Archivo - Hombre con sobrepeso comiendo hambuerguesa en la oficina, mirando a la cámara. - CHIRAYU/ ISTOCK - Archivo
MADRID, 12 May. (EUROPA PRESS) -
La obesidad en adultos sigue siendo un importante desafío de salud pública en los países de la OCDE, con significativas implicaciones para la salud, la sociedad y la economía. La investigación en salud pública se ha centrado principalmente en los patrones alimentarios, los niveles de actividad física y los comportamientos individuales como factores determinantes de la obesidad.
Si bien esto ha propiciado importantes avances en el conocimiento de áreas como la nutrición, el metabolismo humano y la psicología, los investigadores recurren cada vez más a los determinantes estructurales para implementar intervenciones eficaces. Los entornos alimentarios y la falta de tiempo se han reconocido desde hace tiempo como factores que afectan negativamente la nutrición y los niveles de actividad física, el papel que desempeñan las horas de trabajo como factor determinante de la obesidad ha cobrado gran relevancia en los últimos años.
ASÍ ENTRA EL TRABAJO EN LA ECUACIÓN DE LA OBESIDAD
Una reducción del 1 por ciento en las horas de trabajo anuales se asocia con una disminución del 0,16 por ciento en las tasas de obesidad en los países de la OCDE, según un trabajo de la Universidad de Queensland, Brisbane, Australia, presentado en el Congreso Europeo sobre Obesidad (ECO 2026) de este año, celebrado en Estambul, Turquía.
En este nuevo estudio, los autores investigaron la relación entre las horas de trabajo y las tasas de obesidad en el contexto de una gama más amplia de determinantes en comparación con los estudios existentes, utilizando datos de 33 países de la OCDE durante el período 1990-2022.
El análisis preliminar del conjunto de datos reveló, sorprendentemente, que el consumo promedio de energía y grasas reportado a nivel nacional no guardaba una buena correlación con las tasas nacionales de obesidad. Por ejemplo, el consumo de energía y grasas en los países latinoamericanos de la OCDE es mucho menor que en países europeos como Noruega, España, Francia, Dinamarca y Austria; sin embargo, los países latinoamericanos presentan tasas de obesidad mucho más elevadas.
La prevalencia de la obesidad varía drásticamente entre los países de la OCDE. En 2022, Estados Unidos registró la tasa de obesidad adulta más alta entre los 30 países de la OCDE, con un 41,99%, mientras que Japón presentó la más baja, con un 5,54%. Varios países, como Chile, México y Nueva Zelanda, también muestran altas tasas de obesidad, superiores al 30%, mientras que varias naciones europeas, particularmente en el norte y oeste de Europa, mantienen tasas inferiores al 20%, situándose el Reino Unido entre estos dos extremos con un 26,8%.
En 2022, de los 32 países con datos analizados, los que registraron el menor número de horas trabajadas al año fueron Alemania (1.340), Noruega (1.422), Bélgica (1.422), Suecia (1.436) y los Países Bajos (1.450). El Reino Unido se encontraba entre los 10 países con menor número de horas trabajadas, con 1.505, mientras que Estados Unidos figuraba entre los 10 con mayor número, con 1.811. Los cinco países con mayor número de horas trabajadas fueron Colombia (2.282), México (2.226), Costa Rica (2.149), Chile (1.966) e Israel (1.891).
Para tener en cuenta los posibles efectos específicos de género, el análisis se realizó por separado para hombres y mujeres. Además, se llevaron a cabo análisis de submuestras para los periodos 1990-2010 y 2000-2022 para evaluar cómo pudieron haber evolucionado las relaciones entre los factores a lo largo del tiempo. Los datos provienen de fuentes públicas, como la OCDE, la OMS, la FAO y el Banco Mundial.
CUÁNTAS HORAS TRABAJAS Y CUÁNTO PESAS: LO QUE DICEN LOS DATOS DE 33 PAÍSES DE LA OCDE
Mediante modelos informáticos, los investigadores descubrieron que, entre 1990 y 2022, una reducción del 1% en las horas de trabajo anuales se asocia con una disminución del 0,16% en las tasas de obesidad en la población general. Al analizar los datos por sexo, el impacto de la reducción de las horas de trabajo es mayor en los hombres, donde una reducción del 1% en las horas de trabajo anuales se asocia con una disminución del 0,23% en las tasas de obesidad, en comparación con el 0,11% en las mujeres.
