El sencillo e inesperado movimiento que puede ayudarte a aprender patrones

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Publicado: lunes, 26 octubre 2026 8:04

   MADRID, 26 Oct. (EUROPA PRESS) -

¿Se acabo el hincar codos para estudiar? Aprender mejor podría depender de algo más que prestar atención o repetir una y otra vez la misma información. Una nueva investigación pone el foco en un factor poco habitual que podría influir en cómo adquirimos determinados conocimientos.

   Investigadores de la Universidad Atlántica de Florida (FAU) y de la Universidad de Brown, ambas en Estados Unidos, han descubierto que los movimientos más amplios pueden mejorar significativamente el aprendizaje. Sin embargo, el beneficio depende del tipo de categoría que se esté aprendiendo.

   Los hallazgos, publicados en 'Science Advances', cuestionan las teorías tradicionales del aprendizaje de categorías, que generalmente se centran en cómo las personas representan y reconocen mentalmente los objetos, considerando el movimiento como el paso final del proceso. En cambio, la investigación sugiere que las respuestas físicas pueden desempeñar un papel activo en la configuración del aprendizaje.

   Decidir si una carretera está resbaladiza, reconocer una lesión potencialmente peligrosa en una tomografía o determinar si una fruta está madura pueden parecer tareas exclusivamente mentales. Pero en la vida cotidiana, categorizar lo que vemos suele estar estrechamente ligado a cómo nos movemos e interactuamos con el mundo que nos rodea.

    A pesar de esta conexión, décadas de investigación han tratado el aprendizaje de categorías principalmente como un proceso cognitivo, donde el movimiento físico solo sirve para expresar una decisión una vez tomada.

SOBRE TODO FUNCIONA CON EL APRENDIZAJE DE PATRONES

Sorprendentemente, se ha investigado poco si las acciones físicas que realizan las personas al categorizar información pueden influir realmente en su capacidad de aprendizaje.

   Para investigar esta cuestión, los investigadores desarrollaron un experimento de realidad virtual inmersiva en el que los participantes aprendieron a categorizar patrones visuales mediante simples pulsaciones de botones o movimientos de brazos más amplios. Los participantes blandían un sable de luz virtual para alcanzar un objetivo o golpeaban una casilla de respuesta sin interactuar directamente con el estímulo visual. Los investigadores probaron dos tipos de aprendizaje de categorías.

Uno se basa en reglas explícitas, como identificar un objeto a partir de características específicas. El otro requiere que las personas reconozcan patrones e integren múltiples características para emitir un juicio, a menudo sin poder articular con exactitud cómo llegan a esa decisión.

   Los resultados revelaron una diferencia notable. Los participantes que realizaron movimientos de brazos más amplios aprendieron las categorías basadas en similitud con mayor eficacia y precisión que aquellos que respondieron simplemente pulsando botones.

Sin embargo, los movimientos más amplios no aportaron ningún beneficio significativo para el aprendizaje de categorías basadas en reglas explícitas, incluso cuando los investigadores hicieron que la tarea fuera más compleja.

   "Lo que más me sorprendió fue lo selectivo que resultó el efecto", comenta Luke Rosedahl, autor principal, profesor asistente del Departamento de Ingeniería Biomédica de la FAU, miembro del Instituto para Ciudades, Espacios y Salud Inteligentes de la FAU y miembro del Instituto Cerebral Stiles-Nicholson de la FAU.

"Descubrimos que los movimientos más amplios mejoraban sustancialmente el aprendizaje cuando las personas debían reconocer patrones integrando múltiples características, pero no proporcionaban ningún beneficio significativo cuando aprendían categorías utilizando reglas explícitas", afirma.

Aún más interesante, el beneficio se producía tanto si los participantes golpeaban el objetivo como si pulsaban una casilla de respuesta aparte. El movimiento en sí parecía importar, no si interactuaba directamente con lo que estaban aprendiendo.

   Los investigadores realizaron experimentos adicionales para determinar si la mejora podía explicarse por otros factores. Controlaron el tiempo que los participantes dedicaban a observar cada imagen, tuvieron en cuenta las diferencias en la velocidad de respuesta y complejizaron la tarea basada en reglas. La ventaja para movimientos más amplios se mantuvo específica del aprendizaje basado en la similitud.

Quizás lo más revelador sea que los participantes que entrenaron con movimientos más amplios mantuvieron su ventaja incluso después de cambiar a simples pulsaciones de botones. Esto sugiere que el movimiento contribuyó a fortalecer el aprendizaje en sí, en lugar de simplemente facilitar la respuesta correcta en el momento.

   "Durante décadas, el aprendizaje de categorías se ha estudiado principalmente como un proceso en el que el cerebro decide qué es algo y luego dirige al cuerpo cómo responder", recalca Rosedahl. "Nuestros hallazgos sugieren que el movimiento también puede influir en el aprendizaje. Al demostrar que el movimiento beneficia algunos tipos de aprendizaje, pero no otros, podemos refinar las teorías existentes y comprender mejor cómo interactúan la percepción, la toma de decisiones y los sistemas motores. También debemos preguntarnos si las tareas tradicionales de presionar botones han pasado por alto formas de mejorar el aprendizaje".

LA RELACIÓN ENTRE EL PENSAMIENTO Y LA ACCIÓN

   Los hallazgos podrían ser útiles para la capacitación en tareas complejas que requieren la integración de información y el reconocimiento de patrones, como el diagnóstico médico y la aviación. Estas tareas pueden ser difíciles de aprender y resistentes a los métodos de enseñanza tradicionales.

En investigaciones anteriores, Rosedahl descubrió que proporcionar instrucciones escritas sobre cómo realizar una tarea no mejoraba el desempeño. "Incorporar el movimiento podría ser una forma sencilla de mejorar el aprendizaje en situaciones donde los enfoques convencionales resultan insuficientes", destaca.

    Los hallazgos también cuestionan los diseños de entrenamiento tradicionales que minimizan el movimiento, sugiriendo que esto podría limitar inadvertidamente el rendimiento. La realidad virtual inmersiva podría ofrecer una forma de incorporar el movimiento intencional al entrenamiento, aunque se necesita más investigación para determinar si los beneficios se extienden a entornos del mundo real.

   "Este estudio nos invita a replantearnos algo fundamental sobre el aprendizaje: la relación entre el pensamiento y la acción", agrega Stella Batalama , doctora y decana de la Facultad de Ingeniería e Informática de la FAU.

"Comprender cómo el movimiento influye en el aprendizaje podría conducir a nuevos enfoques para la enseñanza de habilidades complejas y la preparación de las personas para tomar decisiones en situaciones exigentes del mundo real".

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