Actualizado 09/12/2015 14:50 CET

Pies planos: una elasticidad mal entendida

Pies planos: una elasticidad mal entendida
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   MADRID, 9 Dic. (INFOSALUS) -

   Desde el punto de vista biomecánico el pie tiene tres puntos de apoyo: antepié, borde externo y retropié. Si se disminuye el arco, el pie cae sobre su parte interna y el eje de carga queda alterado, desplazando el centro de gravedad del cuerpo sobre la parte interna del pie.

   Según explica a Infosalus el doctor Rosendo Ullot, coordinador clínico del Servicio de Traumatología y Ortopedia del Hospital Sant Joan de Deus de Barcelona, en el pie plano valgo infantil el arco longitudinal interno está más bajo. En el niño, entre los 0 y 3 años de edad hay un tejido graso que ocupa esta área, por lo que es habitual no ver arco plantar. A partir de los 3 años este tejido graso va desapareciendo de forma natural, apreciándose entonces el arco interno del pie.

   "Hasta los 5 años podemos ver cambios en el arco plantar debido a la propia historia natural del pie, por lo que no debemos iniciar un tratamiento precoz antes de esta edad", indica el especialista.

   PIES PLANOS VALGOS

   El doctor Ullot señala que es importante distinguir entre el pie plano valgo laxo y el pie plano valgo rígido que son entidades distintas y que deben ser bien diferenciadas durante la exploración. Los casos de peor pronóstico son los de los pies planos rígidos.

LIGAMENTOS MUY ELÁSTICOS

    El pie plano valgo debido a la laxitud articular por una mayor elasticidad en los ligamentos es una condición común entre los niños y tiene buen pronóstico en la mayoría de los casos. No se trata de una alteración ósea ni muscular sino de una hiperlaxitud en los ligamentos que se manifiesta también en otras articulaciones del menor.

   Este aumento en la elasticidad ligamentosa ocasiona un cambio en la orientación de los huesos del pie que, a largo plazo, pueden provocar cambios estructurales en dichos huesos y con ello una alteración en los ejes de los miembros inferiores.

LA LAXITUD DEL PIE PLANO NO SE PUEDE CAMBIAR.

   "La laxitud no se puede cambiar, el pie está bien como está siempre que los huesos a los que da soporte no se deformen por esta condición. El tratamiento consiste en el uso de plantillas a partir de los cinco años de edad que eviten que los pies no se inclinen hacia el interior y que los huesos no se adapten y deformen con el crecimiento", explica el doctor Ullot.

   El zapato debe ser normal y no rígido porque un zapato especial rígido lo único que consigue es que los músculos no puedan realizar su trabajo y desarrollarse como deben. La plantilla evita que el pie se deforme pero quedará igual de plano.

   Si el pie plano valgo flexible no se corrige los pies se inclinan hacia adentro y el eje de carga del pie a nivel subastragalino (en la articulación localizada por debajo del tobillo, entre los huesos astrágalo y calcáneo) está forzado y obliga a que las tibias crezcan en valgo (hacia el interior). Se trata de niños en los que existe la postura en Y invertida en la que se tocan las rodillas y se separan los tobillos, lo que se denomina 'genu valgo'.

EL DESARROLLO NATURAL DEL EJE INFERIOR

   En el desarrollo y crecimiento normal de los niños, entre los 0 y 2 años estos puede tener 'genu varo' (piernas arqueadas), se tocan los tobillos y se separan las rodillas; a partir de los 2 años pasan a tener 'genu valgo', se tocan las rodillas y se separan los tobillos; a los 3 años es cuando existe el máximo de separación para después de esta edad comenzar a normalizarse hasta los 7 años, cuando la alineación de las piernas es la normal.

    Si a partir de los dos años de edad persiste el 'genu varo' es por la existencia de alguna alteración y de igual forma sucede a partir de los siete años si se mantiene el 'genu valgo' porque debería existir ya una normalidad en el eje de los miembros inferiores.

