La Sociedad de Sueño afirma que el síndrome de piernas inquietas aumenta el riesgo de depresión, ansiedad y suicidio

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Publicado: lunes, 21 septiembre 2026 14:33

MADRID 21 Sep. (EUROPA PRESS) -

La neuróloga y miembro del Grupo de Trastornos del Movimiento y de la Conducta durante el sueño de la Sociedad Española de Sueño (SES), la doctora Laura Lillo, ha afirmado que el síndrome de piernas inquietas aumenta "el riesgo de depresión, ansiedad e, incluso, de suicidio".

Por tanto, "este trastorno también tiene repercusión sobre el ánimo", ha continuado, al tiempo que ha declarado que "interfiere también con cualquier actividad vespertina que precise reposo prolongado, como cenar, asistir al cine/teatro, viajar". "Al ser incapaces de mantenerse en reposo, los síntomas impiden el sueño nocturno, sobre todo al inicio de la noche", ha sostenido.

Así, y con motivo de la celebración, este miércoles, 23 de septiembre, del Día Mundial del Síndrome de Piernas Inquietas, y debido a que alrededor del 11,6 por ciento de la población española podría sufrir el síndrome de piernas inquietas, con su estado más grave que puede afectar a entre el 2 y 3 por ciento, ha divulgado que, "con frecuencia, sus síntomas se malinterpretan como secundarios a ansiedad".

No obstante, ha manifestado que "es una enfermedad neurológica que altera el procesamiento sensitivo-motor", por lo que "provoca unas sensaciones aberrantes en las piernas que desencadenan una respuesta motora para aliviarlas". "El síntoma más evidente de ese trastorno es que los pacientes perciben que durante el reposo vespertino/nocturno aparece una necesidad imperiosa de mover las piernas, que mejora al moverlas, por lo que se ven obligados a agitarlas o levantarse a caminar para aliviarlas".

En cuanto a las causas, Lillo ha sostenido que "se conocen solo de forma parcial", y es que "se sabe que hay una predisposición genética", pero "no se trata de una enfermedad que pueda heredarse por mutaciones concretas, sino de un aumento de la probabilidad de presentarla asociada a algunas variantes genéticas comunes". Además, "se sabe también que la ferropenia o déficit de hierro es el factor de mayor riesgo para el desarrollo", ha subrayado.

"Estas dos variables alteran el funcionamiento de varios sistemas cerebrales, provocando un aumento del tono cerebral de dopamina y glutamato, responsables finalmente de la aparición de los síntomas", ha aclarado, al tiempo que ha puesto de manifiesto que "quedan aún, no obstante, muchas incógnitas sobre cómo interaccionan estas variables y en qué orden suceden los cambios".

EL RETRASO DIAGNÓSTICO PUEDE LLEGAR A SUPERAR LOS 10 AÑOS

Junto a ello, se ha referido al diagnóstico, al sostener que ante los signos típicos, "es relativamente sencillo y se basa solo en el reconocimiento" de ellos. Sin embargo, ha explicado que "los estudios indican que el retraso en el diagnóstico puede llegar a ser mayor a 10 años desde el inicio de los síntomas", ya que el problema es que el síndrome de piernas inquietas "es una enfermedad muy poco conocida, tanto por médicos como por los pacientes, por lo que es frecuente que éstos tarden mucho en consultar y que, al hacerlo, sus síntomas se malinterpreten como secundarios a insomnio o ansiedad".

Ante ello, ha subrayado que la detección "es primordial, ya que existen tratamientos para intentar aliviar los síntomas". "Durante décadas, los agonistas dopaminérgicos -AD- (pramipexol, ropinirol, rotigotina) fueron la base" terapéutica, "pero en la última década se ha constatado que el tratamiento prolongado con estos fármacos empeora la enfermedad, provocando el denominado 'fenómeno de aumento', por lo que su uso está desaconsejado", ha asegurado.

En la actualidad, el tratamiento "se basa, por un lado, en la reposición de hierro en casos de ferropenia, con suplementos orales o hierro intravenoso; y, por otro, en el uso de agonistas AD como gabapentina o pregabalina", ha continuado Lillo, quien ha expuesto que "en casos graves, o una vez que ha aparecido el 'fenómeno de aumento', es necesario recurrir a opioides".

"En los últimos años se ha desarrollado también un dispositivo externo de estimulación sobre el nervio peroneal (TOMAC, por sus siglas en inglés) que ha demostrado aliviar los síntomas con pocos efectos secundarios", aunque "aún no está disponible en España", ha concluido.

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