Publicado 27/05/2021 14:44CET

No es Sano denuncia el "abandono" de la inversión pública en vacunas en favor de las farmacéuticas

27 May 2021, Brandenburg, Potsdam: Doctor Christoph Borch gives a woman a shot of a Coronavirus vaccine at the Babelsberg Vaccination Center in the Metropolishalle. Beforehand, the Digital Vaccination Card was presented during a press event. Experience wi
27 May 2021, Brandenburg, Potsdam: Doctor Christoph Borch gives a woman a shot of a Coronavirus vaccine at the Babelsberg Vaccination Center in the Metropolishalle. Beforehand, the Digital Vaccination Card was presented during a press event. Experience wi - Soeren Stache/dpa-Zentralbild-Po

MADRID, 27 May. (EUROPA PRESS) -

La campaña No es Sano ha revelado la "enorme inversión" de los Gobiernos de todo el mundo en las vacunas contra la COVID-19 y ha denunciado el "abandono de esa inversión en manos de las compañías farmacéuticas".

Así consta en el informe 'La vacuna: un bien público global para afrontar una pandemia', presentado este jueves, que analiza en detalle las principales vacunas que existen a nivel global, su origen, la financiación pública que tiene su desarrollo, aspectos relativos a la propiedad intelectual, los acuerdos de compra y sus diferentes precios.

Según se recoge en el documento, desde que comenzó la pandemia la inversión pública y filantrópica solo en investigación y desarrollo de las vacunas (sin tener en cuenta las aportaciones para otros asuntos, como el aumento de la capacidad de producción y de distribución de las dosis) suma casi 5.000 millones de euros. La mayor parte de esa inversión pública, más de un 98 por ciento, procede de los Gobiernos y está liderada por Estados Unidos y Alemania. Entre las compañías que más dinero público han recibido se encuentran Moderna, Janssen, CureVac y la alianza Pfizer/BioNTech. Juntas acaparan más de la mitad de esa financiación pública.

Sin embargo, los estudios que han dado lugar a estas vacunas comenzaron mucho antes de la pandemia y también gracias al dinero público. El informe pone como ejemplo las investigaciones de ARN mensajero (empleadas por las exitosas Pfizer, Moderna y CureVac) que llevan en marcha cuatro décadas; o el caso de AstraZeneca, que fue una de las más rápidas en desarrollarse gracias a los ensayos clínicos con otro coronavirus que ya se habían realizado previamente en la Universidad de Oxford.

"A pesar de que, en los inicios de la pandemia, muchos Gobiernos insistieron en que las vacunas debían considerarse bienes públicos globales y de las grandes inversiones de dinero público que han realizado, ni los Estados ni las agencias financiadoras han hecho valer este esfuerzo", lamenta No es Sano.

En este sentido, denuncian que los contratos de financiación "no incluyen condiciones que garanticen aspectos tan relevantes como que las vacunas producto de esa inversión pública tengan un precio justo o que esté asegurado el acceso completo a los datos". "Al contrario, todo ese conocimiento ha terminado en manos de las compañías que tienen licencias exclusivas e imponen la confidencialidad sobre todo tipo de acuerdos de producción y distribución alcanzado con Gobiernos y organismos internacionales. A esto hay que añadir que, a pesar de estar en mitad de una pandemia, definen los precios de las vacunas según las reglas del mercado", detallan.

"UN REPARTO DESIGUAL"

El informe calcula que más de 8.870 millones de dosis se han comprometido en compras avanzadas a nivel global, unos 7.750 millones a través de acuerdos bilaterales y 1.120 millones a través del Mecanismo COVAX. Del total, el 53 por ciento, más de 4.700 millones, han sido reservadas por los países ricos; mientras, los países de rentas medias y bajas solo tienen aseguradas apenas un 17 por ciento del total. Al mismo tiempo, países como Reino Unido o Canadá podrían llegar a vacunar más de tres veces y casi cuatro veces a toda su población, respectivamente.

No es Sano apunta que las farmacéuticas calcularon una producción de 9.500 millones para 2021 y hasta ahora solo han distribuido algo más de 1.680 millones. "Las compañías propietarias de las patentes y los conocimientos técnicos han mantenido el control de la producción y se niegan a compartir el conocimiento. Prueba de ello es su rechazo a C-TAP, un mecanismo impulsado por la OMS para compartir voluntariamente los datos y la propiedad intelectual con otras empresas", critican.

"En cambio, han alcanzado acuerdos bilaterales con compañías socias para la producción completa de las dosis o, en otros muchos casos, cediendo parcialmente sus conocimientos y subcontratando solo algunas etapas, como la producción de la sustancia activa o el llenado y terminado de viales", insisten.

El informe esgrime al respecto que "existe una potencial capacidad de producción en Asia, América Latina y África que está siendo desaprovechada". "Países como Bangladesh o Vietnam podrían sumarse y otros que ya están produciendo podrían tener una capacidad mucho mayor, como Argentina, India o Estados Unidos y también en Europa. Los acuerdos que han tenido lugar hasta ahora han demostrado que las compañías socias necesitan unos seis meses para ponerse a punto y comenzar la producción", esgrimen.

Entre otras medidas, el informe recomienda a los Gobiernos, farmacéuticas y centros de investigación se sumen a C-TAP. Asimismo, pide a los Estados que apoyen la iniciativa promovida por India y Sudáfrica para suspender temporalmente las patentes y otros derechos de propiedad intelectual, así como realizar los procesos de transferencia de tecnología y de 'know how' necesarios para incrementar producción, capacidades y distribución. "Ambas propuestas acelerarían el intercambio de conocimientos, el desarrollo y la producción, no solo de vacunas, sino de todas las tecnologías necesarias para la lucha contra la COVID-19", concluyen.

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