El calor extremo puede descompensar a una persona mayor en horas: qué deben vigilar las familias

Archivo - Hombre refrescándose con un ventilador y bebiendo un vaso de agua en plena ola de calor.
Archivo - Hombre refrescándose con un ventilador y bebiendo un vaso de agua en plena ola de calor. - RENATA HAMUDA/ISTOCK - Archivo
Infosalus
Publicado: martes, 28 julio 2026 8:32

   MADRID, 28 Jul. (EDIZIONES) -

   Las personas de edad avanzada no son buenas amigas del calor. Se trata de uno de los colectivos con mayor riesgo de ingresar en una UCI durante el verano, y especialmente en momentos de altas temperaturas. ¿Por qué las olas de calor afectan más a las personas mayores? Con la edad, el organismo pierde parte de su capacidad para regular la temperatura, aumenta la vulnerabilidad frente a la deshidratación, y algunas enfermedades o tratamientos pueden dificultar la adaptación al calor.

   Pero un aspecto importante a tener en cuenta, cuando hablamos de calor y personas mayores, tenemos que hablar de un riesgo que es a la vez clínico, funcional y social. Así, según alerta en una entrevista con Europa Press Salud Infosalus, la vicepresidenta del Área Social y Ciencias del Comportamiento de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), María Luisa Delgado Losada, durante el verano, las familias y los cuidadores deben prestar especial atención a síntomas como la confusión, la debilidad, los mareos, o la disminución de la orina, ya que pueden ser señales de una complicación relacionada con las altas temperaturas en este grupo de edad.

    "La vulnerabilidad frente al calor en las personas mayores no depende sólo de la edad: es el resultado de cómo se combinan el envejecimiento, la fragilidad, las enfermedades, y las condiciones de vida. Las personas mayores toleran peor las altas temperaturas porque con los años el organismo pierde parte de la capacidad de adaptarse al calor con la misma rapidez y eficacia que en etapas más jóvenes. La termorregulación funciona peor, el cuerpo puede sudar menos o hacerlo de forma menos eficaz. Y, además, muchas personas mayores tienen menor reserva fisiológica, de manera que disponen de menos margen para compensar el estrés térmico", explica esta experta.

PRINCIPALES SEÑALES DE ALARMA

   En concreto, mantiene que, ante situaciones de altas temperaturas, hay que prestar especial atención a cualquier cambio claro respecto al estado habitual de la persona, y entre las señales de alarma apunta a las siguientes: mareo, debilidad intensa, dolor de cabeza, náuseas, vómitos, somnolencia, confusión, irritabilidad, dificultad para mantenerse en pie, disminución importante de la orina, o sensación de desmayo.

   "También hay que sospechar un problema relacionado con el calor si se produce una caída, si la persona está mucho más apagada de lo habitual, o si empeora de forma brusca una enfermedad previa", añade esta portavoz de la SEGG.

   Es más, advierte de que en las personas mayores, una complicación por calor no siempre se presenta de forma típica, y a veces lo síntomas no son los típicos de un golpe de calor clásico, sino que la persona está más desorientada, más débil, más somnolienta, con menos ganas de comer o de beber, o de repente más inestable al caminar. "En los casos más graves pueden aparecer fiebre o temperatura muy elevada, piel muy caliente, alteración del nivel de conciencia, dificultad respiratoria, convulsiones, o pérdida de conocimiento", agrega.

   Por ello, la doctora Delgado quiere lanzar un mensaje a las familias y es que "si una persona mayor durante una ola de calor está más confusa, más débil, bebe poco, orina poco, o no es ella misma, hay que prestarle atención, hidratarla, refrescarla, y consultar a un profesional sanitario si la situación lo requiere".

   Destaca que durante una ola de calor proteger a una persona mayor "no es sólo decirle que beba agua", sino que es asegurarse de que puede hacerlo, de que está en un entorno fresco, y de que alguien vigila cómo se encuentra. "Cuando hablamos de personas mayores y de calor, no hablamos sólo de fisiología. Hablamos también de fragilidad, de dependencia, de soledad no deseada, de viviendas que no siempre protegen, y de si esa persona tiene o no una red de apoyo que detecte a tiempo que algo va mal", remarca esta doctora.

LAS TRES PRINCIPALES RECOMENDACIONES

   Lo más útil en este sentido, tal y como apunta la vicepresidenta del Área Social y Ciencias del Comportamiento de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología se puede resumir en tres verbos como son hidratar, refrescar y vigilar:

   ·'Hidratar' significa ofrecer líquidos con frecuencia, aunque la persona no los pida, y facilitar que tenga agua accesible y apoyo si necesita ayuda para beber.

   ·'Refrescar', mantener la vivienda lo más fresca posible, bajar persianas, ventilar a primera hora, evitar las salidas en las horas centrales del día, y utilizar ropa ligera, duchas templadas o paños húmedos si es necesario.

   ·'Vigilar', hay que comprobar si la persona está bebiendo, si come algo, si orina con normalidad, si la casa está demasiado caliente, o si aparece más cansancio, confusión o inestabilidad de lo habitual. Esta vigilancia debe reforzarse especialmente si la persona vive sola, tiene deterioro cognitivo, movilidad reducida, o pocos apoyos.

   En última instancia, y desde una perspectiva social y comunitaria, María Luisa Delgado Losada sostiene que también conviene recordar que la prevención no puede recaer únicamente en la propia persona mayor: "Durante las olas de calor, familias, cuidadores, vecinos, servicios sociales y sanitarios deben estar especialmente atentos a quienes tienen más riesgo. En muchos casos, una llamada, una visita, o una comprobación diaria puede marcar una diferencia importante".

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