MADRID, 23 Mar. (EDIZIONES) -
La rosácea afecta a miles de personas, pero sigue infradiagnosticada por confundirse con una piel sensible o por un simple rubor facial. Los especialistas advierten de que se trata de una enfermedad inflamatoria crónica que puede provocar ardor, granitos, vasos visibles, e incluso complicaciones oculares si no se trata a tiempo.
Por eso, identificar sus primeros síntomas y evitar desencadenantes como el sol, el estrés, o ciertos alimentos resulta clave para controlar los brotes y mejorar la calidad de vida. Desde la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) indican su incidencia es similar en hombres que en mujeres, aunque es ligeramente más habitual en las mujeres. Sobre su edad de aparición, esta entidad científica apunta que en el 80% de los casos debuta entre los 30-50 años.
Entrevistamos precisamente en Europa Press Salud Infosalus a una portavoz de la AEDV, en concreto a la vicecoordinadora del Grupo Español de Dermatología Estética y Terapéutica (GEDET) y fundadora de Clínica Eguren, a la dermatóloga Cristina Eguren, quien nos explica que la rosácea es una enfermedad inflamatoria de la piel facial que no debe banalizarse como un simple problema estético.
"Puede generar molestias, empeorar la calidad de vida, y condicionar mucho el día a día de quien lo sufre. En consulta, la vemos como una alteración compleja en la que además de rojez, también pueden aparecer flushings o episodios de rubor súbito, granitos rojos y pústulas, sensación de ardor, de tirantez, de piel extremadamente sensible, así como vasos visibles, e incluso afectación ocular. En fases más avanzadas, si no se trata adecuadamente, puede llegar a producir un engrosamiento cutáneo, como ocurre en la rinofima", advierte esta experta.
SEÑALES TEMPRANAS DE LA ROSÁCEA
Subraya esta miembro del GEDET de la AEDV que la pista clave es que la rojez no aparece de forma aislada: "Debe alertarnos el que la persona empiece a notar un rubor fácil con el calor, con el ejercicio, con el estrés, o con ciertos alimentos; o bien que la piel arde, pica, o molesta con cosméticos que antes toleraba".
Otras señales, según prosigue, es que aparezcan granitos rojos sin puntos negros; o que se noten vasos finos visibles en las mejillas y en la nariz. "Otra señal muy típica es esa sensación de tirantez y de piel seca que, en realidad, es una piel alterada y deshidratada por una barrera cutánea comprometida", remarca esta experta.
Además, la doctora Eguren pone sobre la mesa que en la actualidad se conoce que en la rosácea hay una influencia del eje intestino-piel y, que en muchos casos de rosácea se aprecian alteraciones a nivel digestivo, que pueden estar en relación con la patología cutánea.
Así, aconseja que, ante el mínimo indicio de sospecha la persona debe acudir al dermatólogo: "En cuanto una persona note que la rojez se repite, que tiene brotes de rubor frecuentes, que su piel empieza a arder o a reaccionar de forma anómala, o que aparecen granitos y vasos visibles, merece la pena consultar".
También cree esta dermatóloga importante si hay síntomas oculares, porque la rosácea puede afectar a los ojos; de forma que un diagnóstico precoz evita complicaciones. "Esperar demasiado suele traducirse en más inflamación, más daño de la barrera cutánea; un círculo vicioso más difícil de romper y, sobre todo, en mayor sufrimiento acumulado", agrega.
CÓMO CURSA LA ENFERMEDAD
Recuerda esta portavoz de la AEDV que la rosácea aparece en brotes, y que presenta fases de calma y fases de reactivación. "Muchas veces esas recaídas coinciden con picos de estrés, o con cambios en el estilo de vida", precisa Eguren.
Sostiene también que, en invierno, la combinación de frío, de viento, la calefacción, y los contrastes bruscos de temperatura pueden irritar la piel y empeorar el flushing. "En primavera, en cambio, suelen influir más la aparición de alergias, el aumento de radiación solar, y el calor progresivo", apostilla esta experta.
PRINCIPALES DESENCADENANTES DE LA ROSÁCEA
Entre los desencadenantes clásicos, esta dermatóloga cita a los siguientes: la radiación solar, el calor, el frío intenso, el viento, los cambios bruscos de temperatura, el ejercicio muy intenso, el estrés emocional, y algunos alimentos o bebidas, especialmente los muy picantes, muy calientes o el alcohol.
"Pero no basta mirar hacia fuera, también debemos mirar hacia dentro. El sueño deficiente, una dieta proinflamatoria, el desequilibrio de la microbiota, y el propio estrés mantenido también pueden desestabilizar la piel y favorecer recaídas", asevera esta especialista.
Por eso, apuesta por una rutina diaria, basada en una correcta limpieza y exfoliación que ayuden a controlar la producción excesiva de grasa, un producto que refuerce la función barrera, y otro que active, "como un retinol a baja concentración, al menos de inicio". Además, dice que ayudan mucho los hábitos que reducen la inflamación sistémica como el hecho de dormir bien, el reducir el estrés, realizar ejercicio físico regularmente, y revisar la alimentación.
En este sentido, le preguntamos si realmente existe algún alimento que debamos revisar en nuestra dieta si tenemos rosácea, y subraya que "no existe una lista universal que afecte igual a todos", si bien admite que, con frecuencia, empeora la rosácea con alimentos picantes, con bebidas muy calientes, con alcohol, y con dietas con un perfil claramente proinflamatorio.
A juicio de esta dermatóloga del GEDET, lo más útil no es demonizar alimentos de forma indiscriminada, sino observar patrones personales: "Debemos dar importancia a la nutrición antiinflamatoria y a la microbiota, porque modular el eje intestino-piel ayuda a controlar mejor y de forma integral la enfermedad".
SE PUEDE CONTROLAR
Con todo ello, asegura que la rosácea "puede controlarse", un mensaje en su opinión "muy importante" porque durante años muchos pacientes la han vivido con absoluta resignación. De hecho, pone en evidencia que el mito más frecuente que escucha en consulta sobre la rosácea es que 'no tiene solución' o el que haya que aprender a vivir con ella; un mensaje que cree que "hace mucho daño".
Otra idea errónea muy habitual vista en consulta, según prosigue, es pensar que la rosácea es solo una piel seca o una piel sensible, y que basta con tratarla con cosmética. "Esto no sólo no ayuda, sino que puede empeorar aún más la situación. La rosácea puede ser compleja, pero precisamente por eso necesita diagnóstico médico, personalización, y tratamiento integral. El objetivo no debe ser resignarse al brote, sino aspirar a controlar la enfermedad, y a recuperar calidad de vida", resalta esta portavoz de la AEDV.
"Hoy disponemos de abordajes integrales que combinan tratamiento tópico, fármacos, terapias lumínicas, intervenciones láser, y estrategias de modulación del eje intestino-piel. No se trata sólo de quitar la rojez mediante medidas o tratamientos sintomáticos, sino de estabilizar la piel, y de prevenir recaídas actuando desde la raíz del problema", concluye la dermatóloga Cristina Eguren.