Archivo - Mujer con protector solar en forma de SPF 50 palabra en su espalda tomando el sol. - MYKOLA SOSIUKIN/ ISTOCK - Archivo
MADRID, 10 Ago. (EDIZIONES) -
Ponerse crema solar no significa necesariamente estar bien protegido frente al sol. Aplicar menos cantidad de la necesaria, utilizarla sólo en la playa o en la piscina, olvidarse de las orejas, del cuello o de los empeines, no reaplicarla después del baño o confiar en que un SPF 50 permite exponerse durante horas son algunos de los errores más frecuentes.
En este artículo de Europa Press Salud Infosalus entrevistamos a dos dermatólogas que nos recuerdan que ningún fotoprotector bloquea por completo la radiación ultravioleta, y que proteger la piel exige mucho más que extender una crema: también implica buscar la sombra, utilizar ropa adecuada, y evitar las exposiciones prolongadas.
Así, y desde el Instituto de Dermatología Integral, la doctora Concetta D'Alessandro, advierte de que, en su opinión, entre los errores más habituales a la hora de emplear un fotoprotector solar se encontrarían los siguientes:
·Aplicar menos cantidad de la necesaria.
·Utilizar el protector únicamente en la playa o la piscina.
·No reaplicarlo cada dos horas cuando existe exposición continuada.
·Olvidar zonas como orejas, cuello, cuero cabelludo, labios, nariz, o empeines.
·Confiar en que una sola aplicación protege durante todo el día.
·Pensar que en días nublados no existe riesgo.
·Creer que una piel morena no necesita protección.
·Utilizar protectores caducados o mal conservados.
"Otro error frecuente es considerar que el protector solar permite exponerse al sol sin límites. Ninguna crema bloquea el 100% de la radiación ultravioleta. Por ello, la fotoprotección debe formar parte de una estrategia global que incluya sombra, ropa protectora, y sentido común frente al sol", asegura esta especialista del IDEI.
Bibiana Pérez, jefa de sección del Servicio de Dermatología del Hospital Universitario Ramón y Cajal, alerta por su parte de que, probablemente, el error más frecuente es aplicar mucha menos cantidad de la necesaria: "El SPF que aparece en el envase se obtiene en laboratorio aplicando 2 mg/cm2 de piel, una cantidad que la mayoría de las personas no utiliza. En la práctica, solemos aplicar entre un 25 y un 50% de esa cantidad, lo que reduce de forma importante la protección real".
Es más, mantiene esta dermatóloga que otros errores habituales con el fotoprotector solar son:
·Aplicarlo únicamente cuando ya estamos en la playa o en la piscina, en lugar de hacerlo unos minutos antes de la exposición.
·No reaplicarlo cada dos o tres horas si estamos en condiciones de alta exposición o después del baño, o tras el ejercicio intenso, o después del secado con la toalla.
·Olvidar zonas como las orejas, el cuello, el cuero cabelludo en personas con poca densidad capilar, el dorso de las manos, los labios, o los empeines.
·Pensar que un SPF muy alto evita la necesidad de reaplicación.
·Utilizar el mismo envase durante varios años o conservarlo en condiciones inadecuadas.
·Pensar que sólo hay que protegerse en verano.
·Creer que un día nublado elimina el riesgo de radiación ultravioleta.
·Asociar el bronceado con salud.
·Confiar exclusivamente en la crema solar.
·No proteger especialmente a los niños, cuya piel es más vulnerable al daño acumulativo.
·Olvidar que la radiación solar se acumula a lo largo de toda la vida y que la exposición cotidiana también suma.
CUÁL ES LA MISIÓN DEL FOTOPROTECTOR SOLAR
Con ello, la doctora Pérez destaca que el protector solar no está diseñado para que podamos tomar más sol, sino para recibir menos daño cuando estamos al sol: "El SPF indica la capacidad del producto para reducir el eritema producido principalmente por la radiación UVB en condiciones de laboratorio, pero no significa protección absoluta, ni autoriza exposiciones prolongadas".
Es más, la también jefa de sección del Servicio de Dermatología del Hospital Universitario Ramón y Cajal sostiene que, aunque los fotoprotectores modernos tienen un espectro muy amplio y la mayoría protegen también frente a UVA y luz azul, quizá deberíamos desterrar términos como 'pantalla total', ya que conducen a una sensación de protección completa que no es real. "Podemos compararlo con el cinturón de seguridad en un coche. El cinturón disminuye las consecuencias de un accidente, pero no hace que conducir de forma temeraria sea seguro. Con el protector solar ocurre exactamente lo mismo", asevera esta especialista.
En última instancia, la doctora Pérez sí remarca que no debemos olvidar, dentro de este contexto, de que realmente el sol tiene efectos beneficiosos para nuestra salud y bienestar, si bien afirma que esto no significa que toda exposición sea inocua: "Igual que ocurre con muchos otros factores ambientales, el beneficio depende de la dosis. También es importante recordar que la fotoprotección debe individualizarse. No necesita la misma estrategia una persona con antecedentes de melanoma, que un paciente inmunodeprimido, un niño pequeño, o alguien con piel muy oscura. La recomendación debe adaptarse al tipo de piel, a la edad, a la actividad que se realiza, y al contexto de exposición".
Finalmente, incide en que hay que tener en cuenta que la mayor parte del daño solar es prevenible: "Sabemos qué medidas funcionan y disponemos de herramientas eficaces para reducir el riesgo de fotoenvejecimiento y cáncer de piel. La clave no está en encontrar el protector solar perfecto, sino en combinar correctamente todas las medidas de fotoprotección".