Verano, ¿cómo evitar que los pies sufran?

Sandalias para verano
PIXABAY - Archivo
Publicado 06/06/2018 11:50:24CET

   VALÈNCIA, 6 Jun. (EUROPA PRESS) -

   El Ilustre Colegio Oficial de Podólogos de la Comunidad Valenciana (ICOPCV) aconseja realizar un cambio progresivo al calzado de verano para evitar afecciones a los pies, en los que las laceraciones son las dolencias "más comunes", lo que puede ser "especialmente peligroso" en el caso de personas diabéticas o inmunodeprimidas.

   Los podólogos han subrayado que poner atención al modo en el que se realiza la transición de un calzado cerrado al calzado descubierto de verano es "muy importante" para evitar afecciones, especialmente importante en el caso de las personas diabéticas, que no cicatrizan bien y cualquier pequeña herida puede derivar en una úlcera, y en el caso de las inmunodeprimidas porque al tener alterado el sistema inmunológico pueden generar infecciones complicadas y difíciles de curar.

   Las dolencias más comunes en esta época del año son las ampollas y las laceraciones. "Hay que tener en cuenta que con la llega de esta época tan calurosa, los pies tienden a hincharse y aumenta la sudoración. Por eso, si pasamos de un calzado muy cerrado a sandalias directamente, estaremos incrementando exponencialmente la posibilidad de sufrir laceraciones", ha afirmado Maite García, presidenta del ICOPCV.

   El Colegio de Podólogos de la Comunidad Valenciana han elaborado un decálogo con recomendaciones básicas para hacer un cambio de calzado de una forma adecuada y favorecer la salud del pie son utilizar pinkies si el calzado lo permite; deben ser de algodón y evitarse las fibras sintéticas porque incrementan la sudoración del pie; no pasar de la bota cerrada a la sandalia, sino comenzar con el uso de un mocasín o similar, por ejemplo y escoger un calzado fabricado con materiales naturales y flexibles.

   Asimismo, si se usa un calzado nuevo, no realizar largas caminatas nada más estrenarlo, lo que es "especialmente importante" en esta época del año porque el pie va descubierto y no hay, ni siquiera, un calcetín que pueda hacer de barrera y proteger la piel. Además, el calzado sólo se puede utilizar de un año para otro si la suela no está muy desgastada y no se observan deformaciones.

   En caso de que se observe que el calzado está "viciado", hay que sustituirlo. Además, esto será indicativo de que la persona no camina adecuadamente generando desgastes anormales indicativos de una marcha inadecuada . En este caso, será imprescindible acudir al podólogo para hacer un estudio de la pisada y realizar las compensaciones necesarias a través de plantillas para evitar sobrecargas que pudieran afectar tanto a los pies como al resto del aparato locomotor.

   Si el calzado en la zona del empeine está desgastado o dado de sí, como puede suceder con las sandalias, también es importante sustituirlo porque al no sujetar adecuadamente el pie, no hay contención y puede propiciar sufrir esguinces en tobillos y producir más fricción en la piel generando más ampollas de lo que podría considerarse "normal".

   Además, es importante evitar llevar un calzado "excesivamente apretado" porque el exceso de contención y sujeción puede provocar un adormecimiento de los dedos de los pies debido a la compresión nerviosa que genera. Un calzado muy justo de talla o muy prieto puede provocar que se hinchen los pies porque no permite a la circulación venosa de retorno seguir su curso e, incluso, producir alteraciones y/o patologías en las uñas por estar en contacto continuo con el zapato ya que da lugar a microtraumatismos de repetición en ellas.

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