El trastorno por juego multiplica por más de 30 el riesgo de conductas suicidas

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Publicado: miércoles, 9 septiembre 2026 12:04

   ZARAGOZA, 9 Sep. (EUROPA PRESS) -

   Un estudio de la Universidad de Zaragoza revela que, mientras alrededor del 1% de las familias sin problemas de adicción al juego reportan conductas suicidas, este porcentaje se dispara hasta el 34% cuando algún miembro del hogar presenta un trastorno por juego.

   Además, este trabajo hace hincapié en que el riesgo de suicidio precisaría de un abordaje no individual sino colectivo, que permitiera tratar tensiones, dinámicas y vulnerabilidades en el seno del grupo de convivencia familiar.

   Estas son algunas de las conclusiones del trabajo de investigación realizado por Rosa Aísa, Patricia Gascón y Gemma Larramona, profesoras del Departamento de Análisis Económico de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Zaragoza, tras el análisis de datos representativos de la Encuesta nacional FOESSA, que abarca a más de 18.000 hogares españoles.

   La presentación de este trabajo coincide con el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se conmemora este jueves 10 de septiembre, con una tasa de mortalidad por suicidio en España de 8 de cada 100.000 personas y un total de 3.808 suicidios en 2025.

ENTORNO FAMILIAR

   A esta realidad se suma otra cifra especialmente preocupante que pone el foco en el impacto del suicidio en el entorno familiar. Según los datos reportados por las propias familias de la muestra, alrededor del 1 % de los hogares ha experimentado algún intento de suicidio en su entorno familiar, lo que evidencia la dimensión del problema más allá de las cifras de mortalidad.

   El estudio, titulado 'Trastorno por juego, contexto familiar y riesgo de suicidio: evidencia a partir de una encuesta de hogares españoles', sitúa la ludopatía como el factor con la asociación más intensa con comportamientos suicidas dentro del núcleo familiar, por encima de otras variables tradicionales.

   "La principal novedad de este estudio es que no analiza únicamente a la persona que juega o que presenta conducta suicida, sino que considera el hogar en su conjunto", han indicado las autoras.

    "La investigación plantea que el juego problemático puede afectar a toda la familia y que las características de ese hogar importan. De hecho, incluso en hogares que no tienen dificultades económicas para llegar a fin de mes, la convivencia con una persona con adicción al juego se asocia con una mayor probabilidad de que se produzcan conductas suicidas en el seno de la familia".

IMPACTO DEL JUEGO

   Una de las aportaciones más disruptivas de la investigación es que el juego problemático destruye el entorno familiar a través de dos vertientes bien diferenciadas, siendo la no económica la más dañina.

    Si bien el juego agrava de forma obvia la situación financiera de la familia debido a las deudas y la pérdida de recursos, la mayor parte de su asociación con el riesgo de suicidio deriva de factores directos e intangibles.

   El estudio sitúa el foco sobre la dificultad percibida para llegar a fin de mes, una medida subjetiva del estrés. Los datos demuestran que las familias que manifiestan sufrir esta asfixia económica presentan una probabilidad aproximadamente tres veces mayor de reportar conductas suicidas en comparación con aquellas que disfrutan de una situación neutra o positiva.

   Esta "presión psicológica" de la economía doméstica funciona como un canal o correa de transmisión. A través de ella, diversas condiciones de vulnerabilidad iniciales como bajos niveles educativos o la precariedad laboral, terminan transformándose en un aumento real del riesgo de suicidio debido a la angustia continuada que genera la incertidumbre de la subsistencia diaria.

   El trabajo de la Universidad de Zaragoza explora cómo la estructura del hogar y sus vivencias moldean la situación colectiva, identificando dinámicas que elevan el peligro y otras que actúan como un escudo protector:

   Los hombres que viven solos y los hogares donde coexisten múltiples núcleos familiares --asociados a menudo a problemas de hacinamiento-- se asocian a más riesgo de suicidio. Asimismo, la exposición a abusos psicológicos, las situaciones de discriminación, los antecedentes penales en la familia y la inestabilidad habitacional --como haber dormido en refugios o la amenaza inminente de un desahucio-- son predictores de vulnerabilidad.

    "Los hogares donde se ha producido una tentativa de suicidio presentan con mucha mayor frecuencia dificultades económicas, deudas y situaciones de inseguridad residencial. El dato más llamativo del análisis descriptivo es que casi el 20% de los hogares con una tentativa de suicidio había tenido algún miembro durmiendo en la calle, un albergue o un hostal, frente a una proporción mucho menor en el resto de hogares", ha explicado la profesora Gemma Larramona, investigadora adscrita al Instituto de Investigación en Economía, Sociedad Digital y Sostenibilidad (IEDIS) de la Universidad de Zaragoza

ALCOHOL Y DROGAS

   El estudio encuentra también asociaciones con trastornos del estado de ánimo, problemas de alcohol y drogas, abuso psicológico, discriminación y antecedentes penales, además de determinados tipos de estructura familiar.

    "Por tanto, el mensaje no debería ser "juego = suicidio", sino que el juego problemático se inserta en un conjunto de vulnerabilidades familiares, psicológicas, sociales y económicas. Un 40% de los hogares con tentativas de suicidio han sufrido abusos psicológicos, discriminación o tienen algún miembro con problemas de salud mental".

   En la otra cara de la moneda, los hogares donde la madre es la principal responsable del cuidado de hijos menores de 6 años muestran un menor riesgo de suicidio, sugiriendo un potente efecto protector vinculado a los lazos afectivos de cuidado. Del mismo modo, el apoyo institucional, con el acceso a pensiones y el reconocimiento oficial de la situación de dependencia, mitiga el riesgo, ya que facilita el acceso directo a beneficios sociales.

   Los hallazgos de este estudio invitan a complementar las políticas públicas de prevención del suicidio. "El artículo propone tratar el juego como un problema de salud pública y coordinar los servicios de salud mental, atención a los problemas de juego y apoyo frente a la exclusión o la inseguridad habitacional", han apuntado las investigadoras.

   Y es que las estrategias actuales, focalizadas casi exclusivamente en el individuo, se muestran insuficientes ante la evidencia de que el riesgo emerge de una interacción compleja entre la salud mental, la economía y la estructura familiar.

   La investigación concluye que los programas de intervención y apoyo serán sustancialmente más efectivos si abordan a la familia como un todo sistémico.

    Para ello, es indispensable establecer una red de coordinación real y ágil entre los servicios de salud mental, los programas específicos de atención a las adicciones y los servicios sociales encargados de los problemas económicos y de vivienda, detectando a tiempo el sufrimiento de todo el entorno de convivencia.

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