Archivo - Científicos trabajando en el laboratorio. - ISTOCK - Archivo
MADRID, 24 Feb. (EUROPA PRESS) -
Investigadores del Centro de Investigación del Cáncer (CSIC- Universidad de Salamanca-FICUS) y el Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca han demostrado que la proteína C3G tiene un doble papel en el linfoma de células B, suprimiendo el crecimiento tumoral, pero favoreciendo a la vez la metástasis.
La proteína C3G es como un "interruptor" que normalmente activa de forma controlada a Rap1, una molécula esencial para que las células se adhieran entre sí, crezcan o se muevan. En algunos pacientes con linfoma no Hodgkin, una mutación (Y554H) rompe el freno natural de C3G, dejándola siempre encendida.
En este estudio, cuyos resultados se han publicado en 'Cell Communication and Signaling', los investigadores han recreado esta mutación en células de linfoma usando el editor genético CRISPR para entender qué consecuencias tiene.
En el experimento, las células mutadas C3G-Y564H tenían Rap1 siempre encendido, tanto en reposo como al estimular el receptor BCR de las células B o la molécula CXCL12. Este exceso de Rap1 bloqueó la orden de crecer sin control al reducir c-Raf, haciendo que las células crecieran hasta un 50 por ciento menos en 72 horas.
Además, murieron más fácilmente bajo estrés, porque tenían menos Bcl-xL, una proteína que normalmente las protege de la muerte celular. La hiperactivación de Rap1 por la mutación C3G- Y564H redujo esta protección vital.
A su vez, la mutación bajó la actividad de Rac2, una proteína que ayuda a las células sanguíneas a adherirse a su entorno. Las células mutadas se adherían menos a proteínas del entorno celular y a capas de vasos sanguíneos, pero escapaban más fácilmente, hasta un 50 por ciento más, hacia otros lugares, guiadas por señales químicas. El análisis de genes mostró miles de cambios en mecanismos de movimiento y adhesión.
Tras ello, los investigadores emplearon modelos animales de ratón para simular la enfermedad humana y estudiar cómo las células cancerosas se diseminan por el cuerpo en condiciones fisiológicas reales. Para ello, introdujeron células tumorales con la mutación en ratones.
A los 21 días, los animales con la mutación habían desarrollado más focos metastásicos en hígado, pequeños, pero más numerosos, que los controles. Este experimento confirmó la mayor capacidad invasiva de las células mutadas C3G-Y564H. Los clones con menor expresión de C3G mostraron aún mayor diseminación.
"Estos resultados en modelos 'in vivo' validan el doble efecto de C3G: supresor del crecimiento primario a través de Rap1, pero promotor de metástasis por inhibición de Rac2 y menor adhesión celular", ha destacado la primera firmante de la publicación, Alba Morán-Vaquero.
Asimismo, la investigadora Carmen Guerrero, que ha codirigido el estudio junto a José María de Pereda, ha afirmado que "C3G podría predecir si el linfoma se extenderá y ser un objetivo para nuevos tratamientos que frenen el tumor sin favorecer las metástasis".