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MADRID, 17 Jun. (EUROPA PRESS) -
Las personas que conviven comparten más microbios orales e intestinales entre sí que con otras personas de su comunidad, según un estudio de la Universidad de Trento (Italia) que se publica en la revista 'Cell Press Blue' de Cell Press.
Según el trabajo, independientemente del tipo de relación entre los convivientes: hermanos, padres e hijos compartían una cantidad similar de cepas microbianas, y las parejas sentimentales compartían aún más microbios orales (pero no intestinales), probablemente debido a los besos. Los investigadores también hallaron una relación entre una mayor cantidad de microbios transmisibles y la salud, en particular la diabetes tipo 2. Estos hallazgos podrían contribuir al diseño de terapias más específicas para mejorar la microbiota intestinal.
"Las personas con las que decidimos compartir nuestro hogar pueden tener una enorme influencia en nuestros microbiomas, lo que tiene consecuencias potenciales para nuestra salud", reflexiona el primer autor y biólogo computacional Vitor Heidrich, de la Universidad de Trento.
Estudios previos han revelado cómo se forma el microbioma infantil, pero se sabe mucho menos sobre los factores que influyen en nuestro microbioma en etapas posteriores de la vida. Asimismo, se conoce relativamente poco sobre las interacciones y la transmisión entre microbiomas en diferentes partes del cuerpo de un mismo individuo como, por ejemplo, entre la cavidad oral y el tracto gastrointestinal.
"Sabemos que la dieta y otros factores del estilo de vida pueden modificar nuestro microbioma, pero estos factores actúan sobre los microbios que ya están presentes en nuestro organismo", subraya el autor principal y biólogo computacional Nicola Segata, de la Universidad de Trento. "Esto no resuelve la cuestión de dónde provienen los microbios".
EL EFECTO DE LOS BESOS: LAS PAREJAS COMPARTEN EL 44% DE LAS BACTERIAS ORALES
Para comprender cómo se transmiten los microbiomas entre individuos, los investigadores analizaron datos metagenómicos de los microbiomas orales e intestinales de 430 personas que vivían en 207 hogares de Italia y Fiyi. Identificaron cepas microbianas en cada individuo y luego compararon las cepas entre personas que convivían para determinar si se producía transmisión.
Descubrieron que las personas que convivían compartían significativamente más cepas microbianas orales e intestinales que las personas de la misma población que no vivían juntas.
En promedio, las personas que convivían compartían el 19% de sus cepas microbianas intestinales y el 26% de sus cepas microbianas orales, en comparación con el 6% y el 0%, respectivamente, de las personas que vivían en hogares diferentes. Las parejas sentimentales compartían un promedio del 44% de sus microbios orales entre sí, probablemente debido a los besos.
"Resultó sorprendente comprobar que el microbioma oral no es mucho más transmisible que el microbioma intestinal", plantea Segata.
HACIA UNA NUEVA GENERACIÓN DE TRASPLANTES DE MICROBIOTA FECAL
"Esto demuestra que la mayoría de nuestros microbios están prácticamente por todas partes y que el intercambio microbiano es muy elevado, pero nuestros microbiomas se configuran más en función de si nuestro organismo acepta o no la colonización de estas bacterias".
Al estimar la transmisibilidad de los diferentes microbios, los investigadores descubrieron que los microbios intestinales más transmisibles estaban asociados con biomarcadores de diabetes tipo 2 y mala salud cardiometabólica. En la cavidad oral, las especies más transmisibles incluían dos microbios asociados con el cáncer colorrectal y varios patógenos oportunistas (bacterias que suelen ser inofensivas, pero que pueden causar enfermedades graves en personas inmunodeprimidas).
"Es difícil especular sobre el motivo, pero podría ser un reflejo de su capacidad para resistir el estrés", expone Heidrich. "Las mismas características que les ayudan a sobrevivir al viaje entre humanos también podrían permitirles prosperar en las condiciones inflamatorias asociadas a las enfermedades".
Según los investigadores, estos hallazgos podrían ayudar a mejorar los tratamientos basados en el microbioma, incluidas las terapias con probióticos y los trasplantes de microbiota fecal.
"Comprender la transmisión natural del microbioma puede contribuir a desarrollar soluciones de transmisión artificial más específicas", destaca Heidrich.
"Si logramos identificar las características que hacen que algunos microbios sean más transmisibles que otros, y las limitaciones que dificultan la transmisión de los microbios beneficiosos, podremos aplicar ese conocimiento para que los trasplantes de microbiota fecal sean mucho más eficaces", concluye.