Hombre, hospital, enfermo
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Actualizado: lunes, 12 junio 2017 8:04

   MADRID, 12 Jun. (EDIZIONES) -

   El término anciano está cambiando. La esperanza de vida es cada vez mayor y es a partir de los 80 cuando puede, más o menos, considerarse a una persona anciana; hace 20 años tener 65 años ya te definía en esa etapa de la vida. Incluso siendo octogenario, a pesar de tener reconocer que se trata de una edad avanzada, hay personas que están estupendamente y por las que cuesta pensar que pasan los años.

   No obstante, cuando una enfermedad aparece hay que tener más cuidado que con las personas de edad adulta, ya que son más sensibles y vulnerables. El cuerpo ha envejecido y ya no resiste lo que antaño. Por ello, es fundamental revisar e individualizar cada caso siempre. Ver cuáles pueden ser los riesgos y cuáles las contraindicaciones o beneficios de operar a una persona de edad avanzada.

   "Más que decir que hay que evitar la operación en los ancianos, lo importante es que hay que seleccionar bien a los pacientes, y que a cada uno se le haga una correcta valoración por el cirujano, que es el que decide, así como por el del equipo de anestesia, y por el equipo de geriatría, que ayuda a que estos lleguen en las mejores condiciones a la cirugía y haya menores complicaciones posteriores", subraya en una entrevista con Infosalus el presidente de la Sociedad Española de Medicina Geriátrica (SEMEG), Álvaro Casas.

   Aquí destaca que las operaciones en las personas mayores más frecuentes suelen ser las de fractura de cadera. De ahí que resalte la importancia de las unidades de ortogeriatría de muchos centros hospitalarios, donde profesionales de distintas ramas (traumatología, geriatría, y anestesia, por ejemplo) se encargan de valorar uno a uno a los pacientes y ver si son idóneos o no, no sólo para soportar la operación, sino también el post operatorio, para sobrellevar la rehabilitación, y secundar la medicación del tratamiento.

   "Que el paciente anciano vuelva a su casa es muy importante y que no ingrese en una residencia en contra de su voluntad por culpa de la operación también. La nutrición, la movilidad, o los síndromes geriátricos disminuyen si hay un equipo de valoración geriátrica detrás", subraya el también especialista de Área del Servicio de Geriatría del Complejo Hospitalario de Navarra.

   En cuanto a los servicios de cirugía general, Casas indica que en muchos centros se han desarrollado los conocidos como 'POPS' (por sus siglas en inglés) o Unidades de cuidados preoperatorios para las personas mayores que van a someterse a una cirugía. "Se encargan de que el paciente llegue en las mejores condiciones a la operación y, posteriormente, se vigila el postoperatorio, que es más complicado en estas fases de la vida y donde más incidencias aparecen", añade.

   Entre otras complicaciones que pueden sufrir los ancianos en una operación quirúrgica, el presidente de SEMEG hace referencia al delirium o cuadros confusionales que sufren por la anestesia, y por los que se desorientan y no saben dónde están. También pueden sufrir estreñimiento, retenciones agudas de orina, úlceras por inmovilismo, se quedan adormilados, pueden dejar de comer o al hacerlo se atragantan, además de neumonías, por ejemplo.

UN RIESGO INHERENTE A LA EDAD

   Asimismo, el director médico del Hospital La Fuenfría de Madrid, Javier Rodríguez, indica a Infosalus que en muchos casos el quirófano supone un riesgo para las personas de edad avanzada, por lo que reitera la importancia de valorar cada caso. "En los ancianos, el riesgo principal es inherente a la edad avanzada, a lo complicado de todos sus sistemas y aparatos funcionando, para poder ser abordado con una intervención quirúrgica. Siempre se debe emprender una operación con un balance de riesgos y beneficios", señala.

   Por otro lado, llama la atención sobre el hecho de que generalmente las personas ancianas tienen osteoporosis, enfermedades cardiovasculares, respiratorias o metabólicas, como la diabetes, y que ya en sí suponen un riesgo para la operación.

   Igualmente, Rodríguez considera que el riesgo no sólo aparece por someter a los pacientes a un quirófano, sino también por el postoperatorio, tras recibir el alta y regresar a casa. "Hay que evitar ciertos riesgos, como el volver a caerse y romperse aquellas extremidades que han sido intervenidas. Aquí también destacaría el que se les pueda olvidar el tomarse los fármacos, o seguir con las recomendaciones médicas, como los ejercicios de rehabilitación, por ejemplo", apostilla.

   "A finales del siglo pasado, en la década de los 80, una fractura de cadera en el hemisferio occidental significaba que el riesgo de mortalidad era elevado. Tres de cada seis personas podían fallecer en el periodo postfactura y en el periodo actual esas cifras han disminuido", agrega.

   Por ello, el director médico del Hospital La Fuenfría de Madrid concluye con que hay que individualizar cada caso, teniendo en cuenta los factores de riesgo, tanto en el momento de la operación, como en el postoperatorio y el tratamiento extrahospitalario.

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