Actualizado 02/11/2021 16:58 CET

Los vacunados que pasaron la COVID-19 suelen tener más anticuerpos

Archivo - Abs COVID-19 antibody - 3d rendered image structure view on black background.  Viral Infection concept. MERS-CoV, SARS-CoV, ????, 2019-nCoV, Wuhan Coronavirus. Antibody, Antigen, Vaccine concept.
Archivo - Abs COVID-19 antibody - 3d rendered image structure view on black background. Viral Infection concept. MERS-CoV, SARS-CoV, ????, 2019-nCoV, Wuhan Coronavirus. Antibody, Antigen, Vaccine concept. - KOTO_FEJA/ ISTOCK - Archivo

MADRID, 2 Nov. (EUROPA PRESS) -

Investigadores de Johns Hopkins Medicine (Estados Unidos) han demostrado que los niveles de anticuerpos contra el SARS-CoV-2, el virus que provoca la COVID-19, son más duraderos (es decir, permanecen más altos durante un periodo de tiempo prolongado) en las personas que fueron infectadas por el virus y luego recibieron la protección de dos dosis de la vacuna de ARN mensajero (ARNm) en comparación con las que solo se vacunaron.

"Este hallazgo contribuye a nuestra comprensión del funcionamiento de la inmunidad contra el SRAS-CoV-2 y se basa en un estudio anterior de nuestro equipo que demostró que las vacunas de ARNm producían una sólida respuesta de anticuerpos, incluso si una persona no desarrollaba síntomas significativos tras la vacunación o no tenía una infección previa por el SRAS-CoV-2", afirma Aaron Milstone, autor principal del estudio, que se ha publicado en la revista 'Journal of the American Medical Association'.

Las dos vacunas de ARNm evaluadas en el estudio introducen en el sistema inmunitario del organismo el S1, una subunidad proteica que es un componente de los picos que se encuentran en la superficie del SARS-CoV-2.

Los picos permiten que el virus se adhiera a las células sanas y las infecte. Los anticuerpos de inmunoglobulina G, provocados por la S1 de las vacunas que estimulan el sistema inmunitario, neutralizan las partículas del virus, impidiendo la infección por el SARS-CoV-2 o, al menos, reduciendo la gravedad de la enfermedad.

Para su estudio, los investigadores hicieron un seguimiento de 1.960 trabajadores sanitarios del Johns Hopkins Medicine que habían recibido las dos dosis de las vacunas Pfizer/BioNTech o Moderna, incluyendo a 73 personas que tenían un resultado positivo en la PCR antes de la primera dosis de la vacuna. Los 73 se dividieron en dos grupos: los que se infectaron a los 90 días o más cerca de la primera dosis de la vacuna, y aquellos cuya exposición al virus fue más de 90 días antes de la inyección inicial.

Tras ajustar el tipo de vacuna, la edad y el sexo, se compararon los niveles de anticuerpos de los que tenían y no tenían una infección previa por el SRAS-CoV-2 al cabo de uno, tres y seis meses de la segunda dosis de la vacuna. Además, se compararon los niveles de anticuerpos al mes y a los tres meses de la segunda dosis entre los dos grupos con infección previa por SARS-CoV-2.

"Descubrimos que los trabajadores sanitarios con una infección previa por el SARS-CoV-2 seguida de dos dosis de la vacuna de ARNm (por tanto, tres exposiciones independientes a la proteína de espiga S1) desarrollaron niveles de anticuerpos más elevados que los que solo se vacunaron. Las diferencias relativas fueron un 14 por ciento más altas al mes de la segunda dosis de la vacuna, un 19 por ciento a los tres meses y un 56 por ciento a los seis meses", detalla otra de las líderes de la investigación, la doctora Diana Zhong.

Los participantes en el estudio con una infección por SARS-CoV-2 confirmada por PCR más de 90 días antes de su vacunación inicial tenían niveles de anticuerpos ajustados un 9 por ciento (un mes después de la segunda dosis de la vacuna) y un 13 por ciento (tres meses después de la segunda dosis de la vacuna) más altos que los que estuvieron expuestos al virus menos o igual a la marca de 90 días.

"Esto sugiere que un intervalo más largo entre la infección y la primera dosis de la vacuna puede mejorar la respuesta de los anticuerpos", afirma Milstone, quien puntualiza que es necesario seguir investigando para determinar si el aumento de la durabilidad tras la vacunación en personas previamente infectadas es atribuible al número de exposiciones al virus, al intervalo entre ellas o a la interacción entre la inmunidad natural o la derivada de la vacuna.