¿Cómo será el cerebro del futuro?

Cerebro, pruebas
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Publicado 29/03/2019 8:29:43CET

   MADRID, 29 Mar. (EDIZIONES) -

   A diferencia de los animales, que en el momento de nacer ya dominan funciones que son específicas de su especie, los humanos tenemos que aprender una amplia variedad de cosas a lo largo de nuestra vida. Nuestro cerebro no está aislado del mundo exterior y, por el contrario, forma parte de un cuerpo que se desarrolla y madura en un contexto específico, interactuando con seres sociales y con objetos inanimados.

   Ese contexto en el que una persona crece da forma a la organización funcional y a la conectividad del cerebro, afectando así a su comportamiento. De hecho, saber cómo ha evolucionado nuestro cerebro nos permite entender la especie humana y, al mismo tiempo, pensar en los posibles cambios que van a tener lugar.

   "De este hecho se desprende que el desarrollo y el funcionamiento del cerebro no están determinados únicamente por la carga genética, sino que el ambiente cumple un papel esencial (...) y nuestro presente está marcado por la revolución del desarrollo tecnológico", subraya en una entrevista con Infosalus Facundo Manes, neurocientífico y neurólogo de la Universidad de Buenos Aires, con motivo de la publicación de su libro 'El cerebro del futuro' (Paidós).

   Así, recuerda también la transformación de este órgano desde que se es un niño hasta la adultez, un proceso "más fascinante" que el de cualquier sofisticado desarrollo tecnológico. En concreto, dice que el cerebro de un recién nacido representa sólo un cuarto del tamaño del de un adulto y, en el transcurso de su infancia experimentará un crecimiento intensivo y masivo.

   "Sabemos que, si bien el cerebro humano se transforma a lo largo de toda la vida, son las fases tempranas de maduración, durante el desarrollo fetal y la infancia, las más drásticas y las más importantes", remarca el también consultor del Medical Research Council y de la Universidad de Cambridge.

   Pero el cerebro no sólo evoluciona desde la infancia hasta la adultez, según advierte, ya que a lo largo de la Historia también se ha modificado y avanzado. Para evidenciarlo dice que no hay más que ver cómo era el cerebro de los neandertales y cómo es el nuestro actual. "Hay que tener en cuenta los diferentes saltos evolutivos que ha tenido la especie, como la bipedestación, la manualidad o el lenguaje, por ejemplo, así como la capacidad de vivir en grupos de personas", señala.

NO CAMBIARÁ FÍSICAMENTE

   Con ello, este experto augura que el cerebro seguirá evolucionando, no desde el punto de vista biológico o fisiológico, sino que lo hará en interacción con las máquinas, dado que, tal y como ya ha comentado, nuestro estilo de vida tiene un profundo impacto en el cerebro. "En términos anatómicos el cerebro no experimentará ningún cambio en varios siglos", sentencia el experto.

   De hecho, destaca que las nuevas tecnologías, tan presentes en nuestro día a día, afectan a nuestro cerebro. "Existe una interfaz entre el cerebro y el ordenador, y quizá la evolución vaya de la mano de nuestra cada vez mayor relación con las máquinas", vaticina Manes, al mismo tiempo que destaca que la Ciencia está desarrollando asombrosos dispositivos como la interfaz cerebro-máquina, que permite a las personas que lo necesiten por ejemplo recuperar la movilidad perdida o comunicarse cuando sufren una enfermedad que se lo impide, y otro ejemplo son las nuevas tecnologías para el diagnóstico y tratamiento de enfermedades cerebrales.

   Otra de las aplicaciones potenciales de la tecnología, según subraya, es el desarrollo de dispositivos que detecten e informen de la probabilidad de sufrir una crisis epiléptica, o bien el uso de implantes neuronales que monitoricen y, de ser necesario, estimulen la secreción o retención de nuerotransmisores para que el cerebro funcione de manera óptima, previniendo así enfermedades como la depresión, por ejemplo.

   Además, la interfaz cerebro-máquina se podría aplicar también a personas sanas y se podrían potenciar funciones sensoriales o cognitivas mediante la inserción de implantes cerebrales, o mediante un dispositivo externo, como hoy en día se hace con los implantes cocleares, o en el futuro, por ejemplo para tener visión nocturna.

   "Nos encontramos frente a la posibilidad de desarrollar la neurotecnología de modo que nos permita superar algunas de las limitaciones del cuerpo humano. Esto genera una serie de preocupaciones, tanto éticas como legales. Sus usos deben estar claramente definidos, y han de promover el bienestar de las personas y el de toda la comunidad", defiende Manes, a la vez que destaca que varios investigadores sostienen que podemos llegar a convertirnos en 'Homo ciberneticus', una especie humana ligeramente asistida por algunas mejoras tecnológicas.

   A su vez, indica que la tecnología actual permite desarrollar tejidos artificiales, por ejemplo piel construida a partir de plástico, y probablemente considera que en próximos siglos sea posible crear o regenerar el tejido neuronal del cerebro, lo cual tendría implicaciones importantes para el tratamiento de enfermedades que hoy no tienen cura, como la demencia.

LIMITAR EL USO DE LAS TECNOLOGÍAS

   Por otro lado, recuerda que hoy nuestro cerebro sigue funcionando como el de nuestros ancestros, sólo que adaptado a un mundo diferente con reglas diferentes. "La tecnología afecta a nuestro cerebro de la misma forma en que lo hacen los demás estímulos del entorno. (...) Para poder entender su impacto en nuestro órgano más complejo y fundamental debemos ser conscientes de cómo la usamos, de la ansiedad que puede producirnos no disponer de ella, del estrés que ocasiona la sobreestimulación en cada etapa de la vida", añade.

   En esta línea, en las próximas décadas, además, Manes dice que vamos a evolucionar limitando el uso de tecnología que hoy nos abruma, ese uso permanente de la misma, de forma que no nos estrese, no nos genere el insomnio que puede llegar a provocar en ciertas personas hoy día, por ejemplo. "Va a haber una nueva fusión biológica con lo tecnológico, en próximas décadas volveremos a usar la tecnología sólo en las ocasiones que necesitemos, pero no siempre porque se ha visto que ésta impacta en nuestro bienestar", añade

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