La siniestralidad se dispara en conductores con depresión, ansiedad o trastorno bipolar, según un estudio de la UGR

Conductor al volante de un coche. Archivo.
Conductor al volante de un coche. Archivo. - UGR
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Publicado: viernes, 26 junio 2026 12:54

GRANADA 26 Jun. (EUROPA PRESS) -

Investigadoras de la UGR han realizado un informe para la Dirección General de Tráfico (DGT) sobre el impacto de la salud mental en la seguridad vial y han comprobado que la siniestralidad vial se dispara en los conductores que sufren depresión, ansiedad o trastorno bipolar.

El trabajo también detecta que, de cara a la conducción, algunos antidepresivos provocan efectos similares al consumo elevado de alcohol.

Ha sido concretamente un equipo de científicas de la Universidad de Granada (UGR), integrado en el Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento, el que ha elaborado para la DGT el informe 'Condiciones psicofísicas de los conductores con trastorno de estados de ánimo y ansiedad', una amplia revisión que analiza la relación entre salud mental, tratamientos farmacológicos y seguridad vial.

Las autoras advierten que aunque los trastornos mentales afectan aproximadamente al 34 por ciento de la población española, solo el 0,63 por ciento de quienes renuevan el permiso de conducir informan sobre el padecimiento de alguna enfermedad de este tipo a los Centros de Reconocimiento de Conductores (CRC), lo que indica una posible infraestimación del problema.

El informe recuerda que las enfermedades mentales se asocian a un mayor riesgo de accidente de tráfico. Los conductores con dichos trastornos presentan un riesgo relativo de siniestralidad un 72 por ciento superior respecto a la población sin estas patologías.

Los análisis denotan que la depresión mayor puede deteriorar funciones ejecutivas fundamentales para la conducción, como la atención sostenida, la velocidad de reacción y la toma de decisiones.

En personas con ansiedad, se han observado problemas de control atencional y disminución de la autoeficacia al volante, mientras que en el trastorno bipolar persisten alteraciones en la atención y el procesamiento de la información, incluso en fases de remisión clínica.

Asimismo, los experimentos con simuladores y pruebas en carretera sugieren que las personas con depresión parcialmente remitida pueden recuperar capacidades de conducción similares a las de conductores sanos, siempre que mantengan estabilidad clínica y funcionalidad psicosocial adecuada.

MEDICACIÓN EN LA SEGURIDAD VIAL

Uno de los aspectos más relevantes es el análisis del impacto de determinados psicofármacos. Las investigadoras subrayan que algunos antidepresivos con propiedades sedantes, así como benzodiacepinas e hipnóticos, alteran temporalmente las capacidades psicomotoras necesarias para conducir de forma segura.

Entre los efectos detectados figuran somnolencia, disminución del estado de alerta, ralentización psicomotora, problemas de coordinación y aumento de movimientos irregulares del vehículo.

El trabajo señala que ciertos antidepresivos sedantes incrementan la desviación lateral del vehículo hasta niveles comparables a los observados en conductores con elevadas tasas de alcohol en sangre.

La revisión concluye que la combinación de antidepresivos y benzodiacepinas potencia el deterioro de la conducción y aumenta el riesgo de siniestralidad, especialmente en conductores jóvenes y personas mayores.

Por el contrario, los antidepresivos no sedantes no parecen producir alteraciones significativas en el rendimiento vial. No obstante, las autoras entienden que el tratamiento farmacológico no debe interpretarse automáticamente como una contraindicación para conducir.

El informe insiste en que la aptitud debe valorarse de forma individualizada, teniendo en cuenta el estado clínico global del paciente, su adaptación al tratamiento y el seguimiento médico especializado.

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