Problemas de la alimentación actual: procesados y etiquetado

Supermercado, producto, etiqueta
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Publicado 18/05/2018 8:45:33CET

MADRID, 18 May. (EDIZIONES) -

Nuestra dieta no es todo lo rica en nutrientes que debería ser por varias cuestiones. Entre los principales problemas que tiene la alimentación actual, se encuentran la publicidad, la oferta de los comercios, las costumbres arraigadas y la poca conciencia medioambiental.

La alimentación hoy en día está cargada de productos procesados, de aditivos, de pesticidas, de hormonas de crecimiento, y es muy baja en nutrientes esenciales. "Todo ello afecta al metabolismo energético de las personas, al sistema endocrino, al digestivo, al circulatorio y al inmune, principalmente", según alerta a Infosalus María Moreno, dietista-nutricionista del Colegio Oficial de Dietistas Nutricionistas de Navarra.

Otro de los inconvenientes que señala es que hoy en día se prima más el comer más rápido o el cocinar todo antes, y además no se le dedica el tiempo necesario que se merece a la comida, y se come viendo la televisión o leyendo el móvil, por ejemplo. "Es necesario priorizar nuestra alimentación porque es priorizar nuestra salud", subraya la también experta en nutrición deportiva.

EL PROBLEMA DE LOS PRODUCTOS PROCESADOS

En concreto, destaca la promoción que se le concede a los productos procesados, a los que se añaden aditivos adictivos, que nos hacen querer más y más , y precisamente no son saludables. "Normalmente no te empachas a legumbres o a verduras, pero sí te llenas con cereales refinados (arroz, o pasta por ejemplo) que no tienen ningún valor nutricional", advierte.

Según indica, se entiende por "alimento procesado" a cualquier alimento que está manipulado por el hombre, que contiene ingredientes añadidos, y que normalmente es alto en sal y en azúcar y en aditivos químicos. "Un alimento fresco es aquel que sólo tiene un ingrediente, máximo dos o tres", precisa.

¿Qué soluciones podemos aportarle a nuestra dieta actual? Moreno sostiene que lo conveniente es comprar a ser posible alimentos frescos; leer siempre el etiquetado nutricional, sobre todo la lista de ingredientes más que la tabla; cocinar uno mismo las salsas o la bollería, que no se encuentren en la lista de la compra básica; que éstas se consuman de forma ocasional; y finalmente olvidarse de las dietas, porque debe tratarse de un hábito adquirido, que se hace por gusto, y que no se siga como propósito de Año Nuevo que acaba en nada.

"La solución es una alimentación consciente tanto con nuestro cuerpo como con el medio ambiente. Además, a la hora de comprar es vital leer el etiquetado nutricional y centrarnos en la lista de ingredientes; a la hora de hacer la compra hay que evitar comprar productos procesados, comprarlos de forma puntual; y siempre primar en el carro de la compra alimentos locales y de proximidad. Asimismo es conveniente evitar el consumo excesivo de plástico", asegura.

Según destaca, la alimentación deseada debería ser rica en alimentos frescos, de temporada, de proximidad y no contaminados, ni procesados. De hecho, un 80% de la dieta deberían ser alimentos sin procesar. "En los supermercados el 80% de los productos son procesados o ultraprocesados, y el 20% son frescos o empaquetados no procesados, como los frutos secos o los cereales como la avena, por ejemplo", advierte la especialista en nutrición.

CÓMO ENTENDER EL ETIQUETADO

Para mejorar nuestra alimentación, Moreno ve fundamental saber leer bien las etiquetas de los productos. Así, entiende que cuantos más ingredientes contenga la lista en la etiqueta el producto será peor, puesto que el alimento estará más procesado. Aquí resalta que los más importantes son los tres primeros (aparecen en la lista de mayor a menor cantidad) y hay que evitar que entre ellos se encuentren el azúcar, las grasas transaturadas o hidrogenadas, así como cualquier aditivo químico que no conozcamos.

En la tabla nutricional dice que es importante fijarse en la cantidad de sodio y, a ser posible, que contenga menos de 150-200mg/ 100gramos de producto. En los hidratos de carbono, Moreno precisa que hay que fijarse especialmente en los azúcares, que contengan menos de 5 a 10 gramos por ración recomendada; y en los polialcoholes (unos edulcorantes naturales, en general muy indigestos, y que producen muchos gases), que estuvieran en menos de 10 gramos por ración. En último lugar, hay que mirar la fibra, y que halla más de dos gramos por ración.

Asimismo, pide prestar atención a las sustancias tóxicas que pueden contener los alimentos: las grasas transaturadas, el jarabe o sirope de maíz (alto en fructosa), el aspartamo (un edulcorante muy cancerígeno que se encuentra en muchas sustancias sin azúcar o light), colorantes , nitritos y nitratos, hormonas de crecimiento (se suministran a los animales en los piensos tanto en lácteos como en carnes).

Igualmente, aquí se encontrarían el glutamato monosódico (potenciador del sabor muy tóxico que aparece en sopas de sobre, avecrem, vinagretas y productos muy salados), antibióticos que se les dan al ganado, pesticidas en frutas y verduras no orgánicas, y luego hay dos sustancias, el hidroxibutilanisol y el butilhidroxitolueno (BHT) que se encuentran en cereales de desayuno, chicles, en patatas fritas y en los aceites vegetales procesados.

Por último, la experta en nutrición llama la atención sobre el "lenguaje engañoso" de los paquetes y las etiquetas que muchas veces se les colocan, de productos sin azúcar, cuando en realidad siguen conteniendo edulcorantes incluso más dañinos que la propia azúcar refinada. "No tienen calorías pero son más nocivos para el organismo", alerta.

Sobre las versiones sin gluten dice que suelen ser mucho más calóricas que la versión original porque para que tengan la misma consistencia les añaden el doble de grasa. En cuanto a los productos light o bajos en grasa señala que para que sepan igual les quitan grasa pero les añaden azúcar para que sepa igual. Igualmente, pide fijarse con los panes integrales y que el principal ingrediente sea la harina integral. También hay que atender en su opinión al azúcar, que muchas veces se camufla en forma de sucralosa, dextrosa, o jarabe de maíz, por ejemplo.