Archivo - Adolescentes utilizando el móvil. - FABIO PRINCIPE/ISTOCK - Archivo
MADRID 28 Jul. (EUROPA PRESS) -
La Asociación Española de Pediatría (AEP), a través de su Comité de Promoción de la Salud (CPS), y la Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia (SEMA) han valorado de forma positiva el reciente informe del grupo de expertos de la Comisión Europea para reforzar la seguridad de los menores en el entorno digital, pero han afirmado que debe considerarse un "punto de partida" sobre el que seguir avanzando para garantizar la máxima protección posible.
"Que la Comisión Europea sitúe la protección de la infancia en el centro de la futura regulación digital supone un avance muy importante", ha destacado el coordinador del Comité de Promoción de la Salud de la AEP, Julio Álvarez Pitti. Sin embargo, ambas sociedades científicas confían en que la futura legislación incorpore la última evidencia científica sobre salud infantil y adolescente.
Entre los aspectos positivos del informe, desde la AEP y la SEMA han destacado las propuestas para reforzar los sistemas de verificación de edad, avanzar hacia un diseño más seguro de las plataformas digitales y establecer medidas específicas para proteger a los menores frente a contenidos y funcionalidades potencialmente perjudiciales.
En contraposición, han aseverado que las medidas recogidas son "todavía modestas" si se comparan con las planteadas por la AEP en su Plan Digital Familiar (PDF), una guía de recomendaciones para el entorno digital de niños y adolescentes, que se lanzó en 2023 y ha ido actualizándose conforme a la evidencia científica disponible.
Como ejemplo de las carencias del informe europeo, las sociedades científicas han aludido a la falta de recomendaciones específicas de tiempo de uso a partir de los tres años de edad. El documento de la AEP, en cambio, recoge "amplia evidencia científica" que plantea una mayor protección en las primeras etapas de la vida.
Así, se aconseja evitar cualquier exposición a pantallas entre los cero y los seis años, salvo excepciones para contacto social y bajo supervisión de un adulto. Entre los siete y los 12 años, se recomienda no superar una hora diaria de uso, con independencia del tipo de dispositivo o plataforma utilizada, y entre los 13 y los 16, menos de dos horas, incluyendo el tiempo escolar y los deberes.
PROTEGER A LOS ADOLESCENTES
En cuanto a las redes sociales, la propuesta europea establece restringir el acceso hasta los 13 años y dejar a partir de esa edad un margen mayor de autonomía progresiva. Los pediatras españoles, por su parte, han aconsejado retrasar todo lo posible a partir de los 13 años la edad de adquisición del primer móvil inteligente con conexión a internet, así como el acceso a redes sociales.
De este modo, los especialistas españoles buscan proteger también el inicio de la adolescencia, ya que, como ha señalado la presidenta de SEMA, María Angustias Salmerón, esta etapa sigue siendo "especialmente vulnerable" para el neurodesarrollo.
Durante la adolescencia, las áreas cerebrales relacionadas con la recompensa, la búsqueda de aceptación social y la respuesta emocional maduran antes que las responsables del autocontrol, la planificación y la toma de decisiones, lo que favorece una mayor vulnerabilidad frente a los mecanismos de diseño persuasivo de muchas plataformas digitales, especialmente aquellos orientados a maximizar el tiempo de uso y la interacción.
IMPACTO EN LA SALUD
AEP y SEMA han insistido en que sus recomendaciones están basadas en la evidencia científica, que muestra que el uso inadecuado de pantallas y redes sociales tiene efectos perjudiciales para la salud, como alteraciones de la calidad y la duración del sueño, mayor sedentarismo y aumento del riesgo de sobrepeso y problemas cardio metabólicos.
Asimismo, se asocia con fatiga visual y miopía progresiva, además de repercusiones sobre el aprendizaje, la atención y el neurodesarrollo. La evidencia también describe una mayor frecuencia de síntomas de ansiedad y depresión, problemas de autoestima, dificultades para la regulación emocional y conductas de uso problemático, especialmente durante la adolescencia.
Por todo ello, han abogado por abordar la protección de la infancia en el entorno digital como una cuestión de salud pública, con ayuda no solo de la regulación, sino también de la educación digital y el acompañamiento familiar y escolar.
"No se trata de demonizar la tecnología, sino de conseguir que se diseñen servicios que permitan que se pueda aprovechar el potencial en entornos que por defecto protejan su salud, su bienestar y su desarrollo", ha afirmado Álvarez Pitti.