Archivo - Mujer embarazada durmiento en la cama - FENTON ROMAN/ ISTOCK - Archivo
MADRID, 30 Sep. (EUROPA PRESS) -
El uso de antidepresivos durante el embarazo está aumentando, pero actualmente se desconocen los efectos a largo plazo de estos fármacos en el desarrollo infantil. Sin embargo, padecer depresión sin tratar durante el embarazo conlleva sus propios riesgos, lo que dificulta enormemente que una persona con depresión tome decisiones informadas sobre si debe o no tomar medicación durante el embarazo.
Un nuevo estudio dirigido por la Universidad de Glasgow (Reino Unido), publicado en la revista de acceso abierto 'PLOS Medicine', revela que los hijos de madres con depresión presentan mayores índices de ciertos trastornos del neurodesarrollo, independientemente de si estuvieron expuestos a antidepresivos en el útero.
En este nuevo estudio, los investigadores hicieron un seguimiento a más de 167.000 niños nacidos en Gales entre 2009 y 2016, hasta 2022. Utilizando historiales médicos y escolares, buscaron cualquier vínculo entre los diagnósticos de depresión o el uso de antidepresivos en las madres y las necesidades educativas especiales de sus hijos, como diagnósticos de trastorno del espectro autista o trastorno por déficit de atención con hiperactividad, o dificultades de aprendizaje, de comportamiento, emocionales o sociales.
Descubrieron que los hijos de mujeres que recibieron tratamiento con antidepresivos presentaban tasas más elevadas de ciertos trastornos del neurodesarrollo que los hijos de mujeres con depresión que no recibieron tratamiento. Sin embargo, estos resultados podrían verse afectados por el hecho de que las mujeres con depresión más grave tienen mayor probabilidad de recibir antidepresivos. Al comparar la depresión tratada, la depresión no tratada y la exposición a antidepresivos sin depresión, los análisis mostraron que la exposición a antidepresivos se asoció con 6,3 casos adicionales por cada 100 niños en aquellos no expuestos a la depresión, y con 2,9 casos adicionales por cada 100 niños en aquellos expuestos a la depresión.
Los investigadores concluyen que los hijos de madres con depresión tienen un mayor riesgo de sufrir trastornos del neurodesarrollo, independientemente de si recibieron antidepresivos, aunque la medicación podría suponer un riesgo adicional. Advierten que cualquier riesgo potencial del tratamiento debe sopesarse frente a los riesgos de la depresión materna no tratada, que se asocia a un mayor riesgo de depresión posparto.
Los autores añaden: "Demostramos que, si las mujeres con depresión tomaban antidepresivos durante el embarazo, sus hijos tenían más probabilidades de tener necesidades educativas especiales, pero se trataba solo de un aumento muy leve, que podría deberse a que padecían una depresión más grave, en lugar de a un efecto del medicamento".
Entre los hijos de madres con depresión, 24 de cada 100 presentaban necesidades educativas especiales si la madre no recibía tratamiento, y esta cifra aumentaba en tan solo 3 de cada 100 si tomaba antidepresivos. Esto contrasta con los 20 de cada 100 niños que no estuvieron expuestos a la depresión ni a los antidepresivos durante el embarazo.
"Nuestros resultados no sugieren que las mujeres deban dejar de tomar sus antidepresivos automáticamente, ya que la depresión puede perjudicar tanto a la madre como al bebé si no se trata. Las mujeres siempre deben consultar con su médico sobre cuál es la mejor opción en su caso. Nuestro estudio indica que la exposición a antidepresivos durante el embarazo podría servir como indicador de la necesidad de apoyo adicional en la escuela", añade.
"La posibilidad de vincular los datos recopilados de forma rutinaria de madres y bebés, y poder realizar un seguimiento de su salud y desarrollo a lo largo del tiempo, es un recurso extraordinario que puede respaldar la investigación sobre la salud mental materna, un área que necesita urgentemente más atención", resume.
No obstante, finalizan advirtiendo que se necesitan más estudios para empoderar a las mujeres con el conocimiento que necesitan para tomar decisiones informadas, junto con su médico o partera, sobre su propia salud y la de su bebé.