¿Qué tienen en común la esquizofrenia y la osteoporosis? La ciencia descubre qué comparten

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Publicado: jueves, 8 enero 2026 8:11

   MADRID, 8 Ene. (EUROPA PRESS) -

   Existen sorprendentes conexiones moleculares entre la esquizofrenia y la salud ósea, según ha descubierto una exhaustiva investigación genética dirigida por el Hospital General de la Universidad Médica de Tianjin (China).

   En concreto, se han identificado 195 loci genéticos compartidos que podrían explicar por qué los pacientes psiquiátricos enfrentan un mayor riesgo de fracturas. La investigación, revisada por pares y publicada en ‘Genomic Psychiatry’, analiza datos genómicos de más de medio millón de personas y revela que estas dos afecciones, aparentemente no relacionadas, sugieren vías biológicas superpuestas a nivel molecular.

   El hallazgo tiene una relevancia clínica inmediata. Los pacientes con esquizofrenia experimentan osteoporosis en tasas muy superiores a las de la población general; sin embargo, los médicos carecían de explicaciones genéticas para este preocupante patrón.

   Ahora, con 1.376 genes codificadores de proteínas mapeados en regiones de riesgo compartidas, los investigadores poseen una hoja de ruta molecular que podría fundamentar futuras estrategias preventivas para pacientes psiquiátricos vulnerables.

   Estudios epidemiológicos han documentado sistemáticamente que las personas con esquizofrenia presentan una menor densidad mineral ósea y sufren más fracturas que los controles emparejados. Se han implicado la deficiencia de vitamina D, los trastornos metabólicos y los antipsicóticos. Sin embargo, estas explicaciones parecían incompletas.

   El genoma humano contenía pistas que la observación clínica tradicional jamás podría detectar. Tanto la esquizofrenia como la osteoporosis son enfermedades altamente hereditarias, cada una influenciada por miles de variantes genéticas dispersas en los cromosomas. Si tan solo una fracción de esas variantes se superpusiera, sugeriría bases biológicas compartidas mucho más profundas que los factores ambientales o los efectos secundarios de los medicamentos.

UN NUEVO MÉTODO

   Los intentos previos de cuantificar esta superposición arrojaron resultados dispares. Los métodos estándar, como la regresión de puntuación de desequilibrio de ligamiento, solo capturaron correlaciones promedio a lo largo del genoma, lo que podría pasar por alto puntos críticos regionales de riesgo compartido.

   El campo requería enfoques analíticos lo suficientemente sofisticados como para detectar la compartición genética incluso cuando las variantes ejercían efectos opuestos sobre diferentes rasgos.

   En este contexto, los investigadores de la Universidad Médica de Tianjin reunieron un arsenal analítico en este ámbito de investigación. Combinaron tres métodos genómicos complementarios, cada uno investigando la superposición genética con una resolución diferente.

   Se cuantificó la superposición poligénica global en todo el genoma y se examinó las correlaciones genéticas locales dentro de regiones cromosómicas específicas. El marco de tasa de falsos descubrimientos condicional/conjuncional identificó variantes individuales asociadas con ambas afecciones simultáneamente.

   La base de datos resultó igualmente impresionante. Las estadísticas sobre esquizofrenia provinieron del estudio emblemático del Consorcio de Genómica Psiquiátrica con 130.644 personas. Los datos relacionados con la osteoporosis abarcaron seis fenotipos medidos en cohortes que abarcaron desde 8.143 hasta 426.824 participantes. Las mediciones de densidad mineral ósea abarcaron múltiples zonas del esqueleto: cuerpo entero, columna lumbar, cuello femoral, antebrazo y talón.

   Esta estrategia multinivel ofrecía ventajas que los enfoques monométodo no podían igualar. Mientras que los análisis globales podían promediar las señales regionales, las pruebas de correlación local las preservaban.

   Mientras que los métodos tradicionales requerían direcciones de efectos concordantes, gracias a MiXeR se detectaba la compartición independientemente de si las variantes aumentaban o disminuían el riesgo de enfermedad. La combinación creó un retrato tridimensional de la arquitectura genética imposible de lograr mediante un único enfoque analítico.

   El rigor estadístico se mantuvo en primer plano durante todo el estudio. El equipo excluyó regiones genómicas con patrones de ligamiento complejos que pudieran generar señales espurias. Se aplicaron correcciones de Benjamini-Hochberg para controlar las tasas de descubrimientos falsos. El ajuste del modelo se evaluó mediante el Criterio de Información de Akaike. Estas precauciones garantizaron que las asociaciones identificadas reflejaran biología genuina y no artefactos estadísticos.

Estos hallazgos tienen una relevancia traslacional inmediata. Los psiquiatras que tratan a pacientes con esquizofrenia podrían incorporar, con el tiempo, puntuaciones de riesgo genético para la salud ósea en la toma de decisiones clínicas. Quienes porten variantes de alto riesgo en loci compartidos podrían recibir monitorización proactiva de la densidad ósea e intervención temprana.

Los datos también plantean interrogantes sobre la selección de medicamentos. Si ciertas variantes genéticas predisponen tanto a la esquizofrenia como a la fragilidad ósea, cabe preguntarse si interactúan algunos antipsicóticos con estas vías más que otros. También si se podrían plantear enfoques farmacogenómicos para optimizar la selección del tratamiento para minimizar los efectos secundarios óseos en pacientes genéticamente vulnerables.

   El cribado poblacional representa otra posibilidad. A medida que la puntuación de riesgo poligénico se perfecciona, las evaluaciones integradas que captan la vulnerabilidad psiquiátrica y esquelética podrían identificar a las personas que requieren atención preventiva integral que abarque múltiples sistemas orgánicos.

   Por otro ello, el equipo de investigación planea ampliar los análisis a otras afecciones psiquiátricas. Por ejemplo, para analizar si comparten el trastorno bipolar, la depresión mayor o los trastornos del espectro autista conexiones genéticas esqueléticas similares. Así, mapear el panorama más amplio de la superposición genética entre el cerebro y los huesos podría revelar si la esquizofrenia representa un caso único o ejemplifica un patrón general.

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