Archivo - Mujer mayor, centenaria, cumpleaños - MEDITERRANEAN/ ISTOCK - Archivo
MADRID, 30 Ene. (EUROPA PRESS) -
Todos hemos oído frases como "en mi familia todos llegan a los 90" o "yo he salido a mi abuelo", pero cuando intentas medirlo de verdad, la longevidad se vuelve un caos. Enfermedades, accidentes, épocas históricas distintas, condiciones de vida... demasiadas piezas mezcladas para saber qué parte del reloj biológico viene "de serie" y cuál es puro contexto.
Un equipo de investigación ha abordado el problema con una idea sencilla, pero potente: no todas las muertes cuentan lo mismo cuando intentas entender el envejecimiento. Si lo que quieres es medir el peso de los genes en cuánto vivimos, primero necesitas separar lo que depende del deterioro interno del cuerpo de lo que llega desde fuera y distorsiona la foto.
EL ERROR CLÁSICO: MEZCLAR ENVEJECIMIENTO CON 'CAUSAS EXTERNAS'
Un análisis de datos de cohortes gemelas, realizado por el Instituto de Ciencias Uri Alon Weizmann de Israel y la Universidad de Copenhague (Dinamarca) sugiere que la longevidad humana es mucho más hereditaria de lo que se creía anteriormente. Los hallazgos del análisis, publicados en 'Science' muestran que, una vez que se tienen en cuenta las muertes por factores externos, como accidentes o enfermedades infecciosas, la genética puede explicar aproximadamente el 50% de cuánto tiempo vivimos.
Comprender la heredabilidad de la longevidad humana es una pregunta central en la investigación sobre el envejecimiento, pero medir la influencia genética en la longevidad sigue siendo un desafío. Aunque se han identificado algunos genes vinculados a la longevidad, las fuerzas ambientales externas, como las enfermedades o las condiciones de vida, ejercen una poderosa influencia en la longevidad de una persona y, a menudo, oscurecen o confunden los posibles efectos genéticos.
Además, estudios previos han arrojado estimaciones muy variables de la heredabilidad de la longevidad humana, lo que ha alimentado el escepticismo sobre el papel de la genética en el envejecimiento.
Estas conclusiones son sorprendentes, dado que la longevidad es mucho más heredable en ratones de laboratorio y que la mayoría de los rasgos fisiológicos humanos muestran una determinación genética mucho mayor. Según los investigadores, esta discrepancia podría deberse a factores de confusión pasados por alto en investigaciones previas, en particular la elevada carga de mortalidad 'extrínseca' (muertes por causas externas) en las poblaciones históricas que sustentan estos estudios.
Estas causas externas de muerte probablemente diluyen el impacto medible de la genética, que configura principalmente la mortalidad 'intrínseca' impulsada por el envejecimiento y el declive biológico interno.
GEMELOS Y MODELOS: CÓMO SE INTENTA MEDIR LO HEREDABLE
Para este trabajo, los investigadores utilizaron modelos matemáticos, simulaciones de mortalidad humana y múltiples conjuntos de datos de cohortes gemelas a gran escala para desentrañar las causas intrínsecas y extrínsecas de muerte.
Según los hallazgos, la mortalidad extrínseca reduce sistemáticamente las estimaciones de heredabilidad de la longevidad. Una vez contabilizadas adecuadamente las muertes por causas externas, los autores demuestran que la contribución genética a la longevidad humana aumenta drásticamente, alcanzando aproximadamente el 55%, más del doble de las estimaciones previas, lo que sugiere que la genética es un factor central en el envejecimiento humano.
Estas estimaciones revisadas alinean la longevidad humana con la heredabilidad de la mayoría de los demás rasgos fisiológicos complejos y con la heredabilidad de la longevidad observada en otras especies.