MADRID, 5 Abr. (EDIZIONES) -
Las cremas que prometen "reprogramar" tu piel y las dietas que aseguran activar genes saludables se han convertido en una tendencia en auge. Sin embargo, la evidencia científica es clara: estas afirmaciones simplifican y distorsionan el funcionamiento real de la epigenética.
Lejos de permitir cambios dirigidos sobre genes concretos, los expertos advierten de que cualquier modificación epigenética derivada del estilo de vida es global, compleja y, en muchos casos, difícilmente reversible específicamente hacia el foco que pretendemos. En un contexto donde la desinformación en salud se propaga más rápido que la evidencia, estas promesas no sólo resultan engañosas, sino que reflejan un problema mayor: la falta de alfabetización en materia científica y sanitaria y el auge de las pseudociencias; algo nada recomendable.
Así lo comentamos durante una entrevista con Europa Press Salud Infosalus con María Berdasco, doctora en Biología Molecular y directora del grupo de Terapias Epigenéticas en el Instituto de Investigación contra la Leucemia Josep Carreras de Barcelona, quien acaba de presentar 'Reescribirnos' (Espasa, Planeta), y donde precisamente trata estos asuntos.
Partimos de la idea de la epigenética que, tal y como define en el libro, se corresponde con esas decisiones voluntarias propias y ajenas del día a día que pueden favorecer nuestra salud, o por el contrario producir enfermedad. "No todo lo que somos y lo que guía nuestra salud está impuesto por el ADN", afirma esta experta.
EL PROCESO NATURAL DEL ENVEJECIMIENTO Y LA EPIGENÉTICA
Eso sí, remarca en nuestra conversación que la epigenética va cambiando de forma natural según envejecemos. "Se sabe que se van acumulando una serie de alteraciones epigenéticas a lo largo de la vida y que afectan a las distintas facetas de la marca del envejecimiento, como por ejemplo al acortamiento de los telómeros, así como la pérdida de regeneración de las células, entre otros", precisa.
Aquí recuerda por un lado que la epigenética se está usando como un marcador o un reloj biológico, de forma que ésta marcaría nuestra 'edad biológica', o cómo de envejecidas están nuestras células, muchas veces distinta de nuestra 'edad cronológica', que es la que aparece en nuestro DNI.
Menciona por ejemplo en el libro el caso de las personas con trastorno por abuso de alcohol, que se asocia con un aumento "promedio de casi un año y medio en la edad biológica epigenética, en comparación con la población sin el trastorno".
Dice, además, que en el caso de las personas fumadoras, y en el de las que beben alcohol en exceso, hay rutas epigenéticas que se ven afectadas de forma común en órganos vitales, y lo interesante dice que es que gran parte de estas rutas son las mismas que nos encontramos asociadas al envejecimiento; pero también sostiene que estas marcas epigenéticas que se asocian con las enfermedades y al envejecimiento son más persistentes. "La epigenética es flexible y moludable en cierta parte, tenemos el poder de eliminar o de añadir estos grupos químicos que condicionan la epigenética, y de forma natural nos permite adaptarnos al entorno en el que vivimos y cuidar nuestra salud", reconoce la doctora Berdasco.
¿PODEMOS REVERTIR, Y CÓMO, ESTAS ALTERACIONES EPIGENÉTICAS?
Siempre se habla, según prosigue, que cuando aparece una enfermedad asociada a cambios epigenéticos, que esos malos hábitos han representado el pistoletazo de salida a la misma. Eso sí, Berdasco advierte de que cuando el agente inductor dispara hacia al enfermedad, estas marcas epigenéticas son "más estables, más agresivas, y más difíciles de revertir".
¿Qué podemos para revertir esas alteraciones epigenéticas?, le preguntamos. Habla de un estilo de vida saludable al máximo posible. "Podemos revertir estas pequeñas predisposiciones a sufrir ciertas enfermedades y la forma de hacerlo es cuidando de nuestra salud", insiste.
Eso sí, alerta sobre la propaganda de ciertos productos como cremas epigenéticas capaces de mejorar la elasticidad de nuestra piel, o de dietas epigenéticas capaces de mejorar nuestra salud, hoy en día presentes en muchos anuncios y medios de comunicación, y que a su juicio representan "un gran engaño porque esa reversión no se puede hacer dirigida a unos determinados genes".
Así, afianza la idea de que cuando cambiamos estos hábitos de salud modificamos de forma general la salud epigenética, pero no un gen en concreto: "Por comer brócoli no va a aumentar sólo la expresión del gen X". Ni con alimentación, ni con fármacos, ni con estilos de vida. Esta reprogramación es global, no algo localizado.
Eso sí, precisa que en enfermedades como el cáncer, una forma de revertir los cambios epigenéticos es mediante el uso de fármacos epigenéticos, una práctica que se desarrolla en España desde 2008, con la aprobación de tratamientos para ciertos tumores de la sangre, de ciertas leucemias, unas terapias que inhiben o modifican las proteínas que alteran la epigenética, y que tratan de revertir esos estados aberrantes.
POR QUÉ NO HACEMOS NI CASO A LOS CONSEJOS DE SALUD
Lamentablamente, reconoce igualmente esta experta, que en muchos casos los estudios llevados a cabo en población adulta que ha recibido estimaciones personalizadas de alto riesgo de enfermar, basadas en sus antecedentes genéticos, junto con los consejos para reducir el riesgo de enfermedad mediante cambios de comportamiento, nos revelan que comunicar la información no promueve en la mayoría de los casos un comportamiento saludable para reducir el riesgo de desarrollar esa determinada patología, algo que achaca a la alfabetización en salud, a la educación en salud principalmente.
No hay una solución única a este respecto, según manifiesta, porque hay que preguntar a cada persona cuando tiene un diagnóstico de salud, y encima asociado a un hábito, porque decide una cosa u otra.
El problema dice es que a veces esta decisión voluntaria es así porque "no siempre se entiende" y habla de los consentimientos informados cuando nos sometemos a una operación, que te hacen firmarlo, pero no siempre sabemos sus implicaciones. Sin obviar, que a veces no resulta tan sencillo cambiar los hábitos, siendo un ejemplo el debatido acceso a los alimentos saludables con un precio superior a otros alimentos más perjudiciales para la salud. En nuestra salud, también intervienen las decisiones de políticas públicas.
Señala a su vez que el problema puede encontrarse en la falta de buena información y al problema actual que tenemos con la pseudociencia o 'fake news' que, por desgracia, se transmiten más rápido que las buenas noticias o informaciones verdaderas. "Es importante formar a las personas en salud, y darles las herramientas para que entiendan la información porque ésta es cuestión de todos", agrega.