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MADRID, 20 May. (EUROPA PRESS) -
La escritura a mano requiere una combinación de motricidad fina y un conjunto complejo de habilidades mentales, como seleccionar, organizar e interpretar información sensorial, lo que la convierte en una tarea cognitivamente exigente. Debido a su alta demanda cerebral, puede ser un indicador de deterioro cognitivo, especialmente con la edad. En ese momento, nuestra escritura suele volverse más lenta o irregular.
POR QUÉ ESCRIBIR ES UNA "VENTANA AL CEREBRO"
Un equipo de investigadores de la Universidad de Évora (Portugal) ha examinado si diferentes características de la escritura a mano, incluyendo la velocidad y la organización de los trazos, difieren entre las personas mayores que muestran signos de deterioro cognitivo y las que no, y si, por lo tanto, las características de la escritura a mano podrían servir como herramienta de diagnóstico. El trabajo se publica en la revista 'Frontiers in Human Neuroscience'.
"Escribir no es solo una actividad motora, es una ventana al cerebro", comenta la doctora Ana Rita Matias, autora principal del estudio y profesora adjunta del Departamento de Deporte y Salud de la Universidad de Évora.
"Descubrimos que los adultos mayores con deterioro cognitivo presentaban patrones distintivos en la sincronización y organización de sus movimientos de escritura. Las tareas que implicaban mayores exigencias cognitivas demostraron que el deterioro cognitivo se refleja en la eficiencia y coherencia con la que se organizan los movimientos de escritura a lo largo del tiempo".
El equipo se propuso determinar si el proceso de escritura podría proporcionar indicadores de deterioro cognitivo más tempranos y sensibles que las puntuaciones de las pruebas o los resultados finales, que son las medidas que se suelen analizar en las evaluaciones tradicionales.
El estudio incluyó a 58 adultos mayores, de entre 62 y 92 años, residentes en residencias de ancianos. Treinta y ocho participantes habían sido diagnosticados previamente con algún tipo de deterioro cognitivo. Los participantes realizaron dos tipos de tareas utilizando un lápiz digitalizador. En las tareas de control del lápiz, se les pidió que dibujaran 10 líneas horizontales en 20 segundos y que hicieran al menos 10 puntos en el papel durante el mismo lapso. La tarea de velocidad de escritura consistió en anotar dos oraciones de complejidad variable, que se mostraban en una tarjeta o se dictaban, respectivamente.
Los resultados mostraron que ninguna de las tareas de control del lápiz permitió diferenciar el estado cognitivo entre los grupos. Al ser tareas "simples", se basan principalmente en el control motor básico y podrían no ser suficientes para revelar diferencias sutiles que sí pueden mostrar tareas cognitivamente más exigentes. Las tareas de copia, que son más exigentes mentalmente que el control del lápiz pero menos que el dictado, tampoco mostraron diferencias entre los grupos, aunque sí una tendencia hacia la significación estadística.
Sin embargo, los resultados de las tareas de dictado mostraron claras diferencias entre los dos grupos de participantes. Esto podría deberse a la mayor exigencia cognitiva que dichas tareas imponen a la memoria de trabajo y las funciones ejecutivas.
"Las tareas de dictado son más sensibles porque requieren que el cerebro realice varias funciones a la vez: escuchar, procesar el lenguaje, convertir sonidos en texto escrito y coordinar movimientos", explica Matias. "Incluso dentro de las tareas de dictado, pueden surgir diferencias. Una oración más larga, menos predecible o lingüísticamente compleja supone una mayor presión sobre los recursos cognitivos".
LAS TAREAS MÁS COMPLEJAS SON LAS QUE REVELAN DIFERENCIAS
En el grupo con deterioro cognitivo, dos predictores (el tiempo de inicio y el número de trazos) resultaron significativos para la oración más corta de la tarea de dictado. Para la oración más compleja, tres predictores (el tamaño vertical, el tiempo de inicio y la duración) fueron significativos. Esto podría deberse a que no todas las características de la escritura reflejan la cognición de la misma manera.
"La sincronización y la organización de los trazos están estrechamente ligadas a cómo el cerebro planifica y ejecuta las acciones, lo cual depende de la memoria de trabajo y el control ejecutivo. A medida que estos sistemas cognitivos se deterioran, la escritura se vuelve más lenta, fragmentada y menos coordinada", explica Matias. "En cambio, otras características pueden permanecer relativamente preservadas, especialmente en las primeras etapas del deterioro cognitivo, lo que las convierte en indicadores menos sensibles".
El equipo asegura que su método, basado únicamente en tareas de escritura sencillas y herramientas digitales accesibles, podría ser una forma práctica de monitorizar el deterioro cognitivo en diversos entornos, por ejemplo, en consultorios médicos. Al ser un método no invasivo y de coste relativamente bajo, podría integrarse fácilmente en la práctica clínica habitual.
Sin embargo, este enfoque sigue siendo una metodología emergente, y futuras investigaciones deberán confirmar sus efectos, también a largo plazo, en poblaciones más amplias y diversas. Por lo tanto, los resultados del presente estudio podrían no ser fácilmente extrapolables. Además, no se consideró el uso de medicamentos ni su posible influencia.
"El objetivo a largo plazo es desarrollar una herramienta que sea fácil de administrar, eficiente en cuanto al tiempo y asequible, que permita su integración en los contextos sanitarios cotidianos sin necesidad de equipos especializados o costosos", concluye Matias.
DOI: 10.3389/fnhum.2026.1820193