Archivo - Niño en clase. - IMGORTHAND/ ISTOCK - Archivo
MADRID 7 Sep. (EUROPA PRESS) -
La neuropsicóloga infanto-juvenil y profesora de Psicología del desarrollo normal y patológico de la Universidad Europea de Valencia Erika Nache ha recomendado acompañar a niños y adolescentes en la vuelta a la rutina escolar para ayudarlos a hacer frente a la posible aparición del síndrome posvacacional infantil.
"Acompañarlos en este momento no significa evitar que sientan malestar, sino proporcionarles las condiciones y herramientas necesarias para atravesar ese malestar y recuperar progresivamente su sensación de seguridad y competencia", ha indicado ante el inicio de la 'vuelta al cole'.
Nache ha explicado que el síndrome posvacacional infantil no es un diagnóstico clínico, sino un proceso de adaptación a un cambio, y sus manifestaciones no son iguales en todas las etapas, al igual que no lo es la capacidad de los menores para entender, expresar y gestionar el malestar, por lo que ha instado a adaptar las estrategias de acompañamiento.
En los más pequeños, de cero a tres años, ha señalado que el malestar suele aparecer de manera "más indirecta", con señales como mayor irritabilidad, llanto, dificultades para separarse de las figuras de referencia, cambios en el sueño o la alimentación, más rabietas o una mayor necesidad de contacto y seguridad. En esta etapa, ha destacado que "más que explicar mucho", lo que se necesita es "regular primero y verbalizar después".
Entre los tres y los seis años, ha apuntado que "aparece con fuerza la ansiedad de separación", con frases como "no quiero ir", rabietas o "regresiones en determinadas conductas". La psicóloga ha aconsejado "convertir lo desconocido en predecible" y validar la emoción del niño "sin convertirla en una señal de peligro".
De los seis a los nueve años, "aumenta la conciencia de las demandas escolares" y pueden aparecer "quejas somáticas, como dolor de barriga o de cabeza, especialmente antes de acudir al colegio", algo que, según Nache, "no significa necesariamente que el niño esté inventando los síntomas". En esta etapa, ha recomendado sustituir preguntas genéricas por otras más concretas como "¿qué es lo que más te apetece de volver?" y "¿qué es lo que menos te apetece?".
PREADOLESCENCIA Y ADOLESCENCIA
En la preadolescencia, entre los nueve y los 12 años, "la resistencia a volver puede estar relacionada con la preocupación por los exámenes, la carga de trabajo, la pertenencia al grupo, conflictos con compañeros o el temor a no cumplir determinadas expectativas", ha explicado la experta, quien ha llamado a implicar al menor en la organización de la vuelta para favorecer "la sensación de control, que es especialmente importante ante las transiciones".
Mientras, en la etapa de 12 a 18 años, ha detallado que se debe atender la alteración del sueño, ya que "la vuelta brusca a los madrugones puede generar fatiga, irritabilidad, dificultades de concentración y menor regulación emocional". En estos casos, ha resaltado que "funciona mejor" negociar que imponer.
En este punto, ha advertido de que, en algunos casos, "lo que aparentemente parece 'pereza por volver a clase' puede estar ocultando un problema diferente", como conflictos sociales o rechazo escolar.
Aunque la profesora de la Universidad Europea de Valencia ha afirmado que atravesar cierta dificultad inicial es normal, ha pedido estar atentos a las señales de alarma. "No es lo mismo que un niño esté más irritable o cansado durante unos días que presente de forma persistente ansiedad intensa, rechazo escolar, alteraciones importantes del sueño, síntomas físicos recurrentes o un deterioro significativo de su funcionamiento cotidiano", ha precisado.