Publicado 17/09/2021 10:18CET

Mascarilla y verano, conoce cuáles han sido sus efectos en nuestro rostro

Archivo - Mujer en la playa con la mascarilla en la mano.
Archivo - Mujer en la playa con la mascarilla en la mano. - ISTOCK/MARYNA ANDRIICHENKO - Archivo

MADRID, 17 Sep. (EUROPA PRESS) -

El uso de mascarillas para protegernos, en este segundo verano de pandemia por COVID19, se ha visto reflejado también en la salud y el aspecto de la piel del rostro. Concretamente, según explica la doctora Marta Hermosín, especialista en dermocosmética y nutrición, del Instituto de Dermatología Integral, se puede observar, dependiendo de la zona de la cara, un aumento de acné, dermatitis, arrugas y manchas.

En la zona superior, que abarca la frente y la zona periorbitaria (alrededor de los ojos), se puede ver, según la experta, "una novedad respecto a otros años" que puede estar en las arrugas, ya que "el uso de la mascarilla puede obligar a algunos a gesticular con el tercio superior en vez de con los labios para conseguir un mayor entendimiento".

Existen dos tipos de arrugas: las dinámicas y las estáticas. Las dinámicas, que son aquellas asociadas a la gesticulación, que se acentúan en personas más expresivas y se corrigen con neuromoduladores, como son la toxina botulínica o el ácido hialurónico.

Por el contrario, las arrugas estáticas no varían con la expresión y se deben, sobre todo, al envejecimiento y al efecto prolongado de la luz ultravioleta (el llamado fotoenvejecimiento). Estas arrugas estáticas necesitan un abordaje más complejo, combinando láseres y otras tecnologías junto a materiales de relleno.

Las arrugas horizontales de la frente, el ceño y las patas de gallo, pueden estar aumentando en aquellas personas que están forzando su gestualidad. "El tratamiento indicado en este caso actúa sobre la musculatura encargada de la gesticulación, haciendo que se contraiga con menos fuerza, lo que contribuye a disminuir o, incluso, eliminar estas arrugas consiguiendo un aspecto más relajado y rejuvenecido. Se aplica en cabina por y sus efectos son visibles a partir de tercer o cuarto día", dice la especialista de IDEI.

Por otro lado, la mayor exposición solar en el verano se traduce en una melanina más estimulada, por tanto, la aparición de manchas en las zonas más expuestas es más frecuente. Melasma, cicatrices hiperpigmentadas y, sobre todo, léntigos solares son los problemas más habituales tras el verano.

"Es necesario hacer una despigmentación para que el rostro en conjunto tenga un tono unificado. Para ello se pueden emplear peelings con ácidos como el cítrico, el láctico y el kójico en combinación con láseres como el Q-Switch, haciendo especial incidencia en la zona superior de la cara, la más afectada por el sol", explica Marta Hermosín. Además, la combinación de tratamientos provoca una estimulación del colágeno y la elastina, por lo que el rostro también aparecerá más rejuvenecido, terso y jugoso.

"Es la zona que cubre la mascarilla: mejillas, nariz, boca y mentón. En este caso, hemos observado un incremento de pacientes con acné y dermatitis perioral", explica Hermosín.

Empezando por el acne, señala que el verano suele mejorarlo debido a que los rayos solares tienen una acción antibacteriana, antiinflamatoria y secante. "El uso de las mascarillas ha hecho que este año no haya sido así. Fricción y humedad, han sido el caldo de cultivo perfecto para que los poros se taponen y aparezcan brotes de acné, granitos y puntos negros", apunta la especialista.

El uso de fotoprotectores solares, no hace más que incrementar el problema. El tratamiento para equilibrar la seborregulación pasa por el uso de ácidos como el kójico y el salicílico en forma de peelings médicos. En casos de acnés más severos, existen tratamientos como la microdermoabrasión, la terapia de fluorescencia o el láser (PDL), que eliminan las bacterias que proliferan en las glándulas sebáceas y disminuyen la inflamación y el enrojecimiento.

Como con el acné, la dermatitis también es una patología que suele mejorar en verano por la acción del sol, pero las mascarillas hacen que proliferen las bacterias responsables de esta afección dermatológica (también conocida como maskitis). Se presenta como erupción o eccema acompañado de sequedad, enrojecimiento y/o inflamación de la zona.

Aunque las personas con pieles sensibles y reactivas tienen más tendencia a sufrirla, la puede desarrollar cualquier persona. El consejo de la experta es consultar al dermatólogo para adoptar en cada caso el tratamiento adecuado es fundamental.

Por otro lado, el sol también puede exacerbar la aparición de lesiones vasculares (cuperosis, rosácea, telangiectasias). En este caso, recomienda el uso de láseres vasculares como el PDL o el KTP o terapias basadas en la fluorescencia son los indicados para tratar estas afecciones.