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MADRID, 24 Jul. (EUROPA PRESS) -
Un creciente número de investigaciones que abarcan tres décadas sugiere que la trayectoria de las relaciones románticas sigue patrones predecibles y que las matemáticas pueden ayudar a las parejas a identificar señales de alerta, según datos de investigadores internacionales recopilados por el profesor Laurent Pujo-Menjouet, de la Universidad de Lyon (Francia) en su libro ‘¡Amor! ¡Valor! ¡Ecuaciones!’.
El autor, ha estado desarrollando modelos sofisticados que tratan los sentimientos románticos como sistemas dinámicos. En su nuevo libro, las matemáticas se encuentran con la literatura, la psicología, el cine y la vida cotidiana: “No hay ningún encantamiento misterioso ni poción mágica. A estas alturas, eso ya se sabría”, aclara, no obstante.
En su investigación, el autor, analiza el camino desde la dinámica poblacional hasta la predicción de los resultados de las relaciones. Su ensayo comienza, en efecto, con los modelos de Malthus y depredador-presa, utilizados originalmente para estudiar la expansión de los conejos australianos o la persecución de la liebre de raquetas de nieve por los linces canadienses. Continúa con el efecto Allee, un concepto matemático que describe cómo las poblaciones por debajo de un umbral crítico se enfrentan a la extinción, mientras que las que lo superan prosperan, un patrón que los investigadores han encontrado notablemente aplicable a las relaciones románticas.
“Del mismo modo que podemos predecir el crecimiento de la población o las especies en peligro de extinción, podemos modelar la evolución de los sentimientos dentro de una pareja”, explica Pujo-Menjouet. “No intentamos predecir de quién te enamorarás, sino comprender por qué algunas parejas se mantienen estables a pesar de los inevitables golpes de la vida, mientras que otras se distancian poco a poco”.
La teoría del investigador se basa en un legado matemático que abarca desde los modelos de población del siglo XVIII de Thomas Malthus y las ecuaciones depredador-presa de Lotka-Volterra desarrolladas en la década de 1920, hasta las aplicaciones modernas del psicólogo John Gottman, el economista José Manuel Rey y el físico Sergio Rinaldi o el matemático Steven Strogatz, quien aplicó por primera vez la teoría de sistemas dinámicos a las relaciones románticas.
El psicólogo John Gottman, conocido como el "Doctor Amor", demostró que los modelos matemáticos podían predecir los resultados de las relaciones. Los modelos modernos se han vuelto cada vez más sofisticados, incorporando factores como las reacciones retardadas (introducidas por los investigadores polacos Bielezyk, Forys y Marek Bodnar), que reconocen que el tiempo que dedicamos a reflexionar sobre los conflictos puede intensificar o atenuar las tensiones en las relaciones.
Sin embargo, en el fondo de su modelo se encuentra un concepto simple: toda relación tiene un umbral crítico, o un nivel mínimo de fortaleza de la relación por debajo del cual la relación está matemáticamente condenada al fracaso.
“Si tus sentimientos caen por debajo de este umbral y se mantienen ahí, las matemáticas predicen un inevitable declive hacia la separación”, detalla Pujo-Menjouet. “Sin embargo, comprender este umbral les brinda a las parejas una herramienta poderosa: pueden reconocer las zonas de peligro y tomar medidas correctivas”.
El equipo de Pujo-Menjouet ha desarrollado un modelo que tiene en cuenta las interrupciones típicas, como las discusiones, el estrés y las presiones externas, y cómo se recuperan las parejas. “La cuestión importante no es si las parejas discuten”, insiste Pujo-Menjouet. “Sino si tienen la suficiente capacidad de recuperación para volver al equilibrio después”.
Este modelo matemático identifica tres ingredientes que determinan en gran medida la estabilidad a largo plazo de una pareja: la atracción mutua entre los miembros; el desgaste natural de los sentimientos con el tiempo; y la forma en que cada persona reacciona a las emociones del otro. En conjunto, estos factores determinan la resiliencia de la relación.
Pujo-Menjouet compara esta idea con el cuento de Los Tres Cerditos: “La vida siempre nos enviará sus lobos: el estrés, la enfermedad, el trabajo, los hijos, las dificultades económicas. Las matemáticas nos ayudan a comprender cómo construir una casa de ladrillos en lugar de una de paja”.
Los posibles desarrollos futuros combinan el modelado matemático tradicional con la inteligencia artificial para proporcionar una especie de sistema de alerta temprana a las parejas, lo que, según Pujo-Menjouet, podría darles "tiempo para corregir el rumbo".
“Piensen en ello como un GPS para las relaciones”, dice Pujo-Menjouet. “Les muestra dónde están, hacia dónde se dirigen y les sugiere rutas para llegar a su destino. Los modelos no les dicen a quién amar, sino que ayudan a explicar cómo evoluciona el amor y qué pueden hacer las parejas para protegerlo”.
Si bien los modelos matemáticos ofrecen información valiosa, los investigadores destacan varias limitaciones importantes. Los modelos se basan principalmente en patrones de relaciones occidentales. Las razones del éxito y el fracaso en las relaciones varían enormemente según las culturas, las religiones, los niveles socioeconómicos y las generaciones, lo que significa que un modelo universal podría requerir modelos aún más complejos.
Es más, el comportamiento humano es inherentemente impredecible e irracional. Los modelos predicen tendencias, no certezas. Las parejas pueden desafiar las predicciones matemáticas mediante el compromiso, la terapia o el crecimiento personal.
“Las matemáticas pueden revelar patrones y ofrecer orientación”, explica Pujo-Menjouet, “pero, en última instancia, el éxito de una relación depende de que dos personas elijan, día a día, cultivar su conexión. Las ecuaciones pueden mostrarles el camino, pero aun así deben recorrerlo juntos”, finaliza.
DOI: 10.1201/9781003758105