Se ha demostrado que los efectos de las horas de trabajo sobre la obesidad varían según el período. En el período de estudio inicial, de 1990 a 2010, una reducción del 1% en las horas de trabajo anuales se asocia con una disminución del 0,17% en las tasas de obesidad en toda la población. Al analizar a hombres y mujeres por separado, esta reducción en las horas de trabajo se asocia con una disminución del 0,24% en las tasas de obesidad para los hombres y del 0,17% para las mujeres.
El análisis del periodo comprendido entre 2000 y 2022 muestra que una reducción del 1% en las horas de trabajo se asoció con una disminución del 0,13% en las tasas de obesidad en toda la población. En este periodo, la reducción del 1% en las horas de trabajo se asoció con una disminución del 0,12% en la tasa de obesidad para los hombres y del 0,17% para las mujeres.
Los autores afirman que estos resultados demuestran que el impacto de las horas de trabajo en la obesidad fue más pronunciado durante el período inicial (1990-2010) que en años más recientes. Consideran que las intervenciones políticas y una mayor concienciación sobre la salud pública pueden haber contribuido a una menor incidencia de obesidad después del año 2000. La bibliografía también respalda esta explicación. Además, los cambios en las normas sociales podrían haber influido.
A medida que aumentaban las tasas de obesidad, una mayor concienciación cultural y la promoción de hábitos saludables relacionados con la nutrición y el ejercicio probablemente hayan contrarrestado algunos de los factores que impulsaban dichas tasas.
Los niveles de ingresos más altos también se vincularon con una menor prevalencia de obesidad: un aumento del 1% en el PIB per cápita se asoció con una reducción del 0,112% en la obesidad (0,16% para los hombres y 0,11% para las mujeres). La urbanización también influye, aunque con un efecto menor: un aumento del 1% en la urbanización (la proporción de la población que vive en zonas urbanas) se asoció con una disminución del 0,02% en la obesidad (tanto en hombres como en mujeres). Sin embargo, estas asociaciones no son lineales, ya que factores relacionados con las culturas nacionales y las diferencias en la infraestructura desempeñan un papel importante.
REDUCIR LA JORNADA PODRÍA AYUDAR CONTRA LA OBESIDAD
Los autores afirman: "Estos patrones apuntan a posibles mecanismos como la reducción del tiempo dedicado a la actividad física, el aumento del estrés laboral y una mayor dependencia de alimentos precocinados ricos en energía. Un mayor PIB per cápita, una mayor urbanización y precios más altos de los alimentos se asociaron negativamente con la prevalencia de la obesidad en adultos, lo que sugiere que mejores condiciones económicas, entornos urbanos más favorables y costos relativos más altos de los alimentos pueden facilitar elecciones alimentarias más saludables".
Respecto a los resultados generales, destacan: "Los hallazgos sugieren que la relación entre las horas de trabajo y la obesidad es compleja y está influenciada por diversos factores socioeconómicos y culturales. Las jornadas laborales más largas generan limitaciones de tiempo que pueden derivar en hábitos alimenticios poco saludables y una menor actividad física. Como se mencionó anteriormente, las jornadas laborales prolongadas también pueden inducir estrés psicológico, lo que contribuye a la ingesta de alimentos relacionada con el estrés y a niveles elevados de cortisol, ambos asociados al aumento de peso".
Estos resultados subrayan la necesidad de respuestas políticas coordinadas que vayan más allá del cambio de comportamiento individual. Abordar la obesidad de manera eficaz requiere un enfoque integral que considere la dinámica del mercado laboral, el diseño urbano y la gobernanza del sistema alimentario.
Las intervenciones políticas dirigidas a mejorar el equilibrio entre la vida laboral y personal, promover el transporte activo y fomentar entornos alimentarios más saludables pueden desempeñar un papel fundamental en la mitigación del riesgo de obesidad.