Archivo - Equipo de investigación multiétnico que estudia mutaciones de ADN. Doctora en primer plano - JANIECBROS/ ISTOCK - Archivo
El paleogenetista del CSIC defiende que el ADN revela nuestro pasado, pero que nuestra identidad depende muchas otras cosas
MADRID, 7 Ago. (EDIZIONES) -
¿Somos nuestros genes? ¿Puede un test genético decirnos quiénes somos realmente? ¿Existe algo parecido a una identidad biológica o genética? El paleogenetista Carles Lalueza-Fox lleva décadas estudiando el ADN de nuestros ancestros y acaba de reunir muchas de estas reflexiones en Identidad (Crítica), un libro que cuestiona algunas de las grandes ideas preconcebidas sobre la naturaleza humana.
Entre sus principales conclusiones se encontrarían, por ejemplo, el que no existen las razas humanas desde un punto de vista biológico, sino que realmente todos compartimos antepasados comunes mucho más recientes de lo que imaginamos, al mismo tiempo que nuestros genes explican menos sobre quiénes somos de lo que solemos pensar. Porque, como defiende el investigador, "la genética puede ayudarnos a entender nuestro pasado, pero son nuestras decisiones y nuestras acciones las que terminan definiendo cuál es nuestra identidad".
Carles Lalueza-Fox es director del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona e investigador del Instituto de Biología Evolutiva (CSIC-UPF), además de uno de los científicos líderes europeos en paleogenética. Entre otras actividades destacadas en su currículo participó en el proyecto Genoma Neandertal, y dirigió la primera recuperación del ADN de un neandertal ibérico.
En una entrevista con Europa Press Salud Infosalus subraya este experto que ha dedicado gran parte de su carrera a estudiar el ADN de nuestros ancestros, que lo que hoy en día sí nos puede contar nuestro ADN es que "todos los seres humanos estamos más interconectados en un grado enorme" y miles de años atrás estaban nuestros antepasados esparcidos por todos los continentes.
"Conforme se analicen genomas de la Edad Media, por ejemplo, encontraremos antepasados directos nuestros con quienes compartiremos un pequeño fragmento cromosómico, pero discernible, y nos daremos cuenta de que nuestra ancestralidad, de unos 400-500 años atrás, está esparcida por el mundo. Esto, nuevamente, nos da una idea de una gran interconexión con la gente viva actual, pero también con quienes han vivido en el pasado. Nos va a conectar a todos los que estamos vivimos con los que están muertos", subraya.
TIENE QUE HABER CAMBIOS EN LA PERCEPCIÓN DE IDENTIDAD
Es por esto por lo que, entre otros puntos, Lalueza-Fox defiende que tiene que haber cambios en la percepción de identidad colectiva ante estos cambios sociales y culturales asociados a las migraciones actuales: "La identidad, al final, tiene varias dimensiones: una individual, que se puede formular con la pregunta de 'quién soy yo', 'cuál es mi papel en el mundo'; pero, después también, se dan dimensiones más amplias, colectivas, de manera que no tiene sentido que uno se formule su identidad individual si ésta no está incluida en un marco. Hay formulaciones del entorno familiar, por ejemplo, el núcleo de tu identidad colectiva, pero después abres el foco y tienes identidades más amplias, genealógicas, pero también la marca hasta tu pueblo, comunidad, o país. Todas estas identidades pueden o no tener una dimensión temporal que, a mi entender, se puede explorar desde la genética".
Por eso, explica en su último libro que la identidad es "mucho más compleja de lo que solemos creer", y ésta, al final dice que es el resultado de nuestros genes, pero también del lugar en el que nacemos, de la cultura en la que crecemos, y de las experiencias que vivimos.
¿TEST GENÉTICOS PARA NUESTRO RETRATO GENÉTICO?
Aquí es donde advierte sobre las compañías que ofrecen test genéticos para descubrir información sobre nuestros antepasados, donde te hacen tu retrato genético. "Hay personas que llegan a pensar que si entienden su herencia genética sabrán quiénes son realmente, una idea que yo no defiendo. (...)Es legítimo el que uno piense que su identidad está muy anclada en sus genes, pero al mismo tiempo es evidente que el entorno en el que nacemos, crecemos, y el entorno social y cultural tiene más importancia porque al final somos más lo que hacemos que no lo que somos", ahonda este experto.
Recuerda que en Estados Unidos, por ejemplo, una cuarta parte de su población, unos 50 millones de personas, ya se han hecho un test genético, "por lo que no es un divertimiento trivial de la élite, sino algo socialmente muy extendido, y que como fenómeno debemos estudiar", ya que cree que, próximamente, se extenderá su empleo en España. Eso sí, alerta de que no todas las compañías que ofrecen test genéticos son igual de fiables.
No obstante, Lalueza-Fox reconoce que él mismo hace unos años se hizo un test genético y vio que tenía unos 400 primos sextos o octavos, es decir, familiares muy lejanos que están distribuidos por el mundo. "Es una cosa interesante si la hacen bien porque son negocios privados donde la interpretación de los resultados puede ser debatible, y no sabes qué metodología han empleado. Hay compañías más serias que otras. Pero cuando le han dicho a alguien que es un 10% vikingo es una interpretación sesgada de los análisis que hayan hecho probablemente", afirma.
REALMENTE, ¿QUÉ COMPARTIMOS CON NUESTROS ANTEPASADOS?
En este punto, le preguntamos qué es lo que realmente compartimos con nuestros antepasados y si, por ejemplo, es correcta la idea de que recibimos un 25% de información genética de nuestros abuelos. Este experto nos aclara que esta cifra no es exactamente así, porque quizás de un abuelo recibes un 20%, mientras que de otro un 30%. "Esto es debido a que los cromosomas son dispares en longitud, y a que no se fragmentan por la mitad cuando se recombinan. Esto hace que fluctúe ese porcentaje y es fácil que de generaciones atrás de tus antepasados no hayas recibido nada; aunque luego sí sea un antepasado genealógico", subraya.
Esto significa, según prosigue, que el número de antepasados genéticos es menor que el de los genealógicos. Asimismo, remarca que igual, el hecho de que estos genealógicos llegaran sólo por ejemplo hasta tu padre, no significa que no hayan influido también en tu forma de ser, en la de sus descendientes, pero genéticamente es menos en lo que realmente contribuyen".
Así con todo, Lalueza-Fox considera que efectivamente está muy bien el que busquemos nuestras respuestas en nuestros genes, pero sostiene que lo que realmente nos define, la mayor contribución es lo que hacemos: "Nuestros genes no pueden servir de justificación para no hacer nada. Una cosa son nuestros genes, cómo somos, cómo hemos llegado aquí. Pero en nuestra situación con nuestros problemas de civilización, como la crisis climática, lo importante es lo que haces, la acción, el cómo ayudas a tu comunidad, a tu familia, etc", concluye este referente científico.