Publicado 28/10/2021 08:28CET

Tips para identificar el sufrimiento y ordenar nuestra mente

Archivo - Mature woman with a smile painted on paper
Archivo - Mature woman with a smile painted on paper - GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / NEMANJA ZIVANCEVIC

   MADRID, 28 Oct. (EDIZIONES) -

   Es muy importante el ser conscientes de que el cuerpo y la mente son dos cosas diferentes pero que van muy unidas en realidad. Si hay problemas psicológicos, estos afectan a nuestros pensamientos, emociones y comportamientos, pero también a nuestro cuerpo, y lo podremos somatizar, por ejemplo, en forma de dolor corporal en una zona concreta.

   Así lo explica en una entrevista con Infosalus la psicoterapeuta María Ibáñez Goicoechea, que acaba de escribir junto al psicólogo Jesús Jiménez Cascallana 'Ordena tu mente para ordenar tu vida' de La Esfera de los Libros, un libro con el que pretenden entre otros puntos ayudarnos a resolver el sufrimiento de nuestro día a día que, a su juicio, solo puede hacerse si comprendemos su génesis, las causas internas que realmente lo provocan.

   Para ello, estos expertos defienden la importancia de ordenar nuestra mente porque, según argumenta María Ibáñez: "Ordenar la mente es ordenar nuestra vida y depende de cómo interpretamos lo que nos ocurre así será el rumbo de nuestra vida. El pensamiento caótico y las emociones generan tensiones en el cuerpo y lo enferman, no está separada la mente de cuerpo".

   En este sentido, Jesús Jiménez llama la atención sobre el hecho de que en la actualidad se confunden en muchos casos los síntomas con las causas, como sucede como la ansiedad o la depresión, por ejemplo, que son efectos y no causas, o bien se dirigen a causas superficiales y externas y se cree que el origen del sufrimiento se debe a la educación de los padres o a la genética o bien a una experiencia negativa.

   "No son causas en sí mismas. Hablamos de muchas ideas erróneas que nos impiden encontrar la solución. Se piensa que el miedo ayuda o es necesario, o en el caso de la ansiedad, cuando se toma como causa de problema, cuando en realidad es el síntoma del problema, entonces es cuando se puede ir a la causa y resolverlo. Es una pena ver cómo en personas que tienen ansiedad desde hace muchos años solo pueden paliar los síntomas con psicofármacos", subraya el psicólogo.

EL PELIGRO DE LOS PENSAMIENTOS INTRUSIVOS

   Aquí remarca que en nuestro día a día pueden afectarnos en este sentido los pensamientos intrusivos, nos pueden perjudicar en nuestro bienestar, en nuestra vida cotidiana, y en el largo plazo ocasionarnos estrés o alteraciones psicofísicas, o incluso enfermedad. "Si el desorden no es muy grave puede dar lugar a molestias físicas, a malestar, equivocaciones o errores, un malestar que se puede resolver", apostilla.

   Así, y aunque reconoce que es habitual que el pensamiento esté desordenado, el darle vueltas a las cosas que nos preocupan, advierte de que cuando estos empiezan a ser un síntoma de una patología más grave, como el TOC, o la ansiedad. "Es cuando ese pensamiento es muy recurrente y genera activación emocional muy fuerte, como la idea de que te vas a morir. La limitación es muy grave y se pueden identificar estos pensamientos intrusivos cuando son pensamientos muy recurrentes, que te afectan a tu vida cotidiana y generan una activación emocional muy fuerte", sostiene.

   En este sentido, la psicoterapeuta María Ibáñez avisa de que los pensamientos intrusivos, de la misma manera que la mayor parte de los conflictos, no se resuelven con fuerza de voluntad, sino explorando cuál es la causa interna, para lo que dice que es fundamental aprender a pensar con inteligencia, el ordenar nuestra mente.

    "Resolver el sufrimiento es algo que se puede lograr si se comprende su génesis, las causas internas, reales. Ordenar la mente significa desterrar las formas erróneas de pensar, así como lo hábitos perjudiciales para el buen discurrir. Creer ideas erróneas, dejarse arrastrar por el entorno, tener la ilusión de que se controla todo y que uno puede parar el pensamiento cuando quiera, los prejuicios o la crítica mental", sentencian Ibáñez y Jiménez.