¿Un 'interruptor' que apague el dolor? Más cerca una terapia que lo alivie sin generar adicción

El nuevo enfoque se centra únicamente en las señales de dolor y deja intacto el resto del cerebro

Archivo - Medicamentos, opioides
Archivo - Medicamentos, opioides - DNY59/ ISTOCK - Archivo
Infosalus
Publicado: viernes, 9 enero 2026 7:59

    MADRID, 9 Ene. (EUROPA PRESS) -

   Un estudio preclínico ha descubierto una nueva terapia genética que ataca los centros de dolor en el cerebro y al mismo tiempo elimina el riesgo de adicción a los tratamientos con narcóticos, un avance que podría brindar esperanza a los millones de personas que viven con dolor crónico.

   Lidiar con el dolor crónico puede ser como escuchar una radio con el volumen al máximo, y hagas lo que hagas, el ruido nunca parece disminuir. Los opioides, como la morfina, actúan bajando el volumen, pero también afectan otras partes del cerebro, lo que a veces provoca efectos secundarios peligrosos o incluso adicción.

    La nueva terapia genética potencial es similar a al botón del volumen que sólo reduce la estación del dolor y deja todo lo demás intacto, según una investigación de equipos de la Facultad de Medicina y la Facultad de Enfermería Perelman de la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos), junto con colaboradores de la Universidad Carnegie Mellon y la Universidad de Stanford, publicada en la revista 'Nature'.

   "El objetivo era reducir el dolor y, al mismo tiempo, disminuir o eliminar el riesgo de adicción y los efectos secundarios peligrosos --explica el doctor Gregory Corder, coautor principal y profesor adjunto de Psiquiatría y Neurociencia en Penn--. Al actuar sobre los circuitos cerebrales precisos sobre los que actúa la morfina, creemos que este es un primer paso para ofrecer un nuevo alivio a las personas cuyas vidas se ven trastocadas por el dolor crónico".

   La morfina es un narcótico derivado del opio con un alto potencial de abuso, ya que los pacientes que la consumen pueden desarrollar tolerancia, requiriendo dosis cada vez mayores para lograr la misma reducción del dolor.

   Mediante imágenes de las células cerebrales que actúan como rastreadores del dolor, el equipo descubrió nuevos conocimientos sobre cómo la morfina alivia el sufrimiento.

   A partir de allí, construyeron una plataforma de comportamiento de modelo de ratón impulsada por inteligencia artificial que rastrea los comportamientos naturales, crea una lectura de los niveles de dolor y ayuda a medir cuánto tratamiento se necesita para aliviar el dolor.

   Esta lectura, utilizada como una especie de mapa, permitió al equipo diseñar una terapia génica dirigida que imita los efectos beneficiosos de la morfina, pero evita los adictivos, a la vez que proporciona un "interruptor de desactivación" específico para el dolor cerebral. Al activarse, este interruptor proporciona un alivio duradero del dolor sin afectar la sensibilidad normal ni activar las vías de recompensa que pueden provocar adicción.

    "Hasta donde sabemos, esto representa la primera terapia génica del mundo dirigida al sistema nervioso central para el dolor y un modelo concreto para una medicina del dolor no adictiva y específica para cada circuito", resalta Corder.

ALIVIAR EL DOLOR SIN GENERAR OTRO PROBLEMA

   Los resultados son la culminación de más de seis años de investigación impulsada por un Premio Nuevo Innovador de los Institutos Nacionales de Salud que permitió a Corder y sus colegas investigar los mecanismos del dolor crónico.

   En 2019, se atribuyeron 600.000 muertes al consumo de drogas en Estados Unidos, el 80 % de las cuales estaban relacionadas con opioides. Casi la mitad de los habitantes de Filadelfia que respondieron a una encuesta de Pew de 2025 informaron conocer a alguien con trastorno por consumo de opioides (TUO). Un tercio conocía a alguien que había fallecido por sobredosis.

   El dolor crónico, conocido por algunos como una 'epidemia silenciosa', afecta a aproximadamente 50 millones de estadounidenses, con un costo anual de más de 635 millones de dólares en gastos médicos directos y costos indirectos por pérdida de productividad, incluyendo ausencias laborales y reducción de la capacidad de generar ingresos. Ahora, estos hallazgos tienen el potencial de ayudar a aliviar ese dolor -o, silenciar el ruido- en algunos casos, si la ciencia se confirma mediante pruebas adicionales y ensayos clínicos.

   El equipo está avanzando con Michael Platt, profesor de la Universidad James S. Riepe, profesor de Neurociencia, profesor de Psicología, en la siguiente fase de trabajo como un puente esperanzador hacia futuros ensayos clínicos.

   "El camino desde el descubrimiento hasta la implementación es largo, y este representa un primer paso importante --afirma Platt--. Como científico y familiar de personas afectadas por dolor crónico, el potencial de aliviar el sufrimiento sin agravar la crisis de opioides es emocionante".

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