Un subproducto de las bacterias intestinales, vinculado a la enfermedad renal crónica

Actualizado 30/01/2015 14:10:13 CET

MADRID, 30 Ene. (EUROPA PRESS) -

   Investigadores de la Clínica Cleveland, en Estados Unidos, han vinculado trimetilamina N-óxido (OTMA), un metabolito intestinal formado durante la digestión del huevo, la carne roja o los nutrientes colina y carnitina de derivados lácteos, a la enfermedad renal crónica, como se revela en un artículo que se publica este jueves en la edición digital de 'Circulation Research'.

   OTMA ya se ha relacionado con enfermedades del corazón, con los niveles en sangre que mostraron ser una poderosa herramienta para predecir futuros ataques al corazón, accidente cerebrovascular y muerte. OTMA se forma en el intestino durante la digestión de la colina y la carnitina, nutrientes que son abundantes en los productos animales como la carne roja y el hígado, además de que la colina también es abundante en la yema de huevo y productos lácteos altos en grasa.

   Según los Centros de Estados Unidos para el Control y la Prevención de Enfermedades, se estima que más de 20 millones de estadounidenses tienen enfermedad renal crónica, muchos de ellos sin diagnosticar. Es causada por una pérdida gradual de la función renal a largo plazo y, a medida que la enfermedad empeora, los productos de desecho se acumulan en la sangre y pueden ser mortales si no se interviene.

   Desde hace tiempo, se sabe que los pacientes con enfermedad renal crónica presentan un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, pero no se conocen los mecanismos exactos que unen las dos enfermedades. Este enlace de OTMA descubierto ofrece una mayor comprensión de la relación entre la enfermedad cardiovascular y la patología renal crónica.

   "Estudios en modelos animales muestran que la exposición a largo plazo a niveles más altos de OTMA promueve el deterioro de la función renal y la aterosclerosis, y como los riñones pierden la función, OTMA no se elimina tan fácilmente, y los niveles se elevan aún más, incrementando más el riesgo de enfermedades cardiovasculares y renales", añade el también jefe de la Sección de Cardiología Preventiva y Rehabilitación del Instituto del Corazón y Vascular Miller de la Clínica Cleveland.

   "Es un golpe triple --destaca el director del estudio, Stanley Hazen, presidente del Departamento de Medicina Celular y Molecular del Instituto de Investigación Lerner--. Niveles elevados de OTMA en el plasma están ligados a futuros riesgos cardiacos y en sujetos con función renal normal, niveles elevados predicen el riesgo futuro a largo plazo de desarrollar la enfermedad renal crónica".

   Los investigadores midieron los niveles de OTMA en ayuno en 521 pacientes con enfermedad renal crónica y en 3.166 sujetos sin enfermedad renal crónica, siguiendo a todos los sujetos durante más de cinco años. Así, encontraron que los niveles de OTMA fueron mayores en pacientes con enfermedad renal crónica y elevados niveles OTMA se asociaron con un mayor riesgo de mortalidad en ambos grupos de sujetos.

   En modelos animales, los investigadores también hallaron que la exposición alimentaria crónica a la colina y la OTMA se relacionan con el desarrollo y la progresión de la enfermedad renal crónica. No obstante, se necesitan más estudios para determinar si las intervenciones dietéticas pueden retrasar la progresión de la enfermedad tanto renal crónica como cardiovascular asociada.

   "Nuestros estudios plantean emocionantes perspectivas de intervenciones nutricionales para ayudar a retrasar la aparición y la progresión de la enfermedad renal crónica. Lamentablemente, se sabe muy poco acerca de la dieta y la progresión de la enfermedad renal", subraya el coautor, Wilson Tang, del Departamento de Medicina Cardiovascular en el Instituto Miller y el Instituto de Investigación Lerner.

   Esta investigación implica fuertemente la necesidad de centrar los esfuerzos preventivos en las intervenciones dietéticas y enfocar las terapias a la microbiota intestinal dependiente de las vías de OTMA, para, potencialmente, detener el desarrollo y la progresión de la enfermedad renal crónica, así como los riesgos de patologías cardiovasculares.