Archivo - Ilustración 3D de demandar a vesícula biliar - PALMIHELP/ ISTOCK - Archivo
MADRID, 16 Sep. (EDIZIONES) -
Descubrir que se tienen piedras en la vesícula puede generar preocupación y hacer pensar inmediatamente en una operación. Sin embargo, tener cálculos biliares no significa necesariamente que haya que pasar por quirófano. De hecho, cuando aparecen de forma casual y no provocan síntomas, lo habitual es que no sea necesario operar.
Ahora bien, la situación sí cambia cuando producen un cólico biliar, es decir, si se acompañan de determinadas alteraciones, o bien provocan complicaciones como una colecistitis, una infección de la vía biliar, o una pancreatitis.
El doctor Ángel Cuadrado García, especialista en Cirugía General y del Aparato Digestivo y coordinador de la Unidad de Cirugía Hepatobiliopancreática del Hospital Universitario Infanta Sofía, explica a Europa Press Salud en una entrevista en exclusiva para Infoslaus.com, cuándo conviene vigilar las piedras, qué señales deben alertar, y en qué casos la cirugía es el tratamiento indicado.
Para entenderlo, cuenta que la vesícula es un órgano en forma de bolsita que cuelga por debajo del hígado, del tamaño de una pera pequeña, que no fabrica nada, si no que funciona como un almacén: "El que trabaja es el hígado, que produce la bilis, que viene a ser el detergente con el que deshacemos las grasas de la comida. La vesícula la guarda entre comidas y la concentra, y cuando usted come, se contrae y la suelta hacia el intestino. Las piedras aparecen porque la bilis guardada se satura. Lleva colesterol disuelto, y para mantenerlo disuelto hacen falta sales biliares, que son las que hacen de disolvente. Si hay demasiado colesterol para el disolvente disponible, el sobrante precipita".
Es más, ejemplifica que sería lo mismo que le ocurre al azúcar cuando se echan cuatro cucharadas en el café, que se queda en el fondo. "Primero se forma barro o fango, una especie de arenilla, y con los años esa arenilla se apelmaza y da piedras. A veces, es una sola. Otras veces son muchas, pequeñitas. Y las pequeñas, aunque parezca lo contrario, pueden dar más problemas que las grandes, porque se escapan más fácilmente", resalta el también profesor asociado de la Universidad Europea de Madrid.
SON MÁS FRECUENTES EN LAS MUJERES, SOBRE TODO A PARTIR DE 40
Reconoce que los cálculos son más frecuentes de lo que pensamos, y los desarrollan entre 10-15/100 adultos. Pero es que subraya que en el caso de las mujeres son más habituales todavía, ya que en éstas pesan los estrógenos, los embarazos, los anticonceptivos, y los tratamientos hormonales, y más también a partir de los 40, y "más cuantos más años cumplimos".
Luego dice que está el sobrepeso, la diabetes, y el colesterol alto como factores que los favorecen, al tiempo que subraya que algo que siempre sorprende al paciente es que el adelgazar muy deprisa también los favorece. "Las dietas drásticas y la cirugía de la obesidad producen piedras con mucha frecuencia, precisamente por eso", precisa Cuadrado García.
Pero es que, además, este experto del Hospital Universitario Infanta Sofía mantiene que hay familias enteras que padecen de colelitiasis: "Yo pregunto casi siempre en la consulta si a la madre le quitaron la vesícula, y muchas veces la respuesta es que sí, y a la abuela también".
NO SIEMPRE HAY QUE OPERAR LAS PIEDRAS
Con todo ello, asegura este experto que no siempre hay que operar las piedras, aunque sea frecuente encontrarlas en una ecografía en consulta por casualidad: "Lo que sabemos, por estudios que han seguido a otras personas durante muchos años, es que alrededor de ocho de cada diez, seguirán igual pasada una década sin enterarse. El riesgo de empezar con molestias es de un uno o un dos por ciento al año, y además va bajando con el tiempo. Dicho de otro modo, cuanto más tiempo lleva usted con sus piedras sin notarlas, menos probable es que le den la lata".
Así que asegura que si el paciente nunca ha tenido dolor y, en la ecografía, la vesícula y la vía biliar se ven normales, lo correcto es no operar y vigilar. "Vigilar no consiste en hacerse pruebas, consiste en saber qué es lo que tiene que mirar. Ni ecografías cada seis meses, ni dietas de por vida", insiste este especialista en Cirugía General y del Aparato Digestivo y coordinador de la Unidad de Cirugía Hepatobiliopancreática.
Dicho esto, recuerda que solamente hay un puñado de situaciones en las que sí conviene sentarse a hablar de quirófano, y aunque el paciente no note nada: "Si además de las piedras hay un pólipo de un centímetro o más, o uno más pequeño en alguien con factores de riesgo. O si los cálculos son muy grandes, de más de tres centímetros. O si la pared de la vesícula está calcificada, lo que llamamos 'vesícula en porcelana'. También en algunas raras anemias hereditarias. Además, hay un caso que no admite discusión: si una piedra se ha escapado al colédoco, que es el conducto biliar principal. Esa sí hay que sacarla aunque no duela. Ahí no se espera. Pero insisto en que son excepciones. La norma, con mucha diferencia, es no operar".
En este punto, indica que entre las señales de alarma que indicarían que una piedra en la vesícula requiere una valoración quirúrgica se encontraría el cólico biliar, diferente de un retortijón o de una indigestión, y un fenómeno que se caracteriza, tal y como apunta este experto, por un dolor que sube, que se instala, y que se queda y que es continuo, fuerte, debajo de las costillas del lado derecho, o en la boca del estómago, y que muchas veces se va hacia la espalda, o hacia el hombro derecho. "Dura más de media hora y puede tirarse varias horas. Suele venir de noche, o después de una comida pesada, abundante o grasienta. Se acompaña de náuseas, a veces de vómito, y de sudor frío. El paciente no encuentra postura: se levanta, se sienta, da vueltas por el pasillo", apostilla.
Por eso, según insiste, cuando hay un cólico de verdad, bien documentado y con piedras en la ecografía, ahí sí hay que operar. "De forma programada, sin agobios, pero sin dejarlo pasar. Porque la vesícula que ha dolido una vez suele volver a doler", incide el doctor Cuadrado.
Y de hecho, remarca que hay cuatro cosas que obligan a ir a urgencias sin pensarlo: que el dolor no ceda en cuatro o seis horas; la fiebre con tiritona; que los ojos o la piel se pongan amarillos, la orina más oscura como color del té o del coñac, acompañado de las heces muy claras; y vómitos que no le dejan a uno ni beber agua. "Eso ya no es un cólico simple", precisa.