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MADRID, 23 May. (EUROPA PRESS) -
Los clásicos 150 minutos de ejercicio a la semana podrían quedarse cortos para blindar el corazón frente a infartos e ictus, especialmente en personas con peor forma física, según un nuevo estudio que plantea revisar las recomendaciones actuales y apostar por objetivos personalizados según la capacidad cardiovascular de cada persona.
EL TIEMPO DE EJERCICIO PARA PROTEGER EL CORAZÓN PODRÍA SER MAYOR DEL RECOMENDADO
Según sugieren las conclusiones de un estudio observacional de la Universidad Politécnica de Macao, China, los adultos deberían intentar realizar entre 560 y 610 minutos semanales de actividad física moderada a vigorosa para lograr una reducción sustancial del riesgo de sufrir ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares.
Esto supone entre 3 y 4 veces más que la recomendación actual de salud pública de que los adultos realicen al menos 150 minutos semanales de ejercicio físico de intensidad moderada a vigorosa, como caminar a paso ligero, correr o montar en bicicleta.
En concreto, el estudio publicado en línea en el 'British Journal of Sports Medicine', sugiere que las personas con menor condición física necesitan hacer un poco más de ejercicio que las personas con muy buena forma física para obtener los mismos beneficios cardiovasculares.
De esta forma, los investigadores afirman que las recomendaciones actuales sobre ejercicio físico, que no se adaptan a las necesidades de todos, podrían tener que modificarse y sustituirse por objetivos personalizados según el nivel de condición física de cada persona.
La aptitud cardiorrespiratoria varía considerablemente y es un importante indicador de la salud cardiovascular. Una baja aptitud cardiorrespiratoria está fuertemente asociada con un mayor riesgo de infartos, accidentes cerebrovasculares y muerte prematura.
QUÉ ES EL VO2 MÁXIMO Y POR QUÉ INFLUYE EN EL RIESGO CARDIOVASCULAR
Una forma sencilla de evaluar la aptitud cardiorrespiratoria es midiendo el VO2 máximo, que es la tasa máxima de oxígeno que el cuerpo consume y utiliza durante el ejercicio intenso. Esto mide la eficiencia con la que el corazón, los pulmones y los músculos suministran y utilizan el oxígeno.
Los investigadores propusieron analizar cómo los niveles de ejercicio y la aptitud cardiorrespiratoria, medida mediante el VO2 máximo, afectaban al riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.
El estudio incluyó datos de 17.088 personas que participaron en un estudio del Biobanco del Reino Unido entre 2013 y 2015. La edad promedio fue de 57 años, el 56% eran mujeres y el 96% eran blancos.
Los participantes del estudio llevaron un dispositivo en la muñeca durante siete días consecutivos para registrar sus niveles habituales de ejercicio y completaron una prueba de ciclismo para medir su VO2 máximo estimado.
En el análisis también se incluyeron datos sobre el hábito de fumar, el consumo de alcohol, la salud y la dieta percibidas, el índice de masa corporal, la frecuencia cardíaca en reposo y la presión arterial.
Durante un período de seguimiento promedio de 7,8 años, se registraron 1.233 eventos cardiovasculares, entre ellos 874 casos de fibrilación auricular, 156 infartos de miocardio, 111 insuficiencias cardíacas y 92 accidentes cerebrovasculares.
150 MINUTOS SEMANALES OFRECEN UNA PROTECCIÓN LIMITADA
El estudio reveló que los adultos que cumplieron con la recomendación de 150 minutos de ejercicio a la semana experimentaron una modesta reducción del 8-9% en el riesgo cardiovascular. Este resultado se mantuvo constante en todos los niveles de condición física.
Para lograr una protección sustancial, definida como una reducción del riesgo superior al 30%, se requerían entre 560 y 610 minutos de ejercicio moderado a vigoroso a la semana. Sin embargo, este nivel de ejercicio solo lo alcanzó el 12% de las personas que participaron en el estudio.
LAS PERSONAS CON PEOR FORMA FÍSICA NECESITAN MÁS EJERCICIO
El análisis reveló que las personas con menor condición física necesitaban aproximadamente entre 30 y 50 minutos adicionales por semana en comparación con aquellas con mayor condición física para lograr beneficios equivalentes.
Por ejemplo, para lograr una reducción del 20% en el riesgo de eventos cardiovasculares, se necesitaron 370 minutos de ejercicio moderado a vigoroso para las personas con menor condición física, en comparación con 340 minutos para aquellas con mayor condición física.
Los investigadores concluyen que este hallazgo pone de relieve el mayor desafío al que se enfrentan las poblaciones con bajo nivel de condición física.
Este es un estudio observacional y, por lo tanto, no se pueden extraer conclusiones definitivas sobre causa y efecto. Los investigadores reconocen que el grupo de estudio podría haber sido más sano y estar en mejor forma física que la población general. Otra limitación fue que la aptitud cardiorrespiratoria se estimó y no se midió el tiempo de sedentarismo ni el ejercicio menos intenso.
Los investigadores afirman que sus hallazgos confirman que las directrices actuales proporcionan un mínimo universal sólido para la protección cardiovascular. Sin embargo, añaden que debería haber recomendaciones personalizadas para orientar a los pacientes motivados a hacer más para proteger su salud cardíaca.
"Las futuras directrices deberán diferenciar entre el volumen mínimo de ejercicio moderado a vigoroso necesario para un margen de seguridad básico y los volúmenes sustancialmente mayores necesarios para una reducción óptima del riesgo cardiovascular", concluyen.