Archivo - Pareja paseando por la playa cogidos de la mano. - RIDOFRANZ/ISTOCK - Archivo
MADRID, 1 Feb. (EDIZIONES) -
No empezamos a envejecer cuando aparecen las arrugas, ni cuando el cuerpo empieza a fallar, sino mucho antes: alrededor de los 25 años, cuando termina nuestro desarrollo y comienza, silenciosamente, el proceso de envejecimiento biológico.
Desde ese momento, cada persona envejece a una velocidad distinta. La genética influye, sí, pero no lo determina todo. Los hábitos diarios —lo que comemos, cómo dormimos, cuánto nos movemos, cómo gestionamos el estrés, o con quién nos relacionamos— pesan mucho más de lo que imaginamos. La buena noticia, según la investigación actual, es que gran parte de esa velocidad de envejecimiento está en nuestras manos. Y lo que hagamos hoy marcará cómo viviremos los últimos años de nuestra vida.
Así nos lo explica en una entrevista con Europa Press Salud Infosalus, la experta en Gerociencia, y líder del grupo de investigación MiniAging en el Instituto de Investigación Sanitaria INCLIVA Consuelo Borrás Blasco.
“Hay diferentes teorías sobre la edad de inicio del envejecimiento, pero la más aceptada es que empezamos a hacerlo no tanto desde que nacemos, donde hay sobre todo procesos de desarrollo y de crecimiento, sino una vez pasamos la etapa en la que empezamos a ser adultos. Así, no empezamos a envejecer cuando notamos los síntomas, sino que realmente envejecemos cuando acabamos de desarrollarnos, cuando nos hacemos adultos; es decir, que alrededor de los 25 años ya empezamos a envejecer”, sostiene esta catedrática de Fisiología en la Universitat de València.
TAMBIÉN ENVEJECEMOS POR DENTRO
Pero es que, además, llama la atención sobre el hecho de que no sólo envejecemos por fuera, sino que también lo hacemos por dentro, de manera que poco a poco nuestra calidad de vida se siente mermada: “El envejecimiento es un proceso muy complejo, en el que se acumulan muchos cambios, y a los que nos vamos adaptando poco a poco. Pero con la edad somos menos capaces de adaptarnos y se van produciendo algunas alteraciones en nuestra calidad de vida, como por ejemplo el que no podamos resistir a tanto ejercicio físico, o el que nos cueste más ver de cerca, y cosas así que empezamos a notar conforme vamos ganando años”.
Con todo ello, le preguntamos a esta investigadora y referente en el estudio del envejecimiento por qué hay personas que envejecen más rápido que otras, de qué depende esto, destacando que la genética ocupa un lugar muy importante en todo este escenario, pero subrayando que lo que realmente pesa a la hora de envejecer mejor o peor es el ambiente que nos rodea, es decir, de cómo sea nuestro estilo de vida.
“Lo que más pesa en nuestra velocidad de envejecimiento son los hábitos de vida, la genética pesa, y si tienes ascendientes centenarios tienen más probabilidad de ello. Pero la buena noticia es que la velocidad está en nuestras manos y podemos hacer muchas cosas para intentar envejecer de forma saludable, y que en los últimos años de nuestra vida seamos independientes y con buena calidad, vivir bien hasta el final de nuestros días”, subraya Chelo Borrás.
TIPS PARA ENVEJECER DE FORMA SALUDABLE
Con todo esto, pedimos a esta experta en Gerociencia que nos aporte una serie de consejos para envejecer de una manera saludable en nuestro día a día, indicando que “lo primero que hay que hacer no es descargar nuestra batería”, y para eso hay que huir de los tóxicos como el tabaco y el alcohol; “el no cuidarse básicamente”, afirma.
Pero después, según prosigue, para “cargar nuestra batería” apunta por mantener una buena alimentación, basada en el patrón de dieta mediterránea, que incluye mucha fruta, verdura, legumbre, aceite de oliva virgen extra, y un tipo de dieta donde las carnes rojas están menos presentes.
“También cuenta mucho la actividad física, el movernos. Es muy importante porque hacer ejercicio físico conlleva alimentarnos bien, o descansar bien, que también importante. Gozar de una buena higiene del sueño, más que dormir muchas horas, es dormir suficiente y mantener rutinas de sueño, y acostarnos y levantarnos siempre a las mismas horas en la medida de lo posible”, resalta esta catedrática y experta en envejecimiento; además de que habla de saber afrontar el estrés, “que en nuestra vida actual es difícil de evitar”. Dice que es más el cómo sabemos afrontarlo, que no el tener más o menos.
LAS RELACIONES SOCIALES Y LA NATURALEZA TAMBIÉN CUENTAN
Asimismo, Consuelo Borrás resalta la importancia de las relaciones sociales en nuestro proceso de envejecimiento de manera que éstas “nos hacen trabajar la mente y nuestras emociones”, representan un “estímulo mental”, que puede repercutir de forma positiva en nuestra salud.
Eso sí, advierte de que hay que buscar relaciones personales positivas, y aquí subraya que también es muy beneficioso para las emociones y la salud mental el poder ayudar a los demás, el ser útiles para otra persona porque le estamos ayudando, “al final es algo que también nos ayuda a nosotros”, sostiene.
Igualmente, señala la importancia del contacto con la naturaleza, de “salir al campo a despejarnos y que nos dé el sol y el aire en algún momento es vital”, asevera porque nos ayuda a controlar el estrés, pero también para reforzar nuestros niveles de vitamina D.
¿LA INVESTIGACIÓN LOGRARÁ EL ELIXIR DE LA JUVENTUD?
Finalmente comentamos con esta reputada científica del ‘antiaging’ la “revolución” que se ha producido en las tres últimas décadas en cuanto a la investigación en envejecimiento: “La verdad es que estamos ahora mismo en un punto con mucha gente investigando el envejecimiento. Hace 25-30 años no interesaba mucho. También en estos últimos años se percibe una mayor conciencia y preocupación de la sociedad por envejecer bien”.
El futuro considera que es “esperanzador” en el sentido del desarrollo de fármacos para el envejecimiento, “es el futuro, y además es que se está investigando mucho y desarrollando nuevas estrategias con un potencial enorme”, si bien avisa de que “aún se necesita investigar más para poder aplicarlas porque no produce los efectos indeseables, y así tienen la posibilidad real de ayudar a la gente”.
Recalca que esto no debe sustituir a los hábitos saludables “porque sabemos que estos son los que lo marcan”, insistiendo en que los fármacos, los suplementos, pueden usarse como complemento para ayudarnos a envejecer mejor aún.