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El síndrome del cuidador quemado: consejos para quienes cuidan de dependientes o ancianos

Pareja adulta, dependencia por demencia
GETTY
Publicado 03/12/2017 8:14:35CET

   MADRID, 3 Dic. (EDIZIONES) -

    Cuidar a una persona mayor dependiente significa ayudarle, respondiendo a sus necesidades básicas, e intentando mantener su bienestar con la mayor calidad y calidez. El cuidador principal es la persona que asume la responsabilidad de cuidar y la supervisión de los cuidados. Generalmente, esta responsabilidad recae siempre en una persona, aunque puede apoyarse en otras. Esto requiere responsabilizarse de todos los aspectos de la vida del dependiente: higiene, alimentación, vestido, medicación, o seguridad, por ejemplo.

   Estas personas adquieren una responsabilidad que les lleva a perder paulatinamente su propia autonomía, y lo peor de todo es que no saben durante cuánto tiempo va a ser así. Tener que afrontar esa sobrecarga física y emocional que supone la dedicación continuada al cuidado muchas veces conlleva a la persona cuidadora hasta el límite y a verse sobrepasado por la situación. El cuidador se desgasta emocional y físicamente, y eso puede generar rechazo hacia el dependiente. Todo ello puede desembocar en el llamado 'síndrome del cuidador quemado o burn out'.

   SUPER Cuidadores es una empresa vinculada con la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) dedicada al ámbito sociosanitario de las personas mayores y dependientes. Su portavoz, Adrián Levy, explica en una entrevista con Infosalus, que esta afección se caracteriza por un profundo desgaste emocional y físico de la persona que cuida al dependiente. Además, destaca que, si cuidador y dependiente conviven, este desgaste es aún mayor.

   "Si el cuidador reprime con mucha frecuencia sus sentimientos y emociones, aumenta la presión que soporta. Esto puede desembocar en actitudes y sentimientos negativos hacia la persona dependiente, además de desmotivación, depresión, angustia, agobio, irritabilidad e incluso violencia, estrés y frustración", sostiene.

   De esta forma, dice el especialista, los cuidadores pueden empezar a sufrir alteraciones físicas, emocionales y sociales: Cansancio, falta de apetito, alteraciones del sueño, solores musculares, palpitaciones, abandono de su aspecto físico, tristeza, sentimientos de culpa, disminución de la autoestima, cambios de humor, irritabilidad, dificultad para concentrarse, pérdida de memoria, ruptura de las relaciones con familiares y amigos, desinterés por actividades que anteriormente realizaba, soledad y sentimiento de aislamiento.

   Entre otros, Levy sostiene que para superar esa sobrecarga que sufre el cuidador es necesario: Cuidar la salud y acudir con regularidad al médico, vigilar el descanso, respetar los horarios de comida y mantener una dieta equilibrada, diseñar un plan de cuidados, priorizar las actividades y distribuir el tiempo y el esfuerzo que se dedica a cada una.

   "Aprenda a decir no ante solicitudes no urgentes. Mantenga una actitud optimista y motivadora para evitar caer en la monotonía. Dedique un tiempo al día para hacer algo que le guste sin que le cree remordimientos. Aprenda a relajarse y a actuar con paciencia en situaciones que puedan desbordarle", aconseja la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) en este sentido.

   A su vez, ve conveniente fomentar la autoestima, valorando todo lo que se hace día a día, además de buscar información y asesoramiento profesional sobre recursos y ayudas sociales, así como utensilios y productos de apoyo para el cuidado, así como realizar aquellas actividades o aficiones que le gratifican. En caso de que los cuidados no permitan salir con frecuencia a la calle, utilizar el teléfono para seguir comunicándose con los amigos o familiares.

    Para solventar esta situación, desde SUPER Cuidadores subrayan que lo importante es no dejar siempre la responsabilidad en una única persona, apoyarse en la familia y en los amigos, recuperar ese espacio personal, de ocio.

LISTADO DE CONSEJOS PARA EL CUIDADOR

   Para mejorar la calidad de vida de quienes cuidan sería conveniente:

   1.- Pedir ayuda (a familiares, amigos, profesionales o Grupos de Ayuda Mutua -GAM-). Hay que asumir que uno ha llegado al límite de sus fuerzas si esta situación se produce, sin miedo y sin sentimiento de culpa.

   2.- El sacrificio total no tiene sentido. Por eso, el cuidador nunca debe olvidarse de sí mismo. Tiene que preocuparse por su alimentación y procurar realizar ejercicio físico, ya que así se eliminarán las toxinas del cuerpo y se despejará la mente.

   3.- Tomarse descansos diarios es muy positivo. Por ejemplo, es bueno reservarse una hora diaria para asuntos propios y un descanso semanal fuera del contacto directo con el dependiente. Hacer planes con amigos y familiares debe ser una prioridad.

   4.- Debemos aprender a poner límite a las demandas que sean excesivas por parte de la persona a la que se cuida. Hay que saber decir no, sin sentirse culpable por ello. Al igual que es importante manifestar las propias frustraciones, los temores y los resentimientos como vía de escape emocional.

   5.- Otro punto importante es marcarse objetivos a corto plazo que sean factibles a la hora de cuidar. Para eso, hay que planificar las actividades semanales y diarias, estableciendo qué es lo más importante. Una mejor gestión del tiempo proporcionará mayor sensación de control sobre la situación.

   6.- Y por último, tanto en beneficio del cuidador como del cuidado, es aconsejable fomentar la autonomía del dependiente. Hay que fomentar que realice todas aquellas actividades que pueda por sí mismo, aunque lo haga lento o mal.

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