No hay bronceado saludable: qué le ocurre a la piel cuando se expone al sol

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Publicado 24/08/2018 7:59:59CET

    MADRID, 24 Ago. (EDIZIONES) -

   Tras la exposición al sol la epidermis, la capa más externa de la piel, se engrosa y los melanocitos, es decir, las células que dan color a la piel, empiezan a producir melanina más deprisa. Así se consigue un cierto grado de protección natural frente a una futura exposición, según explican desde la Academia Española de Dermatología y Venerología (AEDV).

   En concreto, afirma que no todo el mundo reacciona igual ante el sol. Por ejemplo, dice que en la piel de los albinos no se produce pigmentación debido a un defecto en el metabolismo de la melanina; tampoco en las zonas de vitíligo, por la ausencia de melanocitos.

   En cambio, sostiene que las personas de raza negra y de razas distintas a la blanca son menos sensibles a la exposición solar que las de piel clara, pero no son inmunes a los efectos del sol y pueden sufrir quemaduras solares cuando se exponen de forma prolongada.

   Además, llama la atención sobre el hecho de que las personas rubias o pelirrojas tienen un riesgo especial. Asimismo, aprecia que, en muchos pacientes de pelo claro, la melanina se deposita de forma irregular, produciendo las pecas.

   Desde el Hospital Universitario Príncipe de Asturias de Madrid, la jefa del servicio de Dermatología, la doctora Lidia Trasobares destaca que al exponerse la piel a la radiación solar, el sol estimula la producción de melanina en las células en la capa basal de epidermis, los antes mencionados melanocitos, que son los que dan color a la piel.

   “El principal factor que estimula su producción es el sol. Ésta es la parte buena, el sol también hace que la piel coja un aspecto más aterciopelado y saludable, pero en contrapartida hace que la exposición provoque cambios en el ADN de las células de la piel y, cuando estos cambios son patológicos, y no se reparan de forma adecuada, son los que conducen al cáncer de piel”, advierte.

   Mientras, Mayte Truchuelo, dermatóloga en el Grupo Jaén y también miembro de la AEDV sostiene a Infosalus que cuando nos exponemos al sol existen dos formas de broncearnos, una por la exposición a los rayos UVA, que hace que la melanina se oxide (responsable del moreno rápido, más dañino y transitorio).

   Otra forma, según incide, sería por exposición a rayos UVB, que hacen que la melanina se sintetice más para defendernos y son los responsables de un moreno más duradero. “Lo ideal es intentar evitar el moreno como concepto de belleza y, si se quiere conseguir, lo mejor son los autobronceadores”, precisa la especialista.

   Por su parte, Raquel Novo, jefa del servicio de Dermatología de los hospitales universitarios HM Montepríncipe y HM Puerta del Sur (Madrid) añade que cuando recibimos radiación solar la recibimos de varios tipos, por un lado la Ultravioleta-A (UVA) y la Ultravioleta-B o UVB, además de los infrarrojos. “La radiación UVA cuando incide en la piel penetra de forma muy profunda y provoca alteraciones en el colágeno, lo que significa que con el paso de los años la piel muy expuesta al sol estará fotoenvejecida, no tendrá la tersura que se debería tener, y presentará previsiblemente surcos y más arrugas, aparte de ser pieles más apagadas y con mucho descolgamiento, no tiene por decirlo el esqueleto que la mantiene firme”, afirma.

   Por otro lado, sobre la radiación UV-B, que estimula el melanocito, la célula que produce la melanina, el pigmento de la piel, la dermatóloga dice que hace años existía la creencia de que la melanina, lo que nos daba el color moreno, era nuestra pantalla de protección frente al sol.

   “Ahora se sabe que ésta se produce cuando ya ha habido daño solar, se estimula como respuesta a un daño de la radiación ultravioleta”, indica. Por eso se dice que no hay bronceado saludable porque ponerte moreno significa que tu piel ha recibido un daño. Así, lamenta que unas pieles tienen más capacidad de reacción frente a ese daño provocado por el sol, mientras que otras tienen mucho menos. Por eso dice que los fototipos muy claros no llegan a ponerse morenos.

   Eso sí, no todo es malo con la exposición al sol. La experta destaca que la radiación ultravioleta en general estimula la formación en la piel de la vitamina D, que es fundamental para favorecer que el calcio se fije a los huesos, aparte de otros efectos beneficiosos como levantar el estado de ánimo, por ejemplo.

   A juicio de la especialista de HM Hospitales, vivimos en un país de sol, donde no podemos evitar la radiación solar. A lo que habría que sumarle la radiación que recibimos del espectro de la luz visible, de las pantallas de ordenador, de los halógenos, y de las luces de interior que también tienen su efecto sobre la piel.

   “Por ello, siempre hay que protegerse y utilizar fotoprotectores solares que sean estables. Siempre recomendamos filtros altos que habrá que reaplicar cada dos horas aproximadamente. Además, hay que aplicar la regla de la sombra, y evitar las horas centrales del día para exponernos al sol. La clave está en ver que tu sombra no es más larga que tu altura, ese momento será mejor para tomar el sol”, concluye la doctora Novo.