¿Qué tienen que ver el calor extremo y una infancia complicada con el consumo de alcohol en adultos?

Archivo - Mujer bebiendo una copa de vino al atardecer en verano en el muelle.
Archivo - Mujer bebiendo una copa de vino al atardecer en verano en el muelle. - ANKA ZHURAVLEVA/ISTOCK - Archivo
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Publicado: domingo, 30 agosto 2026 8:29

   MADRID, 30 Ago. (EUROPA PRESS) -

   Un nuevo estudio de la Universidad de Georgia (Estados Unidos) ha descubierto que las experiencias adversas en la infancia, en particular las relaciones negativas entre un niño y sus padres, estaban relacionadas con un consumo más frecuente de alcohol durante los períodos de calor extremo de adultos.

   El trabajo multicéntrico, publicado en la revista 'JMIR Aging', revela que los periodos de calor extremo se asociaban con un mayor consumo de alcohol entre los adultos de 50 años o más. Sin embargo, la decisión de beber también puede estar relacionada con experiencias clave de la infancia.

   Los participantes que informaron problemas de consumo de sustancias por parte de sus padres o encuentros con las fuerzas del orden durante su infancia fueron más propensos a beber durante las olas de calor. Quienes informaron tener una buena relación con su padre fueron menos propensos a beber.

   Aunque no está claro si esas experiencias negativas en la infancia contribuyeron directamente a los patrones de consumo de alcohol posteriores, la asociación es preocupante, no solo porque el consumo de alcohol durante el calor extremo puede aumentar los riesgos de deshidratación y daños cardiovasculares, sino también por sus posibles consecuencias psicológicas, según indicaron los investigadores.

   "Los resultados sugieren que las experiencias de la infancia pueden seguir siendo relevantes para los patrones de consumo de alcohol décadas después, especialmente cuando las personas se enfrentan a factores estresantes ambientales”, señala Hee Yun Lee, autora principal del estudio, profesora distinguida Thomas P. Holland y vicedecana de investigación en la Facultad de Trabajo Social de la UGA .

   Los investigadores analizaron más de 20 años de datos del Estudio de Salud y Jubilación, un estudio longitudinal representativo a nivel nacional de más de 20 000 adultos estadounidenses de 50 años o más. Para evaluar la exposición de los participantes al calor extremo durante el mismo período, los investigadores vincularon esos datos con datos meteorológicos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

   El análisis reveló que cada día adicional con temperaturas superiores a 35 grados se asoció con un incremento en el consumo semanal de alcohol. La exposición a 30 o más días con estas temperaturas se asoció con un aumento del 6,3 %. Los adultos de 50 años o más fueron aún más propensos a beber durante períodos prolongados en los que las temperaturas superaron los 40 grados.

   Los investigadores señalan varias posibles explicaciones para esta asociación. El calor extremo puede provocar sudoración y agotamiento, lo que hace que una bebida alcohólica fría resulte especialmente apetecible. Además, es posible que las personas perciban el alcohol como una forma de reducir la irritabilidad o el estrés en días particularmente agotadores, aunque esto pueda agravar los riesgos para la salud relacionados con el calor.

   "Piensas: ‘Ayer me tomé una cerveza y me sentó de maravilla. Hoy vuelve a hacer 35 grados, así que me tomaré otra’. Se convierte en una forma de sobrellevar el calor --comenta Lee--. Hace calor afuera, así que la gente se acostumbra a refrescarse en casa con una cerveza fría o un cóctel con hielo".

   Ese patrón puede ser especialmente perjudicial para los adultos mayores, que ya tienen un mayor riesgo de sufrir enfermedades relacionadas con el calor.

   Ampliar el acceso al aire acondicionado doméstico, a los centros de refrigeración y a otros lugares seguros para refrescarse podría ser de gran ayuda, señala.

   "Beber pequeñas cantidades puede parecer inofensivo, pero no puede ser una solución a largo plazo --advierte-. Necesitamos ayudar a los adultos mayores a elegir formas más saludables de afrontar sus problemas, ya que el consumo repetido de alcohol puede empeorar tanto su salud física como mental. Esa es la mayor preocupación”.

   El estudio también reveló que la relación de una persona con su padre puede influir en si bebe o no durante períodos de calor extremo a medida que envejece.

   Lee explica que parte de esta asociación podría deberse a los propios hábitos de consumo de alcohol de los padres. Los padres que recurrieron al alcohol podrían haber transmitido a sus hijos la idea de beber como estrategia para afrontar sus problemas. Este comportamiento, sumado a una relación conflictiva entre padres e hijos, podría contribuir a la aparición de patrones similares en la edad adulta.

   "Cuando los niños ven a su padre usar el alcohol para sobrellevar sus problemas, ese comportamiento puede marcarlos --advierte--. Durante una crisis más adelante en la vida, beber puede parecerles la forma correcta de manejar el estrés. Estas experiencias tempranas pueden ser difíciles de superar sin el apoyo adecuado".

    Recuerda que "los traumas infantiles pueden moldear las respuestas al estrés a lo largo de la vida. Las adversidades tempranas pueden hacer que los factores estresantes posteriores se sientan más abrumadores y pueden limitar las oportunidades de aprender estrategias de afrontamiento saludables. Cuando el consumo de alcohol se ve reflejado en el hogar, beber puede convertirse en una respuesta habitual —pero perjudicial— al estrés que persiste en la edad adulta":

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