Consiguen aplicar un fármaco 1.400 veces más potente contra el glioblastoma que hasta ahora no podía usarse

Publicado 13/12/2019 7:03:45CET
Glioblastoma, células.
Glioblastoma, células. - INSTITUTO DE SALUD CARLOS III - Archivo

   MADRID, 13 Dic. (EUROPA PRESS) -

   Científicos del Northwestern Medicine, un sistema de salud integrado de Chicago (Estados Unidos), han conseguido utilizar con éxito una tecnología novedosa que permite aplicar un tratamiento 1.400 veces más potente que el que se usa ahora contra el glioblastoma, el tipo más mortal de tumor cerebral que actualmente no tiene cura.

   Este medicamento tan potente no puede usarse en pacientes debido a dos problemas. Primero, no puede alcanzar su objetivo porque está bloqueado por la barrera hematoencefálica, una estructura microscópica que protege al cerebro de las toxinas en la sangre. Y, segundo, la formulación convencional de este medicamento es tóxica para el cerebro.

   Concretamente, los investigadores han utilizado una tecnología novedosa para abrir la barrera hematoencefálica mediante un ultrasonido implantable, y han administrado el poderoso fármaco al tumor en ratones. En un nuevo artículo, publicado en 'Clinical Cancer Research', la revista de la Asociación Americana para la Investigación del Cáncer, informan sobre sus hallazgos en una extensa investigación preclínica.

   Los científicos también descubrieron que la toxicidad cerebral para la formulación convencional de este medicamento, el paclitaxel, era causadoa por la solución requerida para disolver el medicamento, el cremophor. Los científicos probaron una nueva formulación del medicamento que utiliza albúmina en lugar de cremophor, y resultó no perjudicial para el cerebro.

   La apertura de la barrera hematoencefálica con un ultrasonido aumentó cinco veces las concentraciones del paclitaxel en el cerebro. El estudio también mostró que los ratones portadores de tumores cerebrales viven mucho más tiempo cuando se los trata con este poderoso medicamento contra el cáncer, y la supervivencia se extendió aún más cuando se los trató en combinación con ultrasonido para abrir la barrera hematoencefálica.

   En el laboratorio, el paclitaxel es mucho más potente que la quimioterapia temozolomida utilizada actualmente. Cuando se probó el paclitaxel contra el tumor cerebral en un plato fuera de un organismo, se necesitó una concentración de fármaco 1.400 veces menor para matar el mismo número de células tumorales, en comparación con la quimioterapia convencional utilizada para este cáncer.

   Los científicos ahora están solicitando a la Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA) para lanzar un ensayo clínico para probar este concepto de una nueva formulación de paclitaxel en combinación con la nueva tecnología de ultrasonido para abrir la barrera hematoencefálica en los pacientes. El ensayo planificado tiene como objetivo determinar si el tratamiento es seguro y si prolonga la supervivencia de los pacientes con cáncer cerebral.

   "El glioblastoma actualmente no tiene cura, y cuando el tumor reaparece no hay muchas opciones de tratamiento --explica el investigador principal de este estudio, el doctor Adam Sonabend, profesor asistente de cirugía neurológica en la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern y especialista en Northwestern Medicine--. Necesitamos urgentemente nuevos tratamientos efectivos".

   La tecnología de ultrasonido puede tener beneficios más amplios. "Esta tecnología de ultrasonido ahora nos permitirá utilizar muchos agentes establecidos en otros tipos de cáncer para pacientes con tumores cerebrales", añade el coinvestigador Roger Stupp, jefe de neuro-oncología y profesor de Cirugía Neurológica Paul C. Bucy en Feinberg.

   Otros ensayos clínicos están probando la apertura de la barrera hematoencefálica basada en ultrasonidos con varios agentes de quimioterapia, pero ninguno está usando un medicamento tan potente como el paclitaxel.

   El pequeño ultrasonido se implantaría durante la cirugía en una ventana del cráneo que no contiene hueso. Se usa en combinación con burbujas de gas microscópicas inyectadas en la sangre al mismo tiempo que comienza el ultrasonido.

   Cuando las burbujas golpean las ondas sonoras, estas vibran y alteran mecánicamente la barrera hematoencefálica. La apertura es inmediata, permitiendo la penetración de las moléculas del fármaco. La apertura de la barrera hematoencefálica es reversible y dura varias horas después de la sonicación. El emisor de ultrasonido permanece en el cráneo para la administración repetida del fármaco.