La radiación durante un eclipse puede provocar lesiones con daños permanentes en la visión

Eclipse solar.
Eclipse solar. - ULE
Infosalus
Publicado: lunes, 8 junio 2026 12:45

MADRID 8 Jun. (EUROPA PRESS) -

La radiación durante un eclipse puede provocar una lesión fotoquímica o térmica, algo que puede causar daños permanentes en la visión, tanto si se mira al sol sin protección a simple vista como si se utilizan métodos inadecuados, según el oftalmólogo y director del Instituto Universitario Fernández-Vega, Jesús Merayo.

El próximo 12 de agosto tendrá lugar un eclipse total de sol, un fenómeno astronómico en el que la luna se interpone entre la tierra y el sol y oculta por completo su parte brillante durante unos minutos en determinadas zonas. La franja de totalidad cruzará el norte y este de España y ocurrirá en torno al atardecer.

Sin embargo, aunque el ambiente se oscurezca y el sol parezca menos intenso, la radiación ultravioleta e infrarroja "continúa siendo dañina para el ojo y la observación sin protección puede causar lesiones graves". El sol emite una radiación peligrosa, incluso cuando está parcialmente cubierto por la luna. En ese momento, la radiación ultravioleta e infrarroja es "especialmente intensa y puede afectar de forma directa a las estructuras oculares".

"La radiación ultravioleta puede lesionar las células de la retina, mientras que la radiación infrarroja puede dañar los tejidos del ojo. Este daño puede pasar desapercibido en el momento de la exposición porque la retina apenas tiene receptores del dolor, lo que hace que muchos no relacionen los síntomas con la exposición al eclipse", ha explicado el doctor.

Los síntomas de una lesión por observación solar pueden aparecer horas o incluso días después. Estas afecciones van desde lesiones en la superficie ocular que cursan con dolor y lagrimeo (queratitis actínica) a las retinianas, las más frecuentes en los días de eclipse. Algunas de las señales de alarma más habituales son la visión borrosa, la aparición de una mancha central (como un punto oscuro o borroso en el centro de la visión), la distorsión de las líneas (verlas onduladas) y la dificultad para leer o para enfocar detalles.

Ante cualquiera de estos signos, los especialistas recomiendan acudir cuanto antes al oftalmólogo para una valoración. En cualquier caso, la mejor opción es la prevención, ya que las lesiones pueden ser irreversibles.

LA ÚNICA OPCIÓN SEGURA: LAS GAFAS DE ECLIPSE HOMOLOGADAS

Para ver este fenómeno de forma segura, la única opción para la observación directa es utilizar gafas de eclipse homologadas que cumplan la norma ISO 12312-2:2015, comprobando antes de su uso que el filtro esté en perfecto estado y desechándolo si está rayado, perforado o deteriorado.

En caso de utilizar gafas graduadas, el filtro debe colocarse por encima. Incluso con protección homologada, se aconseja mirar el eclipse durante periodos breves (alrededor de 30 segundos) y realizar descansos más prolongados.

"No debe mirarse el eclipse con gafas de sol convencionales, por oscuras que sean, porque no ofrecen la protección necesaria frente a la radiación nociva. Tampoco son seguros los métodos caseros como las radiografías, cristales ahumados o filtros improvisados, ya que pueden reducir el deslumbramiento, pero no bloquean la radiación que daña la retina", ha advertido Merayo.

Asimismo, ha desaconsejado utilizar cámaras, telescopios o prismáticos sin un filtro solar específico diseñado para ese dispositivo, dado que la luz se concentra y puede producir una lesión grave. Jesús Merayo ha recalcado que tampoco es seguro mirar a través de dispositivos ópticos aunque se lleven gafas de eclipse, ya que estas "no están diseñadas para combinarse con sistemas de aumento".

En el caso de un eclipse total, la protección solo puede retirarse durante la fase de totalidad (cuando el sol está completamente cubierto). En cuanto reaparece el primer borde brillante, las gafas deben colocarse de inmediato.

Por último, el experto ha recomendado que los niños observen el eclipse siempre con supervisión adulta, ya que un gesto breve de mirar sin filtro "puede ser suficiente para producir un daño ocular irreversible".

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