Archivo - Tusi o tusibí: qué hay detrás de la llamada 'cocaína rosa' - PATTADIS WALARPUT/ ISTOCK - Archivo
MADRID 14 (EDIZIONES)
Su color rosa y su nombre pueden llevar a engaño: el tusi, también conocido como 'tusibí' o 'cocaína rosa', no tiene una composición fija y puede ni siquiera contener cocaína. Bajo esa denominación se venden mezclas en las que suelen identificarse ketamina y MDMA, con efectos difíciles de prever.
El psicólogo Ernesto Tarragón, director académico e investigador en neurociencia de las conductas adictivas de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), explica en exclusiva a Europa Press Salud Infosalus qué riesgos entraña desconocer lo que se consume y por qué combinarlo con alcohol u otras drogas puede agravar una intoxicación.
"El tusi es engañoso porque no es cocaína. Es un polvo que mezcla varias sustancias, principalmente ketamina y MDMA. Algunos análisis encuentran también cafeína, pero en proporciones muy bajas con respecto a las dos primeras. La cocaína aparece de forma testimonial. Ni el color, ni el nombre, dicen nada fiable sobre lo que se está consumiendo", subraya este experto.
HAY QUE VIGILAR LOS CUADROS MIXTOS DE CONSUMO
Así, recuerda que, según los últimos datos oficiales del 2023, el alcohol, los hipnosedantes, la cocaína, y el cannabis siguen siendo las sustancias más presentes en las urgencias relacionadas con drogas y, más concretamente, cita que el informe del Ministerio de Sanidad sobre consumo de alcohol y otras drogas de 2025 sitúa en un 0,7% la prevalencia de quienes dicen haber probado alguna vez la cocaína rosa en el rango de 18 a 65 años.
Pero sí parece que hay señales que vigilar, tal y como indica este investigador y profesor de la UNIR, especialmente en lo relacionado a los cuadros mixtos: "Curiosamente, más en relación con el uso del óxido nitroso. Aunque ese aumento existe, no parece que sea tan alto como para generar una alarma a día de hoy. El policonsumo, en cambio, no es nuevo: existe desde el inicio de los tiempos. Lo "novedoso" es que se venda ya mezclado, como las nuevas bebidas que se venden con el licor y el refresco mezclado".
Eso sí, considera Ernesto Tarragón que es casi imposible asegurar un motivo único por el que estas nuevas sustancias empiezan a aparecer y cree que juegan factores tan simples como el económico, ya que son sustancias más baratas de conseguir.
Pero también cree que entran en juego aspectos como la regulación y los vacíos legales, ya que, al tratarse de nuevas sustancias, la legislación deja huecos que hacen más "resbaladizo" el intento de fiscalizarlas.
Por otro lado, ve fundamental el entender que las personas "por pura naturaleza" tenemos tendencia a explorar y a acercarnos a cosas novedosas, especialmente durante la adolescencia. "No es extraño que una de las dimensiones de personalidad que más correlaciona el inicio de consumo de sustancias es la búsqueda de sensaciones. Por supuesto, el entorno de consumo en torno al ocio también pesa: el contexto se asocia al efecto, y con el tiempo esas señales del contexto despiertan por sí solas el deseo de consumir", remarca.
Ahora bien, el director académico e investigador en neurociencia de las conductas adictivas de la Universidad Internacional de La Rioja sí advierte de que sobre lo que no hay datos muy robustos por el momento es sobre la contribución de las redes sociales a la normalización ya que ha aumentado la presencia de contenido relacionado, pero es pronto para poder establecer una relación clara.
"Y en cuanto a que se usan como 'antídoto' al efecto de otras sustancias es algo que tampoco es nuevo: ya ocurre con la mezcla de alcohol y bebidas energéticas. Aquí el problema está en lo que comentaba anteriormente: pensar que se consume algo que no es. Si se consume cocaína rosa pensando en contrarrestar efectos sedantes del alcohol, la sorpresa puede ser desagradable", avisa este experto.
UNA INTOXICACIÓN MÁS PELIGROSA E IMPREVISIBLE
Preguntado sobre el peligro de la mezcla de sustancias, Tarragón señala que "el problema es múltiple" en estas situaciones, ya que los efectos de cada una pueden generar interacciones imprevisibles, al mismo tiempo que indica que la mayor parte del policonsumo en el entorno recreativo se realiza con sustancias no reguladas, por lo que es imposible saber a priori qué se está consumiendo, más allá del alcohol o el tabaco (incluso el cannabis puede estar adulterado de modo inaccesible).
"El resultado puede ser un enmascaramiento de la percepción de efectos tóxicos, la potenciación de la toxicidad... (*) Si alguien lo consume pensando en un subidón y en una excitación puede toparse con una realidad desagradable; las expectativas juegan un papel fundamental en el efecto subjetivo de las sustancias psicoactivas. Dicho esto, la combinación más preocupante es cuando se consume con depresores del sistema nervioso, como el alcohol, benzodiazepinas o GHB. Cualquier persona que tenga pensado consumir esta o cualquier otra sustancia debería contactar con servicios como Energy Control, presente en la mayoría de grandes superficies de ocio (discotecas)", asevera.
EL PELIGRO DEL CONSUMO CONTINUADO DE TUSI
En última instancia, y cuestionado sobre los peligros de un consumo continuado de tusi, el director académico e investigador en neurociencia de las conductas adictivas de la Universidad Internacional de La Rioja manifiesta que "no hay literatura de 'adicción al tusi", aunque sí se sabe es que el consumo continuado de sustancias con potencial de abuso puede generar neuroadaptaciones a largo plazo que pueden causar problemas conductuales, afectivos, o sociales, entre otros fenómenos.
"En el momento en el que alguien observa que no disponer de la sustancia le genera malestar, o que consumir la sustancia ya no le genera ese placer inicial, pero sí le calma la ansiedad, es un momento de plantearse que quizá haya un problema de consumo. Y para ello existen recursos e instituciones especializadas en ayudar a navegar estas situaciones", concluye el psicólogo Ernesto Tarragón.