Un registro norteamericano revela que la COVID-19 aumenta un 67% la mortalidad al año tras un infarto grave

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Publicado: miércoles, 29 abril 2026 7:25

   MADRID, 29 Abr. (EUROPA PRESS) -

La COVID-19 puede empeorar significativamente los resultados cardiovasculares, aumentando el riesgo de complicaciones en pacientes con afecciones cardíacas preexistentes, lo que subraya la necesidad de una mayor vigilancia clínica durante y después de la hospitalización.

Por ejemplo, los pacientes que contraen COVID-19 y sufren un infarto agudo de miocardio con elevación del segmento ST (STEMI), un tipo grave de infarto causado por una obstrucción completa de una arteria coronaria, tienen siete veces más probabilidades de fallecer en el hospital, sufrir un accidente cerebrovascular, un infarto de miocardio recurrente o una revascularización no planificada repetida, en comparación con quienes no contrajeron la COVID-19. Sin embargo, se desconocen los efectos a largo plazo de la COVID-19 en esta población de pacientes.

    La Sociedad de Angiografía e Intervenciones Cardiovasculares (SCAI) y la Asociación Canadiense de Cardiología Intervencionista (CAIC), junto con el Consejo de Cardiología Intervencionista del Colegio Americano de Cardiología, han colaborado para crear el registro observacional multicéntrico NACMI.

    Según este registro norteamericano de infarto de miocardio por COVID-1, sus hallazgos demuestran tasas de mortalidad al año significativamente más altas en pacientes con COVID-19 e infarto de miocardio con elevación del segmento ST (STEMI) en comparación con pacientes con STEMI únicamente.

    Este registro es el primer estudio que describe los resultados a largo plazo en pacientes con STEMI y COVID-19. Los investigadores presentan los datos de última hora en las Sesiones Científicas 2026 de la SCAI y la Cumbre de la Asociación Canadiense de Cardiología Intervencionista (CAIC-ACCI) en Montreal (Canadá).

LAS CIFRAS DEL REGISTRO NACMI: POR QUÉ EL ALTA MÉDICA NO ES EL FINAL

   NACMI es un registro observacional multicéntrico, prospectivo e iniciado por investigadores, de pacientes hospitalizados con STEMI y con infección por COVID-19 confirmada o sospechada en Norteamérica. Este subestudio de seguimiento a largo plazo incluyó un total de 2.358 pacientes con STEMI, divididos en tres subgrupos: COVID-19 positivo (n=623), COVID-19 negativo (n=694) y controles emparejados (n=1041).

   Este estudio halló que los pacientes con COVID-19 e infarto agudo de miocardio con elevación del segmento ST (STEMI) presentaban una tasa de mortalidad al año un 67% mayor que los pacientes sin COVID-19 (45% frente a 27%, respectivamente). La mayoría de las muertes (86%) ocurrieron durante la hospitalización inicial. Entre los supervivientes de la hospitalización inicial, las tasas de mortalidad al año fueron un 25% mayores en pacientes con COVID-19 (12% frente a 9,6%) y más del doble que la tasa prepandémica (5,3%).

    "Nuestros hallazgos destacan que los pacientes que sobreviven a un infarto agudo de miocardio con elevación del segmento ST (STEMI) necesitan una atención constante y minuciosa por parte de su equipo médico, especialmente si padecen COVID-19", asegura el doctor Payam Dehghani, cardiólogo intervencionista de Prairie Vascular Research Inc. en Regina, Canadá.

"Gracias a nuestra colaboración con CAIC, pudimos responder a esta pregunta clínica crucial sobre las consecuencias a largo plazo de la COVID-19 y el STEMI. Los médicos deben evaluar y monitorizar cuidadosamente los factores de riesgo cardiovascular, incluidos los hábitos de vida, y los pacientes deben participar activamente en su recuperación y seguimiento".

    Los investigadores señalan que se están llevando a cabo análisis adicionales para explorar posibles disparidades de género entre pacientes con COVID-19 e infarto agudo de miocardio con elevación del segmento ST (STEMI).

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