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MADRID 28 Ene. (EUROPA PRESS) -
La farmacia comunitaria se sitúa como recurso clave en la detección precoz de la enfermedad renal crónica (ERC) a partir del cribado de creatinina y el cálculo de la tasa de filtración glomerular (TFG), según se desprende de un estudio impulsado por la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN), la Sociedad Española de Farmacia Clínica, Familiar y Comunitaria (SEFAC) y AstraZeneca.
El proyecto 'Crierfac' ha contado con la participación de 141 farmacias comunitarias de 40 provincias que han realizado pruebas a 2.116 pacientes para evaluar la eficacia del cribado de la ERC en este entorno. "Este tipo de iniciativas permiten demostrar que la farmacia va más allá de la dispensación de medicamentos y puede desempeñar un papel activo en la prevención y detección precoz de enfermedades", ha destacado el farmacéutico Luis Salar, participante en el estudio.
Los resultados muestran que el 75,2 por ciento de personas cribadas dio negativo, mientras que el 19,3 por ciento dio positivo y fue derivado a Atención Primaria (AP) tras la primera o segunda evaluación. En función del resultado obtenido, los participantes fueron clasificados en distintos grupos.
Las personas con una TFG superior a 60 ml/min/1,73 m2 se consideraron sin indicios de ERC y no requirieron seguimiento adicional. Aquellas con valores de TFG entre 45 y 60 ml/min/1,73 m2 fueron citadas para una segunda evaluación al cabo de un mes, con el objetivo de confirmar o descartar una posible alteración persistente de la función renal. Por último, las personas con una TFG inferior a 45 ml/min/1,73 m2 se consideraron con un resultado positivo y fueron derivadas a su médico de AP para valoración más precisa.
A partir de los resultados, este estudio observacional multicéntrico reivindica el papel de la farmacia comunitaria en la detección y prevención de enfermedades, además de enfatizar el potencial de colaboración entre la farmacia y Atención Primaria para mejorar la continuidad asistencial.
"Sería esencial establecer circuitos de comunicación claros y bidireccionales entre la oficina de farmacia y el centro de salud", ha comentado la especialista en Medicina Familiar y Comunitaria en Centro de Salud Ensanche de Vallecas María Lourdes Martínez-Berganza.
La importancia de detectar precozmente la ERC se relaciona con la mayor eficacia de la intervención clínica en fases iniciales. Sin embargo, en esta etapa persisten tasas de infradiagnóstico significativas porque la enfermedad cursa de forma silenciosa, con síntomas que suelen pasar desapercibidos hasta fases avanzadas, donde las opciones terapéuticas son más limitadas.
Aproximadamente el 10 por ciento de la población mundial padece ERC, aunque la incidencia y la prevalencia varían entre países y regiones. En España, la prevalencia documentada en la población general es de en torno al 15 por ciento, con tasas que aumentan con la edad y alcanzan el 27,9 por ciento en personas mayores de 70 años.
RETOS ENCONTRADOS
Los profesionales participantes han señalado que la derivación de pacientes desde la farmacia comunitaria hacia Atención Primaria fue, en general, bien aceptada. La mayoría de los pacientes comprendió que se trataba de una actuación preventiva orientada a confirmar o descartar un posible riesgo de ERC.
No obstante, en algunos casos no se produjo un retorno de la información a la farmacia tras la visita al médico, lo que dificultó cerrar el circuito asistencial y conocer el desenlace clínico.
"Esta experiencia demuestra que la derivación es viable y valorada por los pacientes, pero también pone de manifiesto la necesidad de mejorar los canales de comunicación entre la farmacia comunitaria y Atención Primaria para garantizar un seguimiento completo y coordinado", indica la médico de Familia María Lourdes Martínez-Berganza.
Otra de las dificultades para el desarrollo del estudio fue el criterio de exclusión que impedía contar con personas que tuvieran analíticas recientes. Los autores han indicado que este requisito, que se diseñó para evitar derivaciones innecesarias de pacientes ya diagnosticados, supuso una pérdida significativa de potenciales participantes, especialmente en casos en los que el propio paciente desconocía su situación clínica.
Según los expertos, esta limitación podría resolverse si el farmacéutico tuviera acceso a los datos analíticos del paciente. En cuanto al seguimiento para la realización de una segunda evaluación, las principales dificultades fueron los olvidos o la falta de interés, aunque los recordatorios telefónicos ayudaron a mejorar la adherencia.