El esquiador español Quim Salarich durante el eslalon de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán y Cortina d'Ampezzo 2026 - NACHO CASARES/COE
MADRID, 17 Feb. (EDIZIONES) -
Mientras el mundo mira a los atletas de los Juegos Olímpicos de Invierno como ejemplo de superación física, la Ciencia plantea una pregunta incómoda: ¿Su cerebro es también más sano que el del resto de la población?
El neurocientífico José Luis Trejo, director del Grupo de Estilo de Vida y Cognición en el Instituto Cajal del CSIC, explica que aunque el ejercicio mejora la memoria, el estado de ánimo, y la eficiencia metabólica cerebral, en el cerebro no siempre se cumple la regla de "cuanto más, mejor".
Dice que existe un punto óptimo a partir del cual el estrés competitivo -clave en el deporte de élite- puede reducir parte de los beneficios cognitivos. De hecho, investigaciones recientes publicadas en la prestigiosa revista científica 'Neuron' refuerzan esta idea al identificar los mecanismos cerebrales que se activan tras el ejercicio y que marcan la diferencia entre salud y sobreexigencia.
EL PROBLEMA DEL ESTRÉS
José Luis Trejo, experto internacional en el estudio de la relación que hay entre el estilo de vida y el cerebro, precisamente habla en el libro '¿Qué sabemos de? El cerebro en movimiento' (CSIC-Catarata) de cómo es el cerebro de los deportistas profesionales, dados los beneficios que aporta el ejercicio al deporte, ¿será entonces más saludable que el del resto?
Tal y como nos explica en una entrevista con Europa Press Salud Infosalus, el problema del deporte profesional es que incorpora el componente neto de la competición y esto representa estrés. "Entonces, el ejercicio para los músculos tiene un perfil en el que cuanto más ejercicio, mejor. Por supuesto, hay un punto que por más ejercicio que hagas no vas a mejorar más, pero tampoco vas a perder lo ganado", mantiene.
Eso sí, remarca que en el cerebro es diferente: "Hay un punto óptimo. Y si sigues aumentando la intensidad del ejercicio pierdes lo que habías ganado haciendo ejercicio, comparado con un sedentario".
De hecho, precisa este neurocientífico que, "en lugar de ser una curva sigmoidea, es una 'U' invertida, es decir, que mejora hasta que llegas arriba de la 'U', y si sigues aumentado el ejercicio, cada vez que aumentas la intensidad bajas los beneficios; y esto es por el estrés". "Es lo que se llama 'curva hormetica', o 'hormesis'", puntualiza este investigador del CSIC.
Por eso, insiste en que en un deporte de competición, un deportista de elite tiene mucho estrés y no está consiguiendo todos los beneficios que podría lograr para su salud si estuviera haciendo un ejercicio normal. "Todo es por el estrés", reitera este experto.
EL DEPORTE TRANSFORMA NUESTRO CEREBRO
Precisamente, un estudio científico publicado recientemente en la revista 'Neuron' reafirma la evidencia científica que lleva años apuntando que el ejercicio físico no sólo fortalece el cuerpo, sino que también transforma el cerebro, y ha analizado en modelos animales qué mecanismos concretos se activan tras la actividad física y cómo estos influyen en los beneficios del entrenamiento.
En concreto, se han identificado cambios en una zona específica del hipotálamo relacionada con el metabolismo energético y con el control de la glucosa en sangre. Así, los investigadores observaron que, cuando bloqueaban determinadas neuronas inmediatamente después del ejercicio, los ratones no experimentaban las mejoras habituales en resistencia ni en eficiencia metabólica.
Según plantean los autores, la activación de estas neuronas podría facilitar una recuperación más rápida del organismo, favoreciendo así que músculos, pulmones y corazón se adapten con mayor eficacia a cargas de entrenamiento más exigentes.