Archivo - Pérdida de olfato por COVID-19. - STEFANAMER/ISTOCK - Archivo
MADRID, 17 Jun. (EUROPA PRESS) -
Para millones de personas, la capacidad de oler un café matutino o saborear una comida casera es algo en lo que apenas piensan. Pero un nuevo estudio muestra que cuando esos sentidos desaparecen, la vida puede volverse rápidamente sombría, con pacientes que reportan niveles de sufrimiento comparables a algunas de las enfermedades crónicas más graves.
Los hallazgos desafían la creencia generalizada de que perder el olfato o el gusto es simplemente un inconveniente, y exponen lo que los expertos dicen que es una peligrosa subestimación de cuán debilitantes pueden ser estas afecciones.
La investigación de la Universidad de East Anglia (Reino Unido) revela que la pérdida del olfato puede afectar la calidad de vida tan gravemente como afecciones como la diabetes, el accidente cerebrovascular, el Parkinson y la insuficiencia renal. El trabajo se recoge 'Clinical Otolaryngology'.
MAYOR ANSIEDAD Y FALTA DE APETITO
En primer lugar, los investigadores revisaron años de evidencia médica en docenas de estudios que comparaban puntuaciones de calidad de vida en una amplia gama de enfermedades crónicas, incluidas la diabetes, el accidente cerebrovascular, la insuficiencia cardíaca, el asma, las afecciones cardiovasculares y respiratorias.
"Descubrimos que los trastornos del olfato y del gusto producen de forma constante un sufrimiento emocional, social y psicológico significativo, que a menudo rivaliza con afecciones que habitualmente se consideran trascendentales", subraya el investigador principal, el profesor Carl Philpott, de la Facultad de Medicina de Norwich de la UEA.
Los pacientes describieron la pérdida del placer en la comida, dificultades para socializar, una mayor ansiedad en torno a su seguridad personal (como la incapacidad de oler el humo o el gas) y una inquietante sensación de insensibilidad emocional. Quizás lo más alarmante fue el hecho de que se encontraron repetidamente altas tasas de depresión y aislamiento social entre las personas con pérdida del olfato y del gusto"
El estudio descubrió que, para muchos afectados, comer deja de ser uno de los placeres de la vida y se convierte en un acto puramente funcional. "El olfato representa la mayor parte de lo que la gente percibe como sabor", añade el profesor Philpott. "Así que, cuando se pierde, las comidas pueden resultar insípidas, metálicas o incluso repulsivas. Algunas personas pierden peso por falta de apetito, mientras que otras lo ganan al buscar sabores más fuertes o dulces".
La revisión destaca cómo esta pérdida sensorial afecta profundamente la vida cotidiana, interrumpiendo comidas familiares, celebraciones y rituales sociales que la mayoría de las personas dan por sentados. A pesar de estos profundos efectos, los trastornos del olfato y del gusto han sido históricamente relegados por los sistemas de salud, una situación que los autores describen como sumamente preocupante.
"El problema es que los médicos a menudo tranquilizan a los pacientes diciéndoles que el problema es leve o temporal, incluso cuando los síntomas persisten durante años. Existen pocos servicios especializados y el acceso al tratamiento sigue siendo limitad", concluye.