12 errores que no debes cometer nunca en la rutina del cuidado de tu piel

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Publicado 30/01/2019 8:34:31CET

   MADRID, 30 Ene. (EDIZIONES) -

   Cuidarse la piel no es sólo una cuestión de imagen. Se trata de una barrera protectora que actúa como escudo ante cualquier ataque o amenaza exterior. Por eso, el objetivo final de cuidarnos la piel o emplear un determinado tratamiento debe ser siempre el mantenerla lo más sana posible, y no simplemente el embellecerla. Una piel sana, al fin y al cabo, lucirá radiante.

   Según destacan Lilin Yang, Leah Ganse y Sara Jiméz (MiiN Cosmetics, expertos en cosmética coreana en España) en 'El arte coreano del cuidado de la piel' (Zenith), "la piel nos manda señales y es importante observarlas para saber lo que realmente necesita".

   Con ello, defienden que conocer la piel de cada persona es el primer paso para buscar una rutina acorde a las necesidades de cada uno y, dentro del proceso del cuidado de la piel, destacan una serie de errores que no se deben cometer nunca si queremos que esté sana:

   1.- Aplicar los cosméticos en el orden que no toca: El orden defienden que sí altera el resultado, por lo que subrayan que, por norma general, siempre se deben aplicar primero los productos de textura más líquida y dejar para el final aquellos con textura más densa. Por ejemplo, cita que el tónico, fundamental en cualquier proceso de cuidado de la piel de la cara, sirve para equilibrar el pH de la piel después de la limpieza y debe aplicarse antes que cualquier otro producto hidratante o tratamiento.

   2.- Olvidarte de cuidar el cuello: Hay que usar la misma crema hidratante que se aplica en el rostro y no olvidarse de esta parte del cuerpo. Al igual que la piel de la cara, la del cuello pierde elasticidad, firmeza e hidratación con el paso de los años.

   3.- Utilizar productos antienvejecimiento antes de tiempo: Lo importante es prevenir pero comprar productos antiaging antes de tiempo puede ser contraproducente. Los cosméticos con propiedades antienvejecimiento contienen ingredientes que nuestra piel no necesita. Para prevenir, lo más útil es mantener la piel hidratada desde jóvenes para que los signos de la edad no sean tan pronunciados. No hay una edad exacta en la que empezar a usas productos antienvejecimiento; depende de nuestra genética y del estilo de vida que llevemos. La respuesta siempre estará en el espejo y en nuestra piel, no en el eslogan de ningún envase.

   4.- Hidratar la piel sólo cuando la notas seca: La piel nos envía señales y la sequedad puede ser una de ellas. La falta de hidratación provoca descamación. Si vemos estos síntomas es que no hemos estado hidratando bien nuestra piel. Por eso debemos hacerlo antes de notar estos cambios y no empezar justo en el momento en el que los veamos aparecer.

   5.- No hidratar la piel porque la tienes grasa: Muchas personas privan a su piel grasa de hidratación porque existe el mito generalizado de que la crema sólo provocará más sebo, cuando en realidad es todo lo contrario. La piel grasa debe hidratarse para evitar una sobreproducción de sebo, que se genera para cubrir la falta de hidratación. El truco está en saber elegir una crema que hidrate la piel pero que no sea oclusiva ni deje residuo. Las mejores para las pieles grasas son las texturas en gel.

   6.- Poner crema hidratante antes que el contorno de ojos: ¿Llevas años pensando que el contorno de ojos es el último paso? Estás a tiempo de cambiarlo. El contorno de ojos debe aplicarse siempre antes de la crema o loción para que penetre en profundidad. Si lo hacemos al revés, lo único que conseguiremos es que la crema facial cree una barrera y el contorno no actúe.

   7.- Protegerte del sol sólo en los meses de verano: Muy típico. Conocemos de sobra lo perjudicial que puede llegar a ser no protegerse del sol. La piel tiene memoria y todos los rayos solares que vamos acumulando a lo largo de nuestra vida aparecerán en un momento u otro en forma de manchas o de envejecimiento prematuro. Los días de lluvia, de nieve o de niebla, por ejemplo, también debes ponerte protección solar.

   8.- Utilizar toallitas desmaquilladoras todas las noches. ¡Qué cómodas son! Pero no son la mejor opción para limpiar la piel. Sólo tardarás un minuto más en hacer el paso correctamente y retirar el maquillaje con el método de la doble limpieza. Tu piel te lo agradecerá toda la vida. El nivel básico de la doble limpieza por las noches consiste en el mismo que el del día, pero añadiendo el paso extra del primer limpiador, ya que nuestra piel acumula toxinas a lo largo del día. Éste consiste en: Doble limpieza, primero con desmaquillador o aceite limpiador, en formato bálsamo o en aceite, y después emplear un limpiador de base acuosa, como espumas o geles. A continuación echar el tónico, seguido del sérum o mascarilla, y finalmente la crema hidratante.

   9.- No hacer la doble limpieza si no vas maquillada: Es sólo un minuto más y la diferencia entre hacerlo y no hacerlo es abismal. Aunque no lleves maquillaje, el primer paso de la limpieza sirve para retirar cualquier resto de grasa de la piel. Lo mejor para eliminarla es un limpiador de base oleosa.

   10.- Aplicar los productos frotando demasiado la piel: No por más frotar la piel ésta quedará más limpia. Lo único que conseguirás es irritarla y enrojecerla. Hay una manera de aplicar los productos con textura líquida que es mucho más beneficiosa para tu piel: vierte un poco de producto sobre la palma de la mano y caliéntalo juntando ambas manos. Después, presiona suavemente con la palma de las manos sobre la superficie del rostro.

   11.- Usar exfoliantes mecánicos en la piel sensible o con acné: Los exfoliantes tienen la función de limpiar la piel en profundidad, pero si tienes la piel muy sensible o con acné, debes evitar los exfoliantes mecánicos (los que contienen partículas sólidas). Si tienes acné, lo único que harás será agredir la superficie de la piel y en consecuencia será más fácil que se infecte.

   12.- No guardar los productos en un lugar adecuado: El calor, la luz o la humedad, por ejemplo, son factores que pueden afectar a la composición de los productos. Por ejemplo, la vitamina C se oxida con la luz y deja de tener efecto. Las altas temperaturas también afectan al estado de los productos. Hay que buscar un lugar de almacenaje seguro para que conserven sus propiedades.

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