Archivo - Niño cepillándose los dientes. - FAMVELD/ISTOCK - Archivo
MADRID 18 May. (EUROPA PRESS) -
Las caries no tratadas en los dientes de leche de los niños pueden provocar sensibilidad de frío o calor, molestias al masticar e incluso dolor persistente que altere el descanso o haga que rechacen determinados alimentos, según la jefa de Sección de Urgencias y Consultas Pediátricas del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja, Mª Jesús Cuscó.
Al mismo tiempo, si la lesión avanza, también pueden afectar al espacio que necesitan los dientes definitivos para erupcionar correctamente y favorecer problemas posteriores en la mordida o en la alineación dental.
Los primeros dientes, que suelen salir alrededor de los seis meses, marcan también el inicio del riesgo de caries. Aunque se trate de dientes temporales, su cuidado, según la especialista, resulta "esencial" porque participan en la alimentación, en el desarrollo del habla y en el mantenimiento del espacio que después ocuparán los dientes definitivos. Por eso, una caries en la primera infancia "no debe interpretarse como un problema menor ni aplazarse hasta que aparezcan molestias evidentes".
Las caries, en muchas ocasiones, comienzan con pequeñas manchas blancas cerca de la encía o con cambios de color en el esmalte que pueden pasar desapercibidos porque no siempre va a acompañado de dolor. Aun así, cuando la lesión progresa, es frecuente que aparezca sensibilidad al comer o beber y que el diente empiece a deteriorarse con rapidez.
Uno de los factores que aumenta el riesgo es la exposición frecuente a azúcares, especialmente, durante la noche. Esto puede ocurrir cuando el bebé se duerme con el biberón, toma leche o zumos antes de dormir o utiliza chupetes impregnados en sustancias dulces.
Durante el sueño, como ha explicado la pediatra, disminuye la producción de saliva y la boca queda más expuesta a la acción de las bacterias. En esta etapa, además, el esmalte dental es más vulnerable y las lesiones pueden "avanzar con rapidez si no se detectan a tiempo". Ante esta situación, los especialistas de Sanitas Dental han recordado algunas medidas que ayudan a reducir el riesgo de caries.
HIGIENE ORAL DESDE EL PRIMER MOMENTO
La primera de ellas es la higiene oral desde los primeros meses, por lo que una vez que erupcione el primer diente temporal, es "obligado" comenzar con la higiene dental y de encías, al menos dos veces al día, con un cepillo dental de lactantes.
Este cuidado temprano, además de reducir la acumulación de bacterias desde las primeras etapas para proteger sus dientes temporales, ayuda a establecer "unos buenos hábitos de cuidados bucales que lo acompañarán el resto de su vida".
Además, es aconsejable revisar el consumo de azúcar a lo largo del día y más allá de la cantidad, influye la frecuencia con la que el niño toma zumos, chucherías o alimentos pegajosos entre comidas. De hecho, la exposición continua favorece la desmineralización del esmalte y aumenta el riesgo de caries en edades tempranas.
Por otro lado, el uso de pasta fluorada debe seguir las indicaciones del profesional sanitario y la higiene necesita participación y supervisión adulta durante los primeros años, ya que, en muchos casos, los niños no tienen la habilidad motora suficiente para realizar un cepillado eficaz por sí solos, hasta aproximadamente los 7 años.
Por último, Mª Jesús Cuscó ha recordado que mantener revisiones odontopediátricas periódicas es necesario antes de que el niño cumpla un año, ya que el seguimiento periódico ayuda a detectar lesiones iniciales que muchas veces solo se manifiestan como "una pequeña mancha blanca o un cambio leve en el esmalte y podrían pasar desapercibidas por los padres".