   Un porcentaje elevado de los niños con pie plano valgo laxo desarrollará 'genu valgo'. Si al terminar el crecimiento el eje de los miembros inferiores no es el normal las rodillas son más propensas a desarrollar una artrosis precoz sobre todo si se trata de 'genu varo', que se tolera peor que el 'genu valgo'.

   Aunque el pie plano varo puede existir no es lo habitual, cuando se presenta hay que descartar patologías añadidas y examinar la existencia de una unión anómala entre los huesos.

MEJOR NO INTERVENIR

   El pie plano valgo laxo requiere de una buena exploración para su diagnóstico, que se observe la flexibilidad del pie y la ausencia de molestias, pero no suele necesitar de la realización de radiografías pero si existe rigidez o dolor sí hay que hacer estas imágenes radiológicas.

   En la actualidad se operan pocos pies planos valgos laxos a no ser que sean de un grado máximo que supongan deformidad en la parte medial del pie y dolor. "De la idea de hace unos años de operar en muchos casos se ha pasado a operar en muy pocas ocasiones, porque los pies planos incapacitan poco y no producen molestias importantes. Hay razas con los pies muy planos como la raza negra que no tienen ningún impedimento para ser grandes velocistas y corredores de maratón", señala el doctor Ullot.

    El uso de plantillas, a las que en muchas ocasiones se añade una cuña interna, se indica para compensar el hundimiento del arco del pie, corregir el 'genu valgo' y mejorar el apoyo. Los niños pueden realizar todo tipo de actividad física y deporte.

   "La plantilla no trata de corregir el pie sino de evitar que esta desviación haga que los huesos se adapten y crezcan en un eje que no está bien alineado", concluye el doctor Ullot, que advierte de que esta laxitud articular en los niños requiere de un mayor cuidado en la movilización de las articulaciones que puede superar los rangos de normalidad.

CUANDO LA MOVILIDAD ESTÁ COMPROMETIDA

   La rigidez en la movilidad del pie puede deberse a dos motivos: a la verticalidad del astrágalo, el hueso que se articula con la tibia y el peroné con su cúpula, y a nivel de su cara inferior con el calcáneo, interviniendo de este modo en las articulaciones de tobillo y subastragalina respectivamente; o en segundo lugar a una unión entre los huesos del pie de esta zona (calcáneo, astrágalo y escafoides) que conlleva su rigidez.

   "El astrágalo si está vertical puede actuar como un pasador de una puerta y bloquear la articulación subastragalina que da movilidad al pie y nos permite adaptarnos al suelo", explica el doctor Ullot, actual vicepresidente de la Sociedad Española de Fijación Externa y Reconstrucción del Aparato Locomotor (SEFEx-CR) y presidente saliente de la Sociedad Española de Ortopedia Pediátrica (SEOP).

   En los casos de astrágalo vertical se observa cómo el talón y el torso del pie parecen dirigirse hacia la tibia. Esto puede suceder por una mala posición mantenida en el feto durante el embarazo (pie talo valgo benigno), que se puede corregir con movilizaciones del pie; o bien por una anomalía congénita que va a requerir una intervención (astrágalo vertical).

   Si el pie duele y la articulación subastragalina está inmóvil se trata de una coalición tarsal, es decir, uniones anómalas entre huesos del pie. Por lo general son anomalías congénitas, inicialmente esta unión es fibrosa, con el tiempo se va osificando y bloquea la movilidad de la articulación.

   La unión ósea anómala que presenta una sintomatología más precoz es la unión entre el calcáneo y el escafoides, hacia los 8 o 9 años. En niños entre 10 y 12 años es más frecuente la presentación de la unión entre el astrágalo y el calcáneo. En ambos casos el tratamiento es quirúrgico, operación que años atrás se realizaba mediante cirugía abierta pero que en la actualidad se realiza con cirugía de mínimas incisiones por artroscopia.