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MADRID, 6 May. (EUROPA PRESS) -
Las tasas de depresión y ansiedad han aumentado en todo el mundo desde la pandemia de COVID-19, y como consecuencia, más personas buscan tratamiento para su salud mental. Sin embargo, existen pocos datos actualizados que describan cómo estas personas buscan y reciben atención.
Las personas que informan tener una peor salud mental también reportan una peor calidad de atención y una menor confianza en los sistemas de atención médica, según un estudio de la Universidad de Washington en St. Louis (Estados Unidos) publicado en la revista de acceso abierto 'PLOS Medicine'
Para comenzar a recopilar estos datos, Margaret E. Kruk, de la Universidad de Washington en St. Louis y sus colaboradores encuestaron a 32.419 adultos en 18 países de ingresos altos, bajos y medios. Más de 1.000 personas de cada país respondieron. Los participantes proporcionaron sus datos mediante la Encuesta de la Voz del Pueblo en 2022 y 2023.
En primer lugar, los participantes de la encuesta autoevaluaron su salud física y mental (esta última incluyendo las categorías "mala", "regular", "buena", "muy buena" y "excelente"). A continuación, cuantificaron su confianza general en el sistema de salud, su propio uso de los servicios de salud, la calidad típica de la atención recibida y su capacidad para gestionar su propia salud mental (una métrica denominada activación del paciente).
En todos los países, los encuestados que informaron tener mala salud mental tenían más probabilidades de reportar enfermedades crónicas, peor salud general, menor participación del paciente, peor calidad de atención y menor confianza en el sistema de salud. Entre el 0,9% (República Democrática Popular Lao) y el 52,4% (Reino Unido) de estos encuestados reportaron haber recibido atención de salud mental en el último año. Los encuestados en Nigeria reportaron la mejor salud mental general (4,7% de las personas reportaron la menor proporción de salud mental "mala" o "regular", mientras que los encuestados en China tuvieron la mayor proporción (39,6%).
Los investigadores esperan que estos resultados ayuden a los países y a los sistemas de salud a atender mejor las necesidades de las personas con problemas de salud mental. Si bien se trata de un estudio descriptivo, los investigadores plantean que la participación activa del paciente es un objetivo potencial para mejorar la salud y el bienestar general.
Los autores reconocen que los datos generales no describen las experiencias específicas de las personas dentro del sistema de salud. Por ello, sugieren comparar sistemas de salud similares y realizar un seguimiento del desempeño del sistema a lo largo del tiempo para mejorar continuamente los servicios de salud.
Los autores reflexionan: "Lo que destaca de este estudio es que la mala salud mental no existe de forma aislada. Las personas que informaron tener mala salud mental tenían casi el doble de probabilidades de padecer una enfermedad crónica y muchas menos probabilidades de sentirse capaces de gestionar su propia salud. Los sistemas de salud deben dejar de tratar la salud mental de forma aislada y reconocer que estos pacientes aparecen en todos los ámbitos de la atención sanitaria, y a menudo con necesidades más complejas".
Kruk añade: "Como consorcio de investigación que trabaja con sistemas de salud muy diferentes, esperábamos encontrar variaciones en el acceso al tratamiento, y así fue. Pero la brecha en la experiencia fue sorprendentemente constante: las personas con problemas de salud mental recibían peor atención, tenían más necesidades insatisfechas y desconfiaban menos del sistema, independientemente de dónde vivieran. Los sistemas de salud de todo el mundo necesitan replantearse cómo atender a este grupo cada vez mayor, y no solo si pueden llegar a ellos".