuelo Borrás.

El estrés oxidativo se produce cuando existe un desequilibrio entre las especies reactivas de oxígeno y nitrógeno y los sistemas antioxidantes del organismo. Este fenómeno está implicado en múltiples patologías asociadas al envejecimiento y puede contribuir al deterioro funcional que con frecuencia se observa durante las hospitalizaciones en personas mayores.

El equipo investigador analizó datos de un ensayo clínico en el que se evaluaba un programa de ejercicio físico adaptado a la capacidad funcional inicial de los pacientes. El objetivo era comprender mejor los mecanismos biológicos que podrían explicar los beneficios funcionales previamente observados con este tipo de intervenciones.

Según explica Borrás en un comunicado, "el programa de ejercicio supervisado produjo mejoras en varios planos funcionales: por un lado, los pacientes del grupo de ejercicio mejoraron su capacidad física global, medida mediante la batería SPPB, una prueba estandarizada que evalúa el equilibrio, la velocidad al caminar y la capacidad de levantarse de una silla; por otro lado, se observaron ganancias de fuerza muscular en los principales grupos musculares trabajados (piernas, rodillas y parte superior del cuerpo)".

"Esto demuestra que incluso un programa de pocos días puede producir mejoras musculares medibles en pacientes muy mayores hospitalizados", apunta.

Y añade: "A nivel subjetivo, los pacientes del grupo de ejercicio también señalaron una mejora en su estado de salud percibido, lo que aporta una dimensión personal y cualitativa a los beneficios observados".

Por otra parte, destaca en la obtención de resultados que los beneficios no fueron uniformes: "En mujeres, las mejoras se concentraron en la fuerza de las piernas y en el bienestar percibido, mientras que los hombres ganaron fuerza en la parte superior del cuerpo.

Además, el nivel de estrés oxidativo con el que cada paciente llegaba al estudio condicionó cuánto podía beneficiarse del ejercicio: quienes partían de un estado celular más saludable respondieron mejor funcionalmente, lo que refuerza la idea de que el perfil biológico de cada persona importa a la hora de diseñar estas intervenciones", subraya la catedrática de Fisiología.

El estudio incluyó a 72 pacientes hospitalizados con una edad media de 87 años, de los que el 54 % eran mujeres. Los participantes fueron asignados de forma aleatoria a uno de dos grupos: uno de ejercicio, que realizó durante tres días un programa supervisado y adaptado a su nivel funcional; y un grupo control, que recibió la atención hospitalaria habitual.

Los investigadores analizaron muestras de sangre para medir niveles de malondialdehído (MDA) -indicador de peroxidación lipídica y daño oxidativo- y oxidación total de proteínas (PO).

DIFERENCIA CLARA ENTRE GRUPOS

Los resultados mostraron una diferencia clara entre los grupos. Mientras que los niveles de MDA apenas cambiaron en el grupo de ejercicio, el grupo control presentó un aumento significativo durante la hospitalización. La diferencia entre ambos fue de -0,24 *mol/mL, un resultado estadísticamente significativo (p < 0,01).

Además, los análisis por subgrupos revelaron que los beneficios fueron especialmente evidentes en mujeres y pacientes con diabetes, dos poblaciones particularmente vulnerables a los efectos del estrés oxidativo.

Más allá de los cambios biológicos, la intervención también se asoció a mejoras en la capacidad funcional y en el estado de salud percibido por los pacientes.

En la investigación también se observó que las personas con niveles iniciales más bajos de estrés oxidativo experimentaron mayores mejoras en la batería de rendimiento físico SPPB (Short Physical Performance Battery, por sus siglas en inglés) en comparación con quienes presentaban niveles más elevados al inicio del estudio.

HACIA INTERVENCIONES MÁS PERSONALIZADAS

Los resultados sugieren que el ejercicio físico estructurado puede desempeñar un papel relevante para evitar el incremento del estrés oxidativo durante la hospitalización en adultos muy mayores. De acuerdo con el estudio, la relación entre el estado oxidativo inicial y la mejora funcional indica que las intervenciones podrían beneficiarse de un enfoque más personalizado, adaptado al perfil biológico de cada paciente.

Consuelo Borrás reconoce que este trabajo abre varias líneas de investigación relevantes: "En primer lugar, será necesario realizar estudios en varios centros hospitalarios y con un seguimiento más prolongado, para saber si los beneficios observados durante el ingreso se mantienen una vez que el paciente regresa a casa".

En segundo lugar, apostilla, "convendría ampliar el análisis a otros biomarcadores, incluyendo también marcadores de inflamación, para comprender mejor qué mecanismos biológicos explican por qué el ejercicio funciona y en qué perfiles de pacientes este último lo hace con mayor intensidad".

"Y, en tercer lugar, los resultados apuntan a que los programas de ejercicio deberían personalizarse según el nivel de estrés oxidativo y el sexo de cada paciente, ya que ambos factores condicionan claramente la respuesta a la intervención. En este sentido, ampliar ligeramente la duración del programa podría traducirse en beneficios aún mayores, tanto físicos como cognitivos", concluye.

Por lo tanto, este estudio refuerza la creciente evidencia de que la actividad física adaptada puede ser una herramienta terapéutica clave para preservar la función y la salud celular en personas mayores hospitalizadas.